Historia

La explotación de las perlas del Río de La hacha, en la Guajira entre 1570 y 1615

María Cristina Navarrete

11/03/2022 - 05:10

 

La explotación de las perlas del Río de La hacha, en la Guajira entre 1570 y 1615
El primer poblado español se estableció en el cabo de la vela / Foto: mapio

 

El origen de las pesquerías de perlas de la Guajira colombiana se remonta a la isla de Cubagua, en el archipiélago margariteño, al oriente de Venezuela, donde se inició la extracción de perlas con base en la esclavitud indígena procedente de diferentes islas y de Tierra Firme. Cuando esta actividad se agotó en la zona se produjo el traslado a territorio guajiro.

A comienzos de 1538, los empresarios de la isla de Cubagua iniciaron la búsqueda de ostiales en las costas del Cabo de la Vela, ante la extinción de sus bancos de perlas. El primer poblado español se estableció en el cabo y fue nombrado Ranchería de las Perlas de Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Cabo de la Vela. Este nombre perduró hasta 1580. La nueva población se convirtió en asiento de extracción de perlas y de la administración. Los empresarios de las perlas o señores de canoa previendo el agotamiento de los primeros ostiales se fueron desplazando por la costa buscando nuevos yacimientos. Asimismo, las condiciones del asentamiento no eran favorables para la explotación recién constituida. Sufría de un grave problema: el abastecimiento de agua potable. Ante estos inconvenientes, decidieron radicarse en la desembocadura del río de la Hacha y fundaron una ciudad a la que llamaron Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Río de la Hacha y su Granjería de Perlas, en 1545.

La ranchería de Nuestra Señora de los Remedios del Cabo de la Vela tenía la apariencia de un caserío formado por ranchos de variados tamaños. Los ranchos grandes eran aprovechados como cárceles donde dormían los buzos indios. En otros, se guardaban las perlas y el agua y a la vez servían de residencia a los mayordomos y canoeros. Algunos ranchos y enramadas se empleaban como vivienda individual de indios con ciertos privilegios, y otros se aprovechaban como cocina. La ranchería estaba cercada con palos y tablas para aislarla y protegerla, a manera de enclave, en medio del territorio indígena. En general, se trataba de un establecimiento provisional.

Durante esta primera etapa de existencia de las pesquerías de perlas en territorio guajiro que se prolongó hasta la década de 1570, la mano de obra empleada para la extracción de las ostras en las profundidades marinas fue eminentemente indígena. Si bien, en algunas ocasiones, había esclavos negros que hacían las veces de guardianes, capitanes de canoa y de buceadores, generalmente se les empleaba en tareas de labranza, sementeras, obras públicas, cría de ganado, y acarreo de agua y leña para la preparación de los alimentos del personal de las haciendas de perlas. Algunos esclavos negros ejercieron como mayordomos y dirigieron incursiones por el Valle de Upar y las estribaciones de la Sierra Nevada para perseguir esclavos indios y habilitarlos como buceadores de perlas. También, servían como arrieros trayendo agua para las necesidades de abastecimiento.

Los primeros esclavos africanos de los asentamientos pesqueros de la península procedían de Cubagua y Margarita; llegaron junto con los pobladores en 1538. Algunos fueron adquiridos a corsarios franceses que arribaron a Nuestra Señora de los Remedios de Río de la Hacha y otros más fueron importados de Sevilla a través de las casas comerciales de los señores de canoas establecidas en esa ciudad. En esta primera etapa, los señores de canoas utilizaron para la pesca fuerza de trabajo indígena. Según se creía, el medio natural de indígena era el agua, por ello era mejor ponerlos a trabajar en este ambiente.

Según Eduardo Barrera, hasta 1570 aproximadamente, los señores de canoas consideraban que los indios eran más productivos que los esclavos de origen africano, por tener mayor experiencia en los asuntos de mar.

Desde los inicios de la explotación perlífera, la crisis de mano de obra fue permanente y después de 1540 se agudizó. Aún más, desde la ciudad de Río de la Hacha se comenzaron a incrementar las incursiones a territorios del interior con el fin de conseguir indígenas locales para la explotación. Algunas de estas incursiones fueron dirigidas por esclavos negros de los señores de canoas. Es el caso de una india llamada Inés, quien fue capturada en el Valle de Upar, por Simonete, un esclavo negro de propiedad del mariscal Castellanos, y llevada a una estancia de su amo.

Las Leyes de Indias promulgadas en 1542, intentaron mejorar las condiciones de los indios. Aunque marcaron un hito en la situación de la encomienda y la esclavitud indígena, se presentaron reacciones en su contra y sus resultados no fueron inmediatos. En 1546, se expidió una Real Provisión dirigida a Juan Pérez de Tolosa, juez de residencia de Venezuela y Cabo de la Vela, para que marchara a las pesquerías de perlas e hiciera cumplir las normas de protección a indios y negros, contenido en las Leyes de Indias. Se le comunicaba que en las Leyes de Indias había un capítulo referente a la conservación de los naturales, indios y negros, que trabajaban en las pesquerías de perlas y que el obispo de Santa Marta a quien se le había encargado ese cometido no había cumplido la ley en su totalidad.

Durante la segunda etapa de la explotación perlífera, ante la disminución y prohibición de la utilización de indios para esta labor, se incrementó la utilización de esclavos negros como buzos. Al respecto, el historiador Eduardo Barrera señala: “Su presencia fue débil hasta 1550 aproximadamente, pero con la extinción de la población aborigen se inició una introducción masiva de negros. Al principio se consideró que no tenían la destreza necesaria para el buceo, por lo que fueron utilizados más bien en las labores de la ranchería. Después fueron vinculados a las tareas de la pesca como canoeros, y en 1570 muchos negros ya eran utilizados como buzos, siendo su número importante para entonces”.

La situación que vivían las granjerías y la cantidad de muertes de indígenas, suscitaron la realización de cuatro visitas por parte de las autoridades reales, en un lapso de treinta años. La más completa de las visitas fue la del gobernador de la provincia de Santa Marta, Pedro Fernández de Bustos, efectuada en 1570, cuando ya los trabajos de extracción de perlas estaban en decadencia. Fue este gobernador quien declaró la libertad de los indígenas y prohibió su esclavitud. Una nueva etapa tan dolorosa como la primera se iniciaría con la utilización de mano de obra esclava de origen africano.

La disputa entre las gobernaciones de Santa Marta y Venezuela por la jurisdicción de Río de la Hacha y su pesquería de perlas quedó resuelta en 1592, cuando Francisco de Manso de Contreras fue nombrado gobernador de la provincia de Santa Marta y Río de la Hacha. En lo judicial mantuvo su dependencia de la Audiencia de Santo Domingo.

Así como la gran motivación de los primeros españoles que visitaron las costas guajiras fue la explotación de los bancos de perlas existentes en la región, éstas también fueron motivo de codicia para corsarios y piratas extranjeros. Los corsarios asolaron las rancherías a lo largo del siglo XVI. Acosaban la región en busca de dinero, perlas y oro. Sin embargo, esta presencia en ocasiones se constituyó en fuente de recursos para los vecinos pues los corsarios traían esclavos africanos y mercaderías europeas que aprovechaban.

 

María Cristina Navarrete

Universidad del Atlántico, Barranquilla

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