Historia

Inca Garcilaso de la Vega o el triunfo del mestizaje

Alonso Fernández García

04/04/2023 - 00:10

 

Inca Garcilaso de la Vega o el triunfo del mestizaje
El padre de Inca Garcilaso era sobrino del poeta Garcilaso de la Vega y su madre, descendiente de la realeza incaica.

 

Si usted ha nacido en un país hispanoamericano o ha leído algún libro de la saga Harry Potter, es probable que conozca bien la palabra “mestizo”. Si es el primer caso, se crio en tierras del realismo mágico. Si es el segundo, cabe la posibilidad de que sea un acólito del “mundo mágico”. Sea como fuere, tanto en Hogwarts como en Barranquilla hay mestizos. Pero claro, en Hogwarts los mestizos hablan un perfecto inglés con un acento muy “british” y en Barranquilla, un suave español muy caribeño. En Hogwarts un “mestizo” es el producto de la unión de alguien que puede volar felizmente sobre una escoba y otro que se tiene que conformar con tener los pies en la tierra; mientras que, en Barranquilla, un mestizo responde a la mezcla de dos etnias o pueblos diferentes. Pero, quizá, la diferencia más notoria entre ambos radica, curiosamente, en lo más inusitado: la etimología.

En la escuela de magia y hechicería (esto es, en lengua inglesa) el resultado de esta mezcla lo llaman “half-blood”, literalmente “media sangre”. Otro sinónimo de este término que se puede encontrar en la saga de J.R. Rowling, leyéndolo en su lengua original, es “half-breed”; es decir, “media raza”, siendo éste un término peyorativo, según indica el diccionario digital de Oxford (en contraposición con el primero, habrá que suponer). La cuestión es que estos vocablos no aparecen por arte de magia, ni son invención de la autora, sino que provienen de siglos y escritos pretéritos en que se usaban para referirse a lo que nosotros entendemos por “mestizo”. Sin embargo, y aunque en inglés también existe “mongrel” o incluso “mestizo” (léase: mesˈtiː.zoʊ) como préstamo del español, lo cierto es que esta palabra, tan genuina de nuestra lengua y tan atinente a Latinoamérica, disiente en su concepción semántica y etimológica de los términos anglosajones aducidos anteriormente. De este modo, tenemos que “mestizo” proviene del latín “mixticius” (mezclado), derivado, a su vez, de “mixtus” (mixto, mezclado), que es el participio pasivo del verbo latino “miscere”; o sea, mezclar.

Solo comprendiendo el mestizaje como la mezcla de dos realidades que da a luz algo nuevo, original, auténtico, entero y verdadero (y no la mitad de algo), se puede entender la obra y la vida de un erudito como lo fue Inca Garcilaso de la Vega

La espada y la pluma

No fueron pocos los literatos y doctos hispanos que intercalaron las letras con las guerras en el Siglo de Oro. Sin duda, una escuela muy valiosa en su tiempo para quien la supiera aprovechar como recurso narrativo después. Quizás, entre otras razones, esto se debiese a que, si bien la espada era más cara que la pluma, la sangre era más barata que la tinta. Inca Garcilaso de la Vega no quiso ser menos y se unió a esa larga lista encabezada por Cervantes y Lope de Vega, entre muchos otros.

El hijo bastardo del rey emperador Carlos I, el que fuera criado como infante en el hoy ruinoso castillo de Villagarcía de Campos, el que comandara la coalición de la Santa Liga para dar batalla a los otomanos en Lepanto, la mano derecha de su hermano el rey Felipe II o, en suma, Juan de Austria; dispuso de los servicios de un capitán proveniente de allende los mares para reprimir a los moriscos sublevados en la conocida como Rebelión de las Alpujarras de 1569. El capitán que tomó parte en esta contienda, habiendo arribado a España casi una década antes, no era otro que un descendiente de la lejana nobleza inca y del conquistador español Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas. Esta profesión de soldado la seguiría ejerciendo casi veinte años más, hasta 1590, fecha en la que ya comenzó a emplearse totalmente en la producción de sus libros.

