Historia

Historia de Riohacha, fundación y desarrollo de la ciudad portuaria de La Guajira

Daza Villa, Vladimir

01/03/2021 - 05:00

 

Historia de Riohacha, fundación y desarrollo de la ciudad portuaria de La Guajira

 

“Río de Hacha” fue uno los primeros centros urbanos fundados en el siglo XVI, exactamente en 1545 por los españoles que huían de la falta de agua de la ciudad de Nuestra Señora de los Remedios del Cabo de la Vela. Weildler Guerra y Eduardo Barrera han mostrado que el Cabo de la Vela fue en verdad un campamento perlero hispánico que metió a los indígenas wayúu a la lógica brutal de la economía-mundo de aquel entonces.

Desde sus inicios la función urbana de Nuestra Señora de los Remedios de Riohacha fue la de contener a los bravos indígenas wayúu y servir de albergue a los Señores de las Canoas quienes con mano de obra indígena y negra explotaban los bancos de perla. Desde entonces, existió la calle de las perlas donde los indígenas “peruleaban”, es decir comerciaban con las perlas.

El mencionado antropólogo ha insistido acerca del problema fundamental del crecimiento urbano de Riohacha como la falta de una base agrícola que alimentase a la población y de una población indígena que jamás fue sometida. Los intentos de fundar pueblos en el territorio étnico wayúu fueron un total fracaso en el siglo XVIII. En 1769, los indígenas wayúu se levantaron contra el poder colonial y quemaron la ciudad de Riohacha además destruyeron otros poblados que con grandes esfuerzos construyeron los padres capuchinos. Así pues, Riohacha representaba en la imaginación colonial la tierra de la nación guajira y el punto donde confluían los piratas ingleses y franceses para comerciar con los guajiros y contrabandear y subvertir el orden colonial. En cambio, la labor de los funcionarios borbones en las orillas del río Magdalena y en el territorio chimila gozó de cierto éxito durante el mismo período.

En el siglo XIX, muchas ciudades coloniales comienzan a decaer en función de los nuevos centros urbanos mestizos que se habían mantenido al margen del interés colonial. De esta manera comienza a perder importancia la blanca y esclavista ciudad de Popayán y surge Cali, “la pachanguera”, es decir la mestiza; comienza a decaer San Gil, Socorro a favor de Bucaramanga, el puerto negrero de Cartagena de Indias a favor del “Sitio de Libres”, Barranquilla. En el siglo XIX, Riohacha la cual se había reducido a capital de la provincia de Padilla, una de las tantas que componía el Estado Soberano del Magdalena se mantuvo como el cinturón sanitario que protegía el frágil orden colonial del Caribe (Santa Marta, Cartagena de Indias y el sometimiento de los chimilas), de la nación guajira. Para finales del siglo XIX, un documento describe que los “edificios en la ciudad (están) techados en paja”, dándole a ésta un “aspecto triste i primitivo” y unas pocas con tejas. Además, “no hai otros edificios públicos que el hermoso templo de la patrona”, la de la Virgen de los Remedios, la de la cárcel y un local donde funciona la escuela de niños y otro de niñas. La población era de 3.081 habitantes.

La relación de la vieja ciudad colonial con los wayúu no cambiaría en el siglo XIX. En el documento citado se afirma que en “las cercanías de la población todo es agreste i salvaje”, es decir, por un lado, Riohacha no había superado el plano urbano colonial y por el otro, la ciudad aún consideraba el río ranchería como la línea fronteriza entre la “ciudad-Fuerte” y el Territorio wayúu. Aún a comienzos del siglo XX, la dinámica de la ciudad dependía del comercio con los wayúu, de las pieles de chivo, y de los buzos guajiros de perlas y del dividivi. Lamentablemente, la historiografía colonial colombiana ha visto solamente el comercio de los wayúu con los mestizos como una forma de resistencia cultural pero no ha trabajado el papel de éstos en la creación de los circuitos comerciales y rutas comerciales locales y regionales.

Los comerciantes de la región más bien parecían mercaderes que marchaban de feria en feria, es decir, por las rancherías de los Wayúu haciendo trueque de cueros, perlas, sal y dividivi. El Diccionario Geográfico de La Guajira estimaba que en la península había 5.000 negociantes que tenían trato con los indígenas [1]. Según un testigo, “los goajiros en estos últimos años se han dedicado muy particularmente al comercio, reconociendo las ventajas… que de sus antiguas depredaciones y guerras”, traen en burros y caballos palo de brasil, dividivi a Riohacha.

