Historia

Detrás de las huellas del radicalismo liberal: Santiago Pérez Mendoza (1936-2020)

John Carlos Pedrozo-Pupo

22/11/2022 - 05:15

 

Detrás de las huellas del radicalismo liberal: Santiago Pérez Mendoza (1936-2020)
Santiago Pérez Mendoza acompañado por amigos y familiares, entregando la tarjeta de periodista a Rafael Santos Calderón / Foto: créditos a su autor

 

Entre el 4 de febrero y el 8 de mayo de 1863, el general Tomás Cipriano de Mosquera (liberal moderado) y los radicales José Hilario López, Eustorgio Salgar, Santos Gutiérrez Prieto y Froilán Largacha, propusieron en la convención de Rionegro la reorganización del Estado, lo que se adelanta a través de la expedición de una Constitución, la de Rionegro de 1863, orientada a la protección de los ciudadanos, y la que permitió la conformación de los estados soberanos de Colombia (Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Santander, Panamá y Tolima).

Este proceso constitucional dio lugar al periodo del liberalismo radical, cuyo objetivo era fortalecer la autonomía de las regiones y avanzar socialmente para llevar al territorio hacia una especie de modernización, tolerancia y para sepultar los rezagos de la época colonial española. Muchos de los próceres e intelectuales de entonces conocieron las doctrinas del liberalismo clásico del filósofo, economista y pensador inglés Jeremy Bentham, del cual también hicieron parte, entre otros, John Stuart Mill, David Ricardo en Inglaterra.

La constitución de Rionegro, que por tener 93 artículos fue una de las más cortas que se hayan hecho en Colombia, permitió consagrar el federalismo como un sistema político de gobierno. Sistema que debilitó a la nación en su mayor expresión, pues no era unificador, ya que, nueve constituciones convertían a cada Estado en un ente totalmente independiente, gobernado por un líder parroquial, asediado por intereses mediáticos y de espaldas a la realidad para avanzar hacia una nación próspera acorde con la realidad nacional.

El radicalismo liberal, trastornado por el odio al presidente de la república Rafael Núñez, a quien señalaban como traidor, se lanzó a la guerra civil para derrocarlo en 1884. En Cúcuta, a la voz de mando del general Daniel Hernández, en noviembre de ese mismo año sonaron los clarines del ejército radical citando a la contienda contra el gobierno regenerador. Del estado soberano de Santander pasó a Boyacá, Cundinamarca, Tolima, Antioquia y la Costa Atlántica. De inmediato, el mandatario nacional integró un ejército con militantes conservadores e independientes liberales, quien declaró turbado el orden público y en Estado de Sitio de toda la república.

En Barranquilla ya se encontraba el general Sergio Camargo Pinzón, quien después del largo viaje a través de los Llanos Orientales y del territorio venezolano, había llegado para colaborar en la lucha de sus copartidarios en contra del gobierno despótico. Con algunos santandereanos y boyacenses bravos, pero menguados y enflaquecidos, habían arribado después de penosas marchas desde el interior del país a la Costa Caribe, en auxilio de sus compañeros revolucionarios del radicalismo liberal, partió con los buques Bismarck, Isabel, 11 de febrero, y el Confianza hasta llegar a las aproximaciones de El Banco. Al informarle de que el fuerte del ejército llamado legitimista se encontraba en un sitio cercano llamado El Hobo, y dentro de sus planes estratégicos seguramente concluyó que la batalla se podía ganar en tierra, es decir, atacando a los militares comandados por Quintero Calderón.

Así lo planearon irresponsablemente, enfrentándose a un nido numeroso de soldados que debidamente protegidos por sacos de arena y empalizadas selváticas los esperaban en el acecho. En un recodo de la selva que sobresale al dar el río la vuelta, lugar situado en la ribera oriental y conocido, perteneciente al distrito de Tamalameque, fueron halladas las fuerzas enemigas comandadas por el General Quintero Calderón. Frente a este sitio, sobre la ribera opuesta, se levanta la ladera de La Humareda, que habría de imponer el nombre a la última gran batalla de la guerra.