El periplo: de Cuzco a Córdoba

La fagocitación del Imperio Inca por parte de las conquistas españolas hizo brotar en Cuzco, la que había sido la antigua capital de la potencia andina, a un mestizo bautizado como Gómez Suárez de Figueroa. Fruto de la fusión del militar y conquistador Sebastián y la princesa o ñusta Isabel Chimpu Ocllo, Inca nació un 12 de abril de 1539. Su padre era sobrino del poeta renacentista Garcilaso de la Vega y su madre, descendiente directa de la realeza incaica, siendo nieta de Huayna Cápac. Con esta alcurnia se educó en primeras letras durante su infancia con Juan de Alcobaza, conjugándolo también con las enseñanzas de su madre y los amautas o pedagogos incas, que lo instruyeron en historia y mitología. Aunque por exigencias de la corona su padre se tuvo que casar con otra noble y su madre con otro soldado español, Inca Garcilaso de la Vega guardó buena relación con ambos. 

A los veinte años, el príncipe mestizo de las letras, habiendo heredado cuatro mil pesos en plata y oro que le dejó su recién fallecido padre, zarpó del puerto de Collao en una larga travesía con varias tribulaciones de por medio. Y así, parando en Panamá, partió por tierra hacia Cartagena de Indias y de allí hacia la Habana, en donde siguió la ruta de los galeones españoles haciendo tierra, finalmente, en Lisboa. Ya en España, Inca Garcilaso de la Vega se asentó en Montilla (Córdoba), donde vivía su tío Alonso de Vargas del cual heredó en 1571. Esta holgura en su hacienda le permitió rodearse del mundo del humanismo y las artes que se cultivaban entonces, llegando a conocer a Luis de Góngora y Cervantes.

Con las mercedes del legado de dos mundos, culto e impertérrito ante las adversidades sufridas, adoptó definitivamente el nombre de Inca Garcilaso de la Vega, siendo su propia construcción onomástica una juntura de lo mejor de sus dos herencias. Abandonadas las armas en 1590, se trasladó a la ciudad de Córdoba un año después. Sus obras responden a la gran sabiduría y destreza del autor y a su afán por relatar los hechos históricos que pudo conocer. De esta manera, contó la conquista de la Florida en La Florida del Inca, relató la historia prehispánica del Imperio Inca en Comentarios Reales de los Incas y la conquista española de aquellas tierras en Historia General del Perú. Se valió de la querencia de sus dos herencias y de la tenencia de un buen entendimiento y conocimiento como para comprender y conciliar su realidad y la de sus compatriotas del Perú.

Inca Garcilaso de la Vega murió en 1616, el mismo año que Cervantes. Pocos años antes de su fenecimiento compró la Capilla de las Ánimas en la catedral de Córdoba, donde fue enterrado y cuyo epitafio reza:

El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria. Ilustre en sangre. Perito en letras. Valiente en armas. Hijo de Garcilaso de la Vega. De las Casas de los duques de Feria e Infantado y de Elisabeth Palla, hermana de Huayna Capac, último emperador de las Indias. Comentó La Florida. Tradujo a León Hebreo y compuso los Comentarios reales. Vivió en Córdoba con mucha religión. Murió ejemplar: dotó esta capilla. Enterróse en ella. Vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del purgatorio. Son patronos perpetuos los señores Deán y Cabildo de esta santa iglesia. Falleció a 23 de abril de 1616”.

Sobre la mezcla de los pueblos

A este punto, y como se ha demostrado de mil formas y maneras (una de ellas es Inca de Garcilaso de la Vega), el mestizaje entre los pueblos de toda procedencia e índole ha sido y es una constante histórica. Cierto es también que muchos estados o potencias han rechazado radicalmente la mezcla como consecuencia de una idiosincrasia, de una cosmovisión ablativa o de una ideología perversa y mezquina. El máximo exponente de este pensamiento patológico es el racismo biológico, una pseudociencia adornada de idealismo y complejos que esgrime como legitimidad la pureza y superioridad de una “raza” frente a otras para justificar atrocidades. Por ello, es conveniente leer lo siguiente de la mayor abominación que se puede haber parido, Adolf Hitler:

“También la historia humana ofrece innumerables ejemplos de este orden, ya que

demuestra con asombrosa claridad que toda mezcla de sangre aria con la de pueblos

inferiores tuvo por resultado la ruina de la raza de cultura superior. La América del Norte,

cuya población se compone en su mayor parte de elementos germanos, que se mezclaron

sólo en mínima escala con los pueblos de color, racialmente inferiores, representa un

mundo étnico y una civilización diferente de lo que son los pueblos -de la América

Central y la del Sur, países en los cuales los emigrantes, principalmente de origen latino,

se mezclaron en gran escala con los elementos aborígenes. Este solo ejemplo permite

claramente darse cuenta del efecto producido por la mezcla de razas. El elemento

germano de la América del Norte, que racialmente conservó su pureza, se ha convertido

en el señor del continente americano y mantendrá esa posición mientras no caiga en la

ignominia de mezclar su sangre”.

