Historia

El fraude electoral de Misael Pastrana Borrero

Eddie José Dániels García

07/07/2021 - 04:40

 

El fraude electoral de Misael Pastrana Borrero
El presidente Misael Pastrana Borrero / Foto: archivos El Tiempo

 

El presidente Misael Pastrana Borrero se fue a la tumba, el 21 de agosto de 1997, cargando en sus espaldas el desprestigio de haber llegado a la presidencia de la república mediante un comprobado fraude electoral, el cual ha sido hasta el sol de hoy “el chocorazo” más grande que se ha cometido en Colombia en los últimos cincuenta años. El episodio sucedió en las elecciones presidenciales realizadas el domingo19 de abril de 1970, en las cuales debía elegirse el último presidente del acuerdo bipartidista llamado Frente Nacional, que se había iniciado en 1958 y debía culminar en 1974. El pacto estipulaba que durante dieciséis años se alternarían los cuatro periodos presidenciales: dos liberales y dos conservadores. Comenzaría con un liberal y terminaría con un conservador. Este acuerdo, conocido también como “El pacto de Sitges”, por haberse firmado en esta población española, cerca de Barcelona, donde vivía asilado el doctor Laureano Gómez Castro desde 1953, a raíz del golpe propiciado por el general Gustavo Rojas Pinilla, y hasta allá había viajado el doctor Alberto Lleras Camargo, jefe del liberalismo, para discutir y concertar el convenio, después de la caída del militar golpista en mayo de 1957.

El Frente Nacional, llamado jocosamente el “pacto laurollerista”, fue firmado por los dos jefes políticos el 15 de julio de 1957, y fue respaldado en una reforma constitucional que aprobó el pueblo colombiano en un plebiscito que se realizó el 1 de diciembre del mismo año, en el cual las mujeres ejercieron por primera vez el voto. Se aprobó también “la paridad en los cargos públicos entre liberales y conservadores, y la exclusión de cualquier otra colectividad política en la administración pública”. La consulta alcanzó cuatro millones de sufragios a favor y trescientos mil en contra. Una altísima cifra aprobatoria que llenó de entusiasmo a los jefes naturales de ambos partidos y les dio la autonomía para escoger a su gusto el nombre de los aspirantes. Aunque inicialmente se había pensado que el convenio fuera por 12 años, luego cambiaron las reglas de juego y se acordó llevarlo a dieciséis para que ambos partidos estuvieran en igualdad de condiciones. Se estipuló, asimismo, que los candidatos escogidos en los cuatro períodos, llevarían el calificativo de “candidato oficial del Frente Nacional”, y serían elegidos por el partido contrario en convenciones nacionales, donde participarían delegados de todo el país.

Sin embargo, como era de esperarse, desde su nacimiento el Frente Nacional tuvo grandes opositores que no estuvieron de acuerdo con la alternación partidista y entraron en disidencia en los cuatro periodos establecidos, pertenecieran o no al partido de turno. También, era lógico que en las convenciones que se realizaban para la escogencia del candidato, surgieran personajes que se encontraban haciendo turno en el abanico de presidenciables, quienes venían expresando a voz en cuello sus aspiraciones. Pero, muy pronto quedó al descubierto que estas convenciones no eran más que simples formulismos de prensa, que se realizaban para darles a estos eventos un carácter democrático, por cuanto los personajes, que eran “santificados con la escogencia”, tenían con antelación el “guiño de los jefes políticos”. Y, por supuesto, el día de las votaciones, un gran porcentaje del pueblo, generalmente inocentón y con los ojos vendados, concurría a las urnas para sufragar por el “candidato oficial del FN”. En esa época, aún se respiraba un sano ambiente electoral, no existía el clientelismo politiquero, no había nacido la compra de votos y se utilizaba la tinta indeleble como señal inequívoca de haber ejercido el sufragio.      

En este sentido, el Frente Nacional, constituido en partido político por la reforma constitucional de 1957, fue un aliciente que sirvió para superar el odio bipartidista, identificado con los colores rojo y azul, desde el nacimiento de ambas colectividades a mediados del siglo XVIII. Y en las entrañas del siglo XX, la llamada violencia política, generada por el feroz enfrentamiento entre liberales y conservadores, prácticamente, desde 1930 con el triunfo del liberalismo, y recrudecida en 1946 con la reconquista del Partido Conservador, se vio neutralizada con la creación del Frente Nacional, pues se recobró la normalidad institucional, se estabilizó la administración pública y se logró una paz relativa, que perduró   algunos años en todo el territorio patrio. Se apaciguaron los odios personales y las rencillas políticas, se olvidaron los rencores y se revivieron las tertulias compartidas entre los protagonistas de ambos partidos. Y el pueblo, satisfecho con el convenio nacional, volvió a utilizar los colores rojo y azul de manera indistinta y con mucha confianza. Fue un periodo pacífico, en que los liberales y conservadores “dejaron de mostrarse los dientes”, como afirmó nuestro recordado escritor cataqueño en sus memorias “Vivir para contarla”.