En 1920, Álvarez Jiménez, Administrador de la Aduana de Riohacha escribió al Ministro de Hacienda sobre la realidad del comercio local: “el dividivi, la sal, las pieles y las perlas son los productos cuya explotación sustenta la vida de los indios goajiros y también la del comercio riohachero” [2]. En efecto, la economía regional estaba fundamentada en un activo intercambio con los Wayúu como había sucedido en el período colonial y republicano.

“Esta ciudad es importante por su comercio exterior, e interior con el Valle-Dupar” del cual se traía palo de brasil, maderas y se llevaba toda de artículos que entraba por el puerto de Riohacha. El puerto riohachero junto con el de Santa Marta eran los puertos más importantes del Estado Soberano del Magdalena y estaba habilitado para sostener el comercio exterior [3]. Por la aduana de Riohacha salían rumbo al exterior algodón, azúcar, cueros, cobre, café, hierro manufacturado, maderas preciosas, carey, cueros y dividivi. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX, se calculaba en 6 mil toneladas la exportación de palo de brasil. Aunque por este puerto se importaban productos tan finos y difíciles de comprar en Santa Fe de Bogotá como aceitunas, alcaparras, aceite de almendras [4], pianos, perfumería, rones del Caribe. También entraban productos industriales como bombas hidráulicas, balanzas de hierro, ejes para carro, máquinas de coser, papel de imprenta, etc.

Sin embargo, el poco fondo para el anclaje de barcos de gran calado obligaba a que los barcos de vapor arribasen por lo menos a ocho millas del puerto [5]. Incluso las naves de poco calado, como las de vela, debían arribar por lo menos a una milla de las costas riohacheras. Esto junto con el contrabando, debió limitar el movimiento comercial del puerto de Riohacha e impidió su transformación en un puerto competitivo como lo eran los otros puertos del Caribe. Además, los comerciantes no contaban con instituciones crediticias en la ciudad que les permitiese ampliar sus negocios. Esta falta de liquidez local les impedía traer directamente sus importaciones, porque se verían después en dificultades para pagar los derechos de importación [6].

La impronta de las limitaciones del puerto y el comercio local se revelaba en la imagen de Riohacha como un pueblo modesto donde “las casas con piso no pasan de una docena” [7], cubiertas con techo de paja y con ventanas sin vidrios, la misma aldea que conoció Henri Candelier a finales del siglo XIX. La falta de comunicación y los peligros de los pocos caminos amenazados por los bandidos wayúu estimulaba la relación de Riohacha con Curazao y Aruba. Los vínculos históricos de Riohacha con el Caribe insular le dieron cierto aire urbano a la sociedad riohachera. Por ejemplo, existían varios periódicos a principios del siglo XX como “La Frontera: política, comercio, literatura” dirigido por Pedro Lubo, “La Voz de Riohacha: comercio, industria, variedades” dirigido por Rafael Romero Barros. La vida política estaba animada por “El Ideal: periódico liberal y variedades”, “El Albor: periódico de literatura y variedades” cuyo director era Rafael Romero, la “Nueva Era: órgano del partido republicano” también dirigido por el inquieto Rafael Romero, y “La Bandera: política e intereses generales” cuyos directores fueron A. Díaz y Ramón Campo.

Los primeros ritmos musicales con verdadero sabor Caribe [8] y muchos matrimonios entre riohacheras y hombres de estas islas marcaron la vida local durante las primeras décadas del siglo XX. Las relaciones históricas y comerciales de Riohacha con Curazao para los siglos XIX y XX no han sido estudiadas.

La Aduana de la Goajira contaba en 1919 con 35 guardas distribuidos entre los Resguardos de Bahíahonda, Puerto Estrella, Laguna de Tucacas y Castilletes, armados con rifles con 18 años de uso, con pocas municiones en tanto que los contrabandistas habían armado a los Wayúu con armas modernas [10]. Los Resguardos en general eran incapaces para detener el contrabando en las fronteras del país [11]. Pero, en la Comisaría de la Goajira la situación era más grave. Tenía muy poco personal en relación con el resto de las aduanas del país y sin guardacostas, como escribía el Administrador de la Aduana, no se podía evitar “los compadrazgos y componendas” entre los empleados y las personas particulares.