Este es el gran engaño que implica hacer un análisis idealista, ablativo y necio de la historia y de los hechos. A este destemplado mental, merecedor de haber habitado toda su vida en un nosocomio más que en una cárcel, no se le ocurrió nunca pensar por qué la superioridad de su raza no consiguió superar en civilización (ni en nada) a egipcios, sumerios, mesopotámicos, griegos o romanos en sus tiempos. Tampoco repara en que la mayoría de estados hispanoamericanos se constituyeron en estados independientes como tal antes que la actual Alemania, que lo hizo en 1871. No analiza tampoco el hecho de que la caída de la Roma Occidental en el año 476 d.C como consecuencia última de la invasión de los pueblos germanos bárbaros del norte, no trajo un progreso en cultura ni en civilización ni en nada que se pueda definir dentro de estos términos; no en vano, los mayores síntomas de civilización de los reinos y tierras ocupadas por los pueblos germanos, desde Hispania hasta Italia  y la Galia, consistieron en la salvación o rescate de algunas ruinas y escombros de Roma, como es el caso, por ejemplo, de los visigodos asentados en la península ibérica con el corpus jurídico Fuero Juzgo o Liber Iudiciorum, basado en el anterior derecho romano.

A su vez, ignora el genocida que esos elementos germanos de la América del Norte (Estados Unidos, más concretamente) prosperaron, en primera instancia, gracias al apoyo oportunista que proporcionaron Francia y España para que se independizasen de la Corona Británica (aunque a algunos les saldría el tiro por la culata más adelante); más tarde, haciendo uso de una ingente cantidad de mano de obra esclava procedente de África, explotando al mismo tiempo a los inmigrantes chinos en la construcción del ferrocarril y, por supuesto, matando o reduciendo en reservas (como se hace con las especies en peligro de extinción) a cuanto indígena se pusiera de por medio, sin atisbo ni intento de asimilación o integración. Estados Unidos, aun siendo un país netamente inmigrante, tendría que esperar hasta 1964 para que fuese legal el matrimonio interracial en todos sus estados, casi medio milenio después de la Real Cédula de 1514 que lo aprobó en España. Por tanto, todo este desarrollo inicial se llevó a cabo a expensas de quien sufría los azotes del látigo más que a la mano que lo sujetaba.

No entendió que no hay raza superior cuando Alemania fue derrotada y mutilada en las trincheras de Francia. No entendió que no existe una raza superior con la perpetración de un genocidio que consintió un país entero. Quizá, quién sabe, lo entendió cuando vio entrar a los soviéticos por la Puerta de Brandeburgo, condenando a su pueblo y a sí mismo a un suicidio colectivo. Cuando no se puede alardear de otra cosa, se alardea de la raza, igual que esa gente que compra y exhibe un perro “de raza” muy caro. Las llamas que terminaron por consumir los despojos de este maníaco dentro de su búnker debieron desprender un brillo y una iluminación semejantes al incaico sol que vio nacer al cuzqueño mestizo Inca Garcilaso de la Vega.

 

Alonso Fernández García

Sobre el autor

Alonso Fernández García

Alonso Fernández García

Entre orillas de dos mundos

Si las lontananzas de la historia nos llegan en las letras, las anchuras de un océano se estrechan en la correspondencia. Qué hubo y qué hay entre una pequeña península al sur de los Pirineos y gran parte del continente americano, son cuestiones que nos definen en lo bueno y lo malo. Comprender las respuestas permitirá contemplar la escala de grises sobre la que “dibujamos”.

Alonso Fernández García es bachiller en letras del I.E.S Campos y Torozos, estudiante en la Universidad de Valladolid y periodista en ciernes. Criado en Tierra de Campos Góticos, entre mares de mieses con sus correspondientes castillos y palomares como horizonte y fondo, vaga entre lo pasado y lo presente para comprender el devenir del futuro.

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