Historia

Américo Vespucio, el navegante del cual toma su nombre el continente americano

Rafael Contreras de la Paz

09/03/2021 - 06:05

 

Américo Vespucio, el navegante del cual toma su nombre el continente americano
El navegante y negociante Américo Vespucio

 

Amerigo Vespucci (Américo Vespucio) nace en Florencia en 1454. Apenas se sabe nada de su infancia y juventud, pero sí que frecuentaba con su tío Giorgio Antonio, eclesiástico, la celebérrima casa de los Médicis, foco de cultura y protectores de ingenios.

De la ciudad del Amo, Américo marcha a París acompañando a la embajada de su tío Guido Antonio, donde entra en contacto con personajes de la Corte y con mercaderes florentinos. En 1482 vuelve de nuevo a Florencia y entra al servicio de Pier Francesco, conocido con el sobrenombre de El Popolano, rama de la familia de los Medicis. A primeros de marzo de 1482 se traslada a Sevilla. Allí entra en relación con el famoso Juanoto Berardi, el mercader florentino más importante de Sevilla, centro comercial al entonces de primer orden. Entretanto tiene lugar el primer viaje de Colón (1492) con el que Vespucio entra en contacto apenas firmadas las Capitulaciones de Santa Fe. En principio estas relaciones fueron puramente amistosas, lazos que perdurarían de por vida entre ambos, bien es cierto que Américo no sería fiel en todo momento a ellas como se verá más adelante. Estas relaciones se complementaron con negocios comunes formando sociedad en la que Vespucio aparece como factor de Colón, unión mercantil que permanece hasta 1496 en que al regresar Colón de su segundo viaje se da por terminada. Pero la amistad continuó entre ambos y sus familiares, incluso proyectaron conjuntamente un viaje al nuevo continente que no llegó a realizarse.

Pasan los años que son los de parte de los viajes de Vespucio a ultramar, para en 1504 hallarse de nuevo en Sevilla, ciudad que ya no abandonará, salvo pequeñas ausencias a ciudades españolas para entrevistarse con el Rey Católico. En una modesta casa de la Puerta del Carbón vive con su mujer, María, su cuñada Catalina, una hija de ésta, su sobrino Juan Vespucci, escribano público, dos criados y cuatro esclavos. En este tiempo la vida para él ha cambiado. Habían pasado sus tiempos de esplendor en Florencia y París y sus primeros sevillanos. La reina Isabel ha muerto y su amigo Colón ha caído en desgracia. Los viajes, plagados de aventuras, quedaban ya lejanos, y tuvo que dedicarse a los negocios y a dar clases particulares. En el transcurso de esta vida plácida le llegan dos buenas noticias procedentes del rey don Fernando, regente del reino por fallecimiento de Felipe. Una, es que, en agradecimiento de los servicios prestados a la Corona, se le concede carta de naturaleza que le confiere la cualidad de castellano. La segunda es la merced que le otorga el rey que le nombra Piloto Mayor de la Casa de la Contratación (1508), que entre sus muchas funciones estaba la enseñanza y adiestramiento de las nuevas generaciones de pilotos navegantes, convirtiéndose por tanto en funcionario real. Cuatro años después fallece. En su testamento ordena que se le entierre con hábito de franciscano en la iglesia de San Miguel, destruida por un incendio a primeros de este siglo, desapareciendo las lápidas sepulcrales y el archivo, por lo que no se conoce otra cosa que lo ordenado en su testamento.

Américo Vespucio fue un hombre culto, distinguido por sangre, cuna y educación, dado a la aventura como tantas personas de su época, pero en modo alguno genial, ni siquiera extraordinario como los compatriotas de sus épocas y posteriores y otros heraldos de su fama nos han querido hacer ver. Amó a España, singularmente a Sevilla, y no quiso volver a su patria natal, aquella fabulosa Florencia de su juventud, cuyo abuelo había sido pintado nada menos que por Leonardo, y su prima, la célebre Simonetta Vespucci, igualmente por su admirador Boticcelli y el no menos rendido a sus encantos Piero di Cósimo. Con todo, no dejó de ser una injusticia histórica, una ironía del destino, que el nuevo continente recibiera el nombre de América por Américo, cuya presencia en el mismo apenas representó una gota de agua o una partícula de arena en la inmensidad de los mares y tierras descubiertos

Los viajes de Vespucio al Nuevo Mundo

El primer viaje lo llevó a efecto bajo bandera española. Las naves zarparon de Cádiz el 18 de mayo de 1499. Como organizador del viaje figuraba Alonso de Ojeda, el intrépido capitán, y como piloto mayor el cartógrafo Juan de la Cosa. Y lo que es más singular: Vespucio iba en el barco como simple pasajero. Ojeda y La Cosa ya habían acompañado a Colón, el primero en su segundo viaje, el segundo en los dos primeros. Siguieron la ruta del tercer viaje de Colón que ambos conocían a la perfección. Tras veinticuatro días de viaje llegaron a las costas de Surinam, algo más al sur del lugar descubierto por Colón; pusieron rumbo al norte, pasaron por la desembocadura del Amazonas y llegaron hasta la península y golfo de Paria en la costa oriental de Venezuela, donde Ojeda comprobó que el almirante había dejado allí señales, dato que en sus cartas Vespucio malévolamente ocultó. Después de navegar hasta la bahía conocida actualmente como laguna de Maracaibo y llegar a La Española, vía Azores, Madeira y Canarias regresaron a Cádiz (1500). El segundo viaje, al servicio del rey portugués, lo llevó a efecto Vespucio de mayo de 1501 a finales de 1502, cuya expedición iba al mando del portugués Gonzalo Coehlo, que tenía por finalidad explorar las costas del Brasil, que poco antes la había efectuado Álvarez Cabral.

Y por último, realizó un tercer viaje (mayo 1503-junio 1504) que se corresponde con la carta «Novus Mundus» junto con el de 1501-1502. Llegados a las costas de Brasil bajaron a un lugar donde posteriormente se fundó Montevideo, y, siguiendo rumbo al sur, llegaron al estuario del río Paraná (Río de la Plata) y bajaron hasta la Patagonia, muy próximos al estrecho que años después descubriría Magallanes. De allí emprendieron regreso. Éste es el viaje, con el de 1501, que a Vespucio le dio fama a través de su correspondencia. Anteriormente a estos tres viajes, menciona un primer viaje (18 de mayo de 1497 a 15 de septiembre de 1498) en el que asegura haber tocado tierra firme, da unas medidas de longitud y latitud inexactas y adelantó la fecha un año con la intención de sustraer a Colón la primacía del descubrimiento del continente, como se verá más adelante.

 

Rafael Contreras de la Paz

Consejero del Instituto de Estudios Giennenses

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ Américo Vespucio, el navegante del cual toma su nombre el continente americano ”, de Rafael Contreras de la Paz, corresponde a un capítulo del ensayo académico “ El nombre de América, una ocurrencia sombría de la historia ” del mismo autor.

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