El Caribe colombiano contó con ciertas experiencias exportadoras, Santa Marta contó con el café de la Sierra Nevada y el banano, la región de Valledupar con el algodón, pero, La Guajira no contó con productos de agroexportación. El desarrollo de la “ganadería” indígena era posible en la árida Goajira por los extensos pastos naturales que todavía a principios del siglo XX cubrían a las planicies de su territorio y por la tenacidad de los indígenas. Aún en las primeras décadas del siglo XX, hacia los lados de Carraipía había unas planicies [12] de hasta 150 Km2 cubiertas de pastos naturales a donde marchaban “numerosísimos rebaños” [13] de toda La Goajira. No era casual que en esta parte de la península el famoso cacique José María Dolores tuviese su ganadería14. También en la región de Cojoro existían planicies de pasto natural donde apacentaban grandes cantidades de ganados y se situaban queserías de indígenas y alijunas que exportaban sus productos a Maracaibo, vía Castilletes15. Sin embargo, esta no era una ganadería de exportación como tampoco lo fue la del Bolívar Grande.

El crecimiento de Riohacha fue lento, en 1918, cuando todavía formaba parte del departamento del Magdalena, tenía 10 mil habitantes, en 1928, el censo registra 9 mil 960 personas. La Comisaría de La Goajira, cuya capital era San Antonio, una aldea fundada por los misioneros capuchinos a la orilla del río Calancala, tenía 22.652 habitantes en 1918, pero en 1928, su población prácticamente desapareció, se redujo a 6,240 personas (el Comisario Especial de La Goajira , Mazenet, consideraba 18.500 a la población indígena “ausentes en las haciendas del Zulia”, Venezuela).

Según el censo citado, en 1964, de los 7 mil 85 edificios 16 que había en Riohacha, 6.975 eran viviendas, apenas 10 eran considerados de uso “industrial”, 23 para comercio y servicios y apenas 23 eran de uso de “actividades oficiales”. En la Cabecera, habían 2 mil 15, de las cuales 1.969 eran viviendas, 5 de uso “industrial”, 9 de comercio y 3 de “actividades oficiales”, es decir, públicas. De las 5 mil 37 viviendas que había en el “resto del municipio” de Riohacha, 3 mil 379 eran consideradas “ranchos o cabañas”. Según el censo de 1964, en toda la Intendencia había 23.777 edificios, de los cuales 18 mil 577 no tenían alumbrado eléctrico, 21 mil 84 no tenían baño, 17 mil 992 sin inodoro y 18 mil 992 sin agua, para la Cabecera de Riohacha las cifras eran iguales de espantosas; de las 1.799 viviendas, 652 eran viviendas “ocasionales”, 985 no tenían agua, 1.291 no tenían baño y 923 carecían del servicio eléctrico.

Es a partir de mediados de los años 70 del siglo XX cuando se empieza a notar cambios en el plano urbano colonial de Riohacha, con los primeros barrios como el Calancala. El censo de 1973, registra que el municipio de Riohacha creció en 39.508 habitantes, de los cuales 19.505 eran de la Cabecera. La presencia indígena era visible: de las 23.290 viviendas de La Guajira, 10.771 eran viviendas en “áreas indígenas”. Con relación al censo de 1964, la cantidad de personas que vivían en rancho, choza, cabaña se redujo a 1.054 personas. En términos de la modernización, poco había cambiado la ciudad y la región, así, de los 30 mil 719 “hogares particular e indígena”, 18.338 seguían sin acueducto, 5.998 hogares se surtían de un río o manantial, 6.112 de un pozo o aljibe, 2.455 de carros tanque y 833 del cielo, agua de lluvia, 28.261 no estaban conectados al alcantarillado y 20.880 sin alumbrado público.

 

Daza Villa, Vladimir

Vladimir Daza Villa, historiador y Magister en Historia, Universidad Nacional de Colombia. Profesor del Departamento de Historia y Geografía, Universidad de Caldas.

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ Historia de Riohacha, fundación y desarrollo de la ciudad portuaria de la Guajira ”, de Vladimir Daza Villa, corresponde a un extracto del ensayo académico “ La ciudad portuaria de Riohacha ” del mismo autor.

2 Comentarios


Lorena Laudith Tovar 15-03-2021 06:56 AM

Muy buen artículo, dónde se pueden leer más sobre la guajira?

Jeyson Omar 05-04-2021 10:51 PM

Hola, quisiera contactar con el sr Vladimir Daza Villa, estuve buscando en redes sociales y creo que no hace uso de ellas. Serian tan amable de regalarme un correo electrónico para poder conectarme con el?

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