La batalla de La Humareda denominada El Hobo por el General Foción Soto o de Quitasueños por Julio Palacio, ocurrió el 17 de junio de 1885 a las 9:30 AM. Los nuñitas muertos fueron muchos, entre ellos Daniel Hernández, Pedro José Sarmiento, Plutarco Vargas, Fortunato Bernal, Bernardino Lombana, antes había muerto en la cubierta de un buque, el valiente Capitolino Obando, hijo del general José María Obando, atravesado por un disparo de cañón. El intelectual y catedrático Luis María Lleras Triana, hijo de don Lorenzo María Lleras, también ofrendó su vida pretendiendo con su cuerpo silenciar los disparos de una furiosa pieza de artillería enemiga, cuando una bayoneta se incrustó en su vientre destrozándole salvajemente. En fin, esta batalla dejó como trágico saldo del lado de los revolucionarios a seis generales y más de 300 muertos, 250 heridos y pérdidas materiales considerables. Del lado oficialista, 250 muertos, 180 heridos, y 3 generales prisioneros (Buenaventura Reinales, Benito Ramírez y Predo A. Sánchez).

La batalla de La Humareda se consideró en su momento una inútil victoria, que se había ganado a costa del sacrificio de muchas vidas, como lo afirmó días después el general Sergio Camargo Pinzón cuando conoció el trágico resultado del enfrentamiento. La batalla de La Humareda es otra de las contiendas ganadas por el liberalismo en sus largos años de lucha revolucionaria. A consecuencia de la batalla de La Humareda, la constitución de Rionegro de 1863 dejó de existir, permitiendo a Rafael Núñez Moledo hacer una nueva constitución y posicionarse como líder político. El jueves 10 de septiembre de 1885 el presidente Núñez dictó el decreto No. 596, por medio del cual convocó el Consejo Nacional de Delegatarios, origen de la Constitución de Colombia de 1886, que constituye a Colombia como República Unitaria.

Tuvieron que pasar 75 años para rendirles homenaje a los caídos en la batalla de La Humareda, el sitio elegido, la plazoleta frente a la iglesia de la Candelaria de El Banco. Solo hasta 1960 se ordenó la Ley 7ª de agosto 26 de 1960 suscrita por los señores Alfredo Araujo Grau, conservador y presidente del senado, y el representante presidente de la cámara, el liberal Gustavo Balcázar Monzón.

Cincuenta y un años después nace el abogado y periodista Santiago Pérez Mendoza, el 4 de agosto de 1936 en la población ribereña de Guamal. Un personaje que desde su adolescencia se obsesionó por las ideas liberales y trató de darle una explicación a las inquietudes que produjo el impacto en la región, de la batalla de La Humareda.

Pérez Mendoza creció en el seno de una familia humilde, tuvo la posibilidad de estudiar la secundaria entre el colegio Nacional de El Banco y el colegio Pinillos de Mompox. Hijo de Liberato Pérez Arévalo de Guamal y Bernabela Mendoza Torres de Murillo. Sus hermanos José de la Cruz Pérez Mendoza y Nicolasa Pérez Mendoza y sus medios hermanos Olga Pérez Venta, Humberto Pérez Pedrozo y Armando Villafañe Pérez. Se casó con la profesora Emilce Hernández de Pérez, del cual tuvieron sus hijos Mónica, Edith y Carlos Andrés Pérez Hernández. Pérez Mendoza ha dejado tres nietos, Cinthia, José María y Pilar.

Desde la adolescencia se apasiona por la historia y geografía, con fuertes inclinaciones por las ideas liberales, decide unirse al proyecto periodístico de la gaceta El mosquito, de propiedad del señor Carlos Dávila, y hacerse corresponsal en Mompox del periódico El Tiempo desde 1956 hasta 1961 y como columnista desde 1961 hasta 1997 y tuvo la oportunidad de fundar la revista Isis en Mompox.

En busca de un mejor futuro se traslada a Bogotá, donde tuvo la oportunidad de estudiar ciencias sociales en la universidad Nacional, Derecho en la universidad libre de Bogotá y periodismo en la Universidad Latino-americana de Buenos aires. Fue profesor y rector del colegio Esteban Jaramillo y se pensiona en el Colegio Restrepo Millán de Bogotá. Miembro correspondiente de la Academia de Historia de Santa Cruz de Mompox, presidente y vicepresidente de la Academia Iberoamericana de Letras, Artes y Ciencias. También fue profesor de Derecho en la Universidad Libre de Colombia. Estuvo de segundo en la lista en compañía del representante a la cámara, Crispín Villazón de Armas.