Definidas las reglas de juego del convenio bipartidista, se trataba ahora de escoger el turno del partido para elegir al primer aspirante. Entonces, en el Palacio de San Carlos se reunieron con los miembros de la Junta Militar, que dirigía al país desde la salida del general Rojas Pinilla, los expresidentes Alfonso López Pumarejo, Laureano Gómez Castro, Alberto Lleras Camargo y Mariano Ospina Pérez. El expresidente Eduardo Santos brilló por su ausencia, pues llevaba varios meses radicado en Paris. Inicialmente, se pensó que la alternación fuera: conservador, liberal, conservador, liberal. Es decir, comenzar con un conservador y terminar con un liberal. Pero, rápida y habilidosamente, el jefe conservador cambió la alternación, y propuso comenzar con un liberal para culminar con un conservador. El cambio fue aceptado sin ninguna objeción. Con ello el doctor Laureano Gómez buscaba que al finalizar el convenio en 1974, el conservatismo tendría las puertas abiertas y la maquinaria política a su disposición para continuar en el poder. Sin embargo, le falló su apreciación, porque al culminar el último cuatrienio del Frente Nacional, los liberales ganaron la presidencia. Situación que no pudo ver el jefe conservador, quien murió en Bogotá el 13 de julio de 1965, a los siete años de haberse iniciado el convenio.

En las elecciones parlamentarias que se realizaron el domingo 2 de marzo de 1958, el liberalismo vota unido y obtiene el 55% de las curules del Congreso. Los conservadores, divididos en laureanistas, ospinistas y alzatistas, seguidores de Gilberto Alzate Avendaño, son derrotados por el doctor Laureano Gómez, quien obtiene el 25 % de las votaciones, e ipso facto se convierte en el árbitro para determinar el candidato liberal a la presidencia, que, según el acuerdo de Sitges, tenía que ser escogido por el Partido Conservador. En la convención conservadora que se realizó el 14 de abril, el jefe conservador propone la candidatura del expresidente Alberto Lleras Camargo, la cual es acogida y aplaudida por la gran mayoría de los asistentes e inmediatamente es aceptada por el jefe liberal. Una coalición formada por ospinistas y alzatistas, conocida como “ospinoalzatista”, propone la candidatura disidente de Jorge Leyva Urdaneta, quien es ampliamente derrotado por el candidato del Frente Nacional, en las elecciones que se realizaron el domingo 18 de mayo de 1958. De esta manera, llegaba feliz triunfante, al Palacio de San Carlos, Alberto Lleras Camargo, como primer presidente del partido Frente Nacional.

Siguiendo los principios del acuerdo “laurollerista”, el 21 de febrero de 1962 se reunió la convención liberal para escoger el segundo candidato oficial del Frente Nacional. De una lista de cinco aspirantes conservadores, entre quienes figuraban Belisario Betancur Cuartas, Misael Pastrana Borrero y Álvaro Gómez Hurtado, fue escogido el político payanés Guillermo León Valencia Muñoz, perteneciente a la bancada ospinista, cuyo nombre es aceptado por el pleno de la convención. La línea laureanista declara estar en desacuerdo con la candidatura de Valencia y afirma que hará oposición al gobierno. Ellos aspiraban que los liberales escogieran a un candidato de corazón laureanista. En este momento, ya no existe la fuerza alzatista, puesto que su jefe máximo, Gilberto Alzate Avendaño, había fallecido el 26 de noviembre de 1960, frisando apenas 50 años de edad. Y, así como sucedió cuatro años antes, nuevamente, surgieron las candidaturas disidentes de Jorge Leyva Urdaneta, por el laureanismo, Alfonso López Michelsen, por el MRL, y Gustavo Rojas Pinilla, quien, estando privado de sus derechos políticos, se arriesga a realizar su campaña proselitista. Todos los aspirantes fueron derrotados por Guillermo León Valencia en las elecciones del domingo 6 de mayo de 1962.

La candidatura de Carlos Lleras Restrepo para ocupar la presidencia de Colombia se venía cocinando en el mosaico político hacía más de veinte años. Desde 1945, cuando apenas contaba 37 años de edad y su nombre surgió como una posible tercería para unir al liberalismo, dividido entre Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay Abunader, “el chiquito Lleras”, como era llamado burlonamente, comenzó a tallar la senda para alcanzar la jefatura del Estado. Era un excelente orador y había sido un consentido de los gobiernos de López Pumarejo y Eduardo Santos, donde se había paseado por varios ministerios. Por esta razón, cuando se reunió la convención conservadora, en enero de 1966, para escoger el tercer candidato oficial del Frente Nacional, el nombre de Carlos Lleras Restrepo fue aclamado por la bancada ospinista y, también, por la línea laureanista, dirigida ahora por Álvaro Gómez Hurtado, ante la ausencia de su padre, fallecido el año anterior. A comienzos de abril, la Alianza Nacional Popular, Anapo, principal partido de oposición del FN, lanza la candidatura del abogado liberal José Jaramillo Giraldo, quien es derrotado por el candidato del Frente Nacional en las votaciones del domingo 1 mayo de 1966.

