Historia

Historias de Aguachica: de su desarrollo, sus leyendas y grandes personajes

Diego Andrés Roselli

13/04/2021 - 05:05

 

Historias de Aguachica: de su desarrollo, sus leyendas y grandes personajes
La Parroquia de San Roque en Aguachica / Foto: EnColombia

 

Fueron tres personajes del mismo nombre: abuelo, padre e hijo. Antón García de Bonilla, el abuelo, llegó a estas tierras con sus reses, sus esclavos y sus bestias de carga. Al adquirir la encomienda que incluía los terrenos de lo que hoy es Aguachica, en 1616, marcó el destino ganadero de la región, así como su importancia para el comercio entre el río Magdalena y Ocaña, ciudad que, para entonces, llevaba 40 años de fundada.

Pero el Antón García de Bonilla que se hizo famoso fue el nieto, heredero de las tierras del abuelo, y propietario de la vieja casona que hoy se conserva a la entrada del centro histórico de Ocaña. Fue éste el que protagonizó una romántica historia de amor en la segunda mitad del siglo XVII, cuando se enamoró de María, hija ni más ni menos que del alférez real don Luis Téllez Blanco. Y de Ocaña se la llevó con gran pompa a vivir con él en su hacienda de San Roque de Aguachica.

Dice la historia que una de las entretenciones de la joven pareja era pasear por los recovecos de la vecina ciénaga de Patiño mientras que una pequeña orquesta, desde otra barcaza, los deleitaba con su música. No puede uno menos que evocar los orígenes de La música del agua, ese famoso tema que unos años más tarde estaría componiendo Georg Friedrich Handel para complacer los caprichos del rey Jorge I. El Rey desde una barcaza escuchaba a la orquesta, mientras ésta navegaba en otra, a lo largo del Támesis. Sea como fuere, en muchos mapas figura hoy no la ciénaga de Patiño, sino la de Doña María.

El nombre Aguachica, que tuvo la hacienda y ahora el municipio, probablemente se deriva de la presencia de varios nacederos en la zona, algunos de ellos incorporados hoy al gran parque urbano conocido como el Agüil, y no -como asegura la tradición del pueblo- de un día en el que don Antón llegó sediento a su casa después de una larga cabalgata y se dirigió a una criada diciendo: "tráeme agua, chica". Los frecuentes racionamientos del servicio de acueducto de los tiempos recientes pueden haber colaborado para mantener viva esta versión apócrifa.

En los siglos XVI y XVII, la hacienda de San Roque de Aguachica fue el punto de partida para el poblamiento de toda la región. Pero hay que reconocer que la historia del poblado mismo se inicia antes de la llegada del primer García.

Algunos estudios arqueológicos en los límites del área urbana de la actual población encontraron restos humanos de hace 3.200 años. Se hallaron también semillas de algodón, alfarería, así como caparazones de tortugas morrocoy, animales que aún hoy constituyen un plato típico de la región (de hecho, un apelativo algo despectivo para los habitantes de Aguachica es "morrocoyeros").

Pero 1748 fue la fecha más aceptada para la designación de Aguachica como parroquia. De esa época sobrevivió hasta el siglo XIX una cruz de plata, hoy desaparecida, que decía: "Se acabó esta cruz de Aguachica hoy 14 de junio de 1753". Se menciona también un documento fechado en 1766 que habla de la visita de don Francisco de Caviedes y Godoy, juez de tierras de Ocaña y 'capitán de asaltos y emboscadas' en donde dice que se hizo la mesura de la población "con la venia del licenciado presbítero Martín Dionisio de la Peña y los alcaldes de la santa hermandad".

Quizás fue una epidemia, o más probablemente la búsqueda de una mayor cercanía al camino real, lo que llevó luego al traslado de la ciudad al sitio actual, en fecha que debaten los historiadores, pero que pudo ser hacia el año 1800. La hipótesis de la epidemia, sin mucho sustento histórico, es atractiva dado que San Roque -el patrono de Aguachica- es justamente el santo de las pestes. Incluyendo -claro está- la de los pollos.

Para finales del siglo XIX no había sido mucho el crecimiento de Aguachica: su población era apenas de 701 personas. Las enfermedades del trópico y las difíciles vías de comunicación, unidas a las inundaciones del río Magdalena entorpecían su desarrollo. Ya a finales de ese siglo la región se benefició de la bonanza del tabaco, producto que, según Agustín Codazzi, no tenía nada que envidiarle al de Ambalema. Pero el momento culminante de la historia de Aguachica llegaría en la primera mitad del siglo XX.

Entre 1925 y 1929 se construyó el cable aéreo para el transporte de carga y pasajeros que iba desde Gamarra, en el Magdalena, hasta Ocaña, con una estación en Aguachica. Se trataba de una ambiciosa obra que en su plan original se proponía llegar hasta el lago de Maracaibo. En 1944, con la construcción de la carretera, las instalaciones de este cable se vendieron como chatarra, marcándole así un destino similar al de aquél que iba de Manizales a Mariquita. Solo quedaron de recuerdo los pesados cimientos de concreto de sus torres.

Para Aguachica, los siglos han pasado, pero una leyenda se mantiene viva: en las noches más oscuras deambula en la penumbra el fantasma de don Antón García de Bonilla, con su traje de otros tiempos, condenado a salir en su caballo negro -dice la tradición- por incumplir una promesa a Santa Rita, por avaro, por mujeriego, o quizás por maltratar a sus esclavos. Cierro este escrito con dos fragmentos poéticos, el primero del presbítero Alfredo Sánchez Fajardo y el segundo del poeta ocañero Marco Carvajalino, que aluden a este hecho: La remota tradición de Aparecidos / de aquel noble don Antón / que aún arrastra sus espuelas bulliciosas / por las calles silenciosas.

Refinado y fastuoso caballero, / tuvo tierras y esclavos a porfía, / como en el corazón rico venero / de largueza sin par y de hidalguía; / y aunque amante nocturno y callejero, / sólo tuvo un amor: ¡doña María! Antón llegó sediento a su casa después de una larga cabalgata y se dirigió a una criada diciendo: "tráeme agua, chica". Los frecuentes racionamientos del servicio de acueducto de los tiempos recientes pueden haber colaborado para mantener viva esta versión apócrifa.

 

Diego Andrés Roselli

Acerca de esta publicación: el artículo “ Historias de Aguachica: de su desarrollo, sus leyendas y grandes personajes ” de Diego Andrés Roselli, fue publicado anteriormente en el periódico El Tiempo bajo el título: “Don Antón, el caballero de Aguachica”.

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