En Bogotá se hizo amigo del jefe de redacción del periódico El Tiempo, Enrique Santos Castillo, padre del expresidente Juan Manuel Santos Calderón y de su director Hernando Santos Castillo “Hersán”. En esa ciudad aumenta su interés por las ideas liberales y se hace miembro de las juventudes liberales de Colombia y seguidor del legado del expresidente y estadista Alberto Lleras Camargo y del expresidente Carlos Alberto Lleras Restrepo.

Su trabajo como columnista en el periódico El Tiempo no solo se construyó por su excelente labor en el periodismo investigativo, sino también por la gran amistad que tuvo con la familia Santos en Bogotá. En su labor como periodista e historiador realizó muchos trabajos investigativos, entre ellos sobre los juglares del río. En esa ocasión, hacia 1969 publica en el periódico El Tiempo una entrevista que le hizo al maestro Julio Erazo, la cual tituló “Habla el creador de la pata pela”, el cual aprovecha la oportunidad de su paso por Bogotá, el maestro da a conocer sus inicios de su carrera musical con la grabación de la canción la “Puya guamalera” y otros éxitos como “La pata pela” y el tango “Lejos de Ti”.

También se sumó a su trabajo periodístico como coequipera a su esposa Emilce Hernández, quienes tuvieron la oportunidad de entrevistar al compositor banqueño, el maestro José Benito Barros Palomino, en 1974. En esa entrevista se pudo conocer muchos apartes de la vida musical en sus inicios, cuando hablaba de lo fundamental para ser un buen compositor y los detalles de las primeras composiciones hechas en Bogotá en 1945, como el tango “Cantinero sirva tanda” y el porro “El gallo tuerto” este último quien fue grabado por el cantante de porros el barranquillero Luis Carlos Meyer.

En otra ocasión, el 1 de mayo de 1996, en la sección de opinión, escribe “Evocando a Gaitán” tras la conmemoración de la muerte del caudillo liberal el 9 de abril de 1948, donde establece que el sacrificio de su muerte significó para Colombia muchas vicisitudes y funestas consecuencias que perduran todavía en el acontecer nacional y ser el acreedor de la conducción máxima de un partido centenario como el Partido Liberal colombiano. El 9 de agosto de ese mismo año escribe otro artículo “El partido liberal”, con motivo de haber cumplido 148 años de haber sido fundado la colectividad y que se incorporó en toda plenitud a la vida constitucional del país. También se refiere que desde 1887 y de ahí en adelante: 1904, 1912, 1935, 1936, 1942, 1987 y 1990, el Partido Liberal había propuesto y respaldado las reformas políticas e institucionales de esos años para poner a tono la colectividad.

El 26 de diciembre de 1996 escribió otro artículo en la sección de opinión de El Tiempo, que tituló “Un patrimonio de la humanidad” con motivo que la UNESCO declaró a Mompox patrimonio histórico y cultural de la humanidad en 1995. Donde establece que esta población construyó su historia cultural con el impulso de la economía del Nuevo Reino de Granada y en un gran soporte de la conquista y culturización de un virreinato que brilló con luz propia y gran esplendor.

Uno de los últimos artículos que escribió en 1997, el cual hace referencia al premio María Moors Cabot entregado a Enrique Santos Montejo (Calibán) y su hermano, el expresidente Eduardo Santos Montejo, el cual corresponde al premio internacional de periodismo fundado en 1938 por Godfrey Lowell Cabot en la Universidad de Columbia evocando aquellos tiempos de reconocimiento del buen periodismo capitalino y su falta de continuidad de aquellas épocas gloriosas del periódico.