Para cerrar el pacto “laurollerista”, le correspondía al liberalismo escoger el candidato conservador que ocuparía el último cuatrienio del Frente Nacional. En la convención liberal que se realizó el 5 de diciembre de 1969, se presentan los precandidatos Misael Pastrana Borrero, apoyado por el expresidente Mariano Ospina Pérez, se rumora que era su padrino de bautismo, y Belisario Betancur Cuartas, respaldado por el expresidente Guillermo León Valencia y la bancada laureanista, en cabeza de Álvaro Gómez Hurtado. La convención escoge como candidato oficial del FN a Misael Pastrana Borrero. Ese mismo día, el precandidato derrotado, Belisario Betancur Cuartas, declara que de todas maneras se presentará en las elecciones del 19 de abril, en oposición a Pastrana Borrero. Afianza su candidatura en una coalición de liberales y conservadores disidentes. A comienzos de febrero, el general Gustavo Rojas Pinilla, quien ya había recobrado sus derechos políticos, proclama su candidatura a nombre de la Anapo e inicia un recorrido por las principales ciudades del país. Y a los pocos días, el político sabanalarguero Evaristo Sourdis Julio, también postula su candidatura a nombre del conservatismo independiente.

Como podemos apreciar, con este abanico de cuatro candidatos, le tocaba al presidente Carlos Lleras Restrepo decidir la feliz culminación del Frente Nacional. Según su parecer, desde ningún punto de vista, podía entregarle el poder a un candidato que no fuera oficial del convenio bipartidista y mucho menos al general Rojas Pinilla, quien, según todos los comentarios, fue el verdadero ganador de las votaciones. Esto significa que el fraude electoral cometido en las elecciones del 19 de abril de 1970, no fue fraguado por el candidato del Frente Nacional sino por el presidente de la república, en consonancia con Carlos Augusto Noriega, su ministro de Gobierno, quien años más tarde publicó un libro titulado “El fraude de Pastrana”, donde aclara que todo fue armado para favorecer al candidato del Frente Nacional. El país recuerda que el día de las elecciones, al conocer la escasa diferencia de votos, entre Pastrana y Rojas Pinilla, las huestes anapistas originan violentos disturbios y motines en todo el país, reclamando el triunfo de su candidato. Y también se recuerda, que el presidente Lleras impone el toque de queda y por televisión anuncia, mirando su reloj: “El ciudadano que se encuentre en la calle a partir de las ocho de la noche, correrá con las consecuencias y será juzgado en consejo de guerra”.

Misael Pastrana Borrero asumió la presidencia de la república el 7 de agosto de 1970 y, con su mandato, se ponía punto final al Frente Nacional. Desde su campaña diseñó su gobierno con el lema: “Frente Social, objetivo el pueblo”. Había nacido en Neiva el 14 de noviembre de 1923. Cursó el bachillerato en el Colegio de San Bartolomé y se graduó de abogado en la Universidad Javeriana. Desde su misma época de estudiante, comenzó sus inquietudes políticas, al lado de otro grupo de figuras del claustro universitario, entre quienes descollaban Álvaro Gómez Hurtado, Jorge Leyva Urdaneta y Lucio Pabón Núñez. Apenas se recibió de abogado fue nombrado juez en Neiva, cargo que abandonó para apoyar la candidatura de Mariano Ospina Pérez en 1946, quien lo apadrinó durante toda su trayectoria política. A raíz de su precaria victoria electoral frente al general Rojas Pinilla, su administración soportó una época de mucha inestabilidad, zozobra y constantes perturbaciones sociales y políticas, agravadas con la agudización del descontento, y las actividades subversivas. Sin embargo, supo sortear su cuatrienio y mantenerse en el poder. Por la costumbre que estilaba de reírse en todo momento, apenas inició su mandato, fue llamado por el sentimiento picaresco: “El presidente sonrisa”.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

1 Comentarios


Roy Sierra Bustamante 07-07-2021 12:05 PM

Cronica de esencia historica politica de uno de los episodios entre tantos de la politica colombiana. Situandose en los tiempos del Frente Nacional momentos de polemica y rigor de autoridad he aqui un escrito enmarcado en la realidad de un hecho electoral El Fraude en politica de Misael Pastrana Borrero.... La cronica relato y pinta un fiel retrato de esos episodios incomodos de la realidad en la politica colombiano. En ella vemos la coherencia de coneccion entre un hecho y otro , entre la relacion del contexto y su entorno vislumbra que lo narrado...es de veraz conocimiento de nuestra historia politica.

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