El gran conocimiento sobre el radicalismo liberal lo hace merecedor de considerarse un experto en el tema, a tal punto de escribir su primer libro sobre Radicalismo liberal del siglo XIX con la editorial Costa editores en 1991 y, posteriormente, las reediciones en 2003. En o 2002 aparece la continuidad de su primer libro, Vigencia de las ideas del liberalismo radical 1886- 2001, con la editorial Duende editores. Con prólogo del filósofo Álvaro Pablo Ortiz Rodríguez, quien lo califica como un texto de análisis serio y desapasionado donde aborda el largo proceso de periodización del devenir histórico del liberalismo en la conformación de las democracias occidentales y la construcción de Estado y la Nación colombiana. En este libro el autor Pérez Mendoza logra distanciarse psíquica y emocionalmente de la dinámica política que enmarca las ejecutorias figuras como fueron en el tiempo personajes como Rafael Núñez y Alfonso López Pumarejo.

En 2002, Enrique Santos Calderón, quien fuese codirector de El Tiempo y vicepresidente de la sociedad Interamericana de Prensa, opina sobre el libro Vigencias de las ideas del liberalismo radical, donde escribe que es un texto de meritorio esfuerzo, de periodización y actualización que valora los aspectos más significativos de la historia política y constitucional de la Nación colombiana (Pérez, 2002). Igualmente, en 2003, con reedición del libro Radicalismo liberal del siglo XIX, el director de ese entonces del periódico El Tiempo, Rafael Santos Calderón, resalta que el libro está escrito con la rigurosidad de un historiador y la objetividad del investigador que exalta la vigencia del ideario radical en las actuales formas del liberalismo en Colombia (Pérez, 2003). Ese mismo año, el 7 de agosto, el jefe de despacho del Palacio de la Zarzuela de su Majestad, el Rey Don Juan Carlos I en el Palacio de Zarzuela, en Madrid, reciben con beneplácito a los dos ejemplares de los libros sobre radicalismo liberal.

En El Banco, en la ribera del río Magdalena, queda el testimonio de una generación liberal que quiso construir y organizar una gran nación y como epitafio, en un monumento a la vista del viajero de todos los continentes y los tiempos, se resaltan las elocuentes frases del escritor y paladín de las libertades públicas José María Vargas Vila (1860-1933), apóstol de la libertad, quien en sentido homenaje a los radicales caídos en la batalla de La Humareda, dijo lo siguiente:

¡Banco, puerto inmortal! ¡Cuánto le debes al liberalismo expirante! ¡Allí fue a dejarte sus despojos más nobles, sus muertos más ilustres, las últimas y más gloriosas páginas de su brillante historia!...

“A ti llegaron la República y la libertad moribunda para llorar un momento en tu regazo, y dejarte sus hijos más queridos”.

“Tú guardas las cenizas del más tremendo incendio, los despojos de la más recia borrasca. No permitas que nunca se profanen. El liberalismo no puede velar de cerca esas tumbas porque estos nuevos sarracenos, más feroces que los de Jerusalén, no permiten que los sectarios vayan a llorar sobre el sepulcro de los maestros”.

“Tú eres para el Partido Liberal un altar de recuerdos y de gloria y de enseñanzas sublimes. A ti vendrán las generaciones futuras, para retemplar el patriotismo, y cuando quieran aprender, que solo se es esclavo, si se quiere y si falta el valor para morir” (Vargas, 1969).

 La huella que siguió Santiago Pérez Mendoza en su vida como historiador y periodista para dejarnos unos textos que nos permiten conocer una parte de la historia política del país a través de dos citas bibliográficas que se consideran de consulta obligatoria y unas columnas en el periódico El Tiempo, establecen los cambios que sufrió el Partido Liberal en Colombia y el aporte a la construcción de la democracia del país. Pérez Mendoza falleció en Bogotá el 18 agosto de 2020, como así lo publicó el periódico El Tiempo.

 

John Carlos Pedrozo-Pupo  

MD FCCP, docente de la Universidad del Magdalena, Miembro y fundador del Centro de historia y estudios socio-culturales Gnecco Rangel Pava.

 

Bibliografía

Camacho, S. (1890). Notas de viaje. Bogotá, Librería Colombiana, pp. 262-264.

Pérez, S. (2002). Vigencias de las ideas del liberalismo radical 1886-2001. El Duende Editores, Bogotá.

Pérez, S. (2003) El radicalismo liberal del siglo XIX. El Duende Editores, Bogotá.

Varga, J. (1969). Prosas pretéritas. P. 197. Editorial Don Quijote. México D. F.

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