Historia

Orígenes y sustentos del dólar

Alonso Fernández García

24/04/2023 - 00:05

 

Orígenes y sustentos del dólar
Real de a ocho acuñado en Potosí en 1768 / Foto: créditos a su autor

 

Es la causa de que el color del dinero sea verde, el motivo de que tantos quieran guardar sus ahorros en esta pecunia, es un imprescindible para hacer negocios “fuera de casa”, es el papel moneda que precinta el mundo; es, en fin, el dólar estadounidense. La moneda hegemónica de nuestro planeta tiene tantos admiradores como detractores, en función de si se disfruta de su tenencia o si se padece su carencia. Desde una perspectiva menos individualista, la supremacía total de la moneda de Washington constituye un instrumento geopolítico y económico al servicio del Capitolio y la Casa Blanca para ejecutar sus intereses en el ámbito de las relaciones internacionales. Si se quiere entrar al juego del comercio internacional, la primera regla es clara: usar el dólar. Como toda influyente personalidad digna de una biografía y el dólar lo es, no está por demás conocer las primeras líneas de su acta de nacimiento y, por qué no, conocer también a la madre que lo parió.

El real de a ocho

Los países que dibujan el mapa del luengo continente americano poseen, en su mayoría, un punto de convergencia en el símbolo y origen de sus divisas. Contrario a lo que se pudiera pensar, el hecho de que el peso colombiano, el peso mexicano, el argentino o el mismísimo dólar tengan símbolos idénticos «$», no se debe a la influencia económica y cultural estadounidense, sino a un punto de partida común: la moneda de curso hegemónico usada en los antiguos virreinatos conocida como “real de a ocho” o “real español”.

El real de a ocho fue instituido oficialmente en 1497 por los Reyes Católicos, fecha en la que comenzó a convivir con otras monedas españolas como el maravedí; con la diferencia de que ésta se convertiría en la primera moneda de uso global con una especial importancia en el Nuevo Mundo, siendo, de facto, la divisa indispensable que conectó el comercio entre Asia, América y Europa durante casi tres siglos. Como consecuencia de los grandes recursos minerales existentes en el continente americano, el real de a ocho estaba formado por la plata extraída en el Virreinato de la Nueva España y en Potosí (Bolivia), donde también era cuñaba para ser exportada después a todos los territorios de la Corona. La expansión del real de a ocho durante aquellos siglos fue tan tremenda, que se convirtió en la primera moneda de reserva mundial indispensable para participar en el incipiente comercio mundial.

Con estas premisas, fue América la piedra angular y principal agente de la constitución del real de a ocho como la primera moneda global. Por un lado, los virreinatos eran la fragua de donde se sacaba y sellaba el real de a ocho. Por otro lado, eran las distintas plazas y ciudades americanas el nodo de conexión del comercio español. Así, el incesante tránsito de galeones conectaba a España con plazas fuertes como la Habana, Veracruz o Cartagena de Indias a través del Atlántico, y a Filipinas con Acapulco en el conocido como “Galeón de Manila” a través del Pacífico. A su vez, era España la que exportaba después su moneda por Europa y Filipinas la que hacía lo propio por China y el resto de Asia.

De esta manera, tenemos que el real de a ocho regó el comercio mundial a tal punto, que fue la divisa de mayor uso y curso en la China de principios del siglo XIX. Asimismo, fue la divisa principal de las trece colonias británicas primero y de los recién independizados Estados Unidos después, que la conocían como “spanish dollar”. Sin embargo, el actual dólar estadounidense se comenzó a acuñar en 1792, inspirado en la moneda española, con un valor igual al real de a ocho. Desde entonces, el dólar estadounidense coexistió con el real español hasta que éste se desautorizó en 1857.

Sobre el símbolo «$», se sabe que fue el peso mexicano la primera moneda en adoptarlo formalmente, antes que el dólar estadounidense. A pesar de que no existe una respuesta rotunda sobre el origen exacto de este símbolo, las teorías más aceptadas son dos. Una de ellas afirma que se debe a la deformación de “ps”, abreviatura de la palabra “peso”. La otra teoría apunta a que es una simplificación de la leyenda “Plus Ultra” entrelazada en el columnario de Hércules que aparece en la heráldica de la Corona Española y en una de las caras del real de a ocho.

Pecunia non olet

Vespasiano fue inmortalizado como uno de los grandes gobernantes del antiguo Imperio Romano por el historiador Suetonio. Además de ser el hombre que ordenó construir el celebérrimo Coliseo de Roma, dejó para la posteridad gran cantidad de obras civiles y militares. Sin embargo, también fue el protagonista de uno de los sucesos más “escatológicos” que puede tener lugar dentro de la infame política económica: prescribió la aplicación de un nuevo impuesto sobre las orinas. Concretamente, impuso una tasa a la recolección de la orina desechada en la Cloaca Máxima, que era usada por muchos romanos para aprovechar el amoniaco que ésta contiene y que servía para la curación o limpieza de distintos tejidos. Ante esta medida, su hijo Tito le recriminó la bajeza de sacar dinero de algo tan maloliente como lo es la orina, a lo que Vespasiano le respondió: “Pecunia non olet” (el dinero no huele). 

Esta sentencia que se le atribuye a Vespasiano es, sin lugar a dudas, una buena síntesis de por qué muchos entienden el dinero como algo inoloro, sin ética ni moral, en el que no ha de intermediar más cosa que su mera tenencia. Pero, si al dinero se lo pudiera olfatear como hace un sabueso, nos encontraríamos un inmenso abanico de olores. Es de prever que en el dinero se hallarían tantas fragancias como narices hay en el mundo; para unos olería a las manos de un banquero, para otros a las de un minero; hay quienes olerían en el dinero el nudo de una elegante corbata ligada al cuello, hay quienes olerían el nudo de una soga atada al pescuezo. Todo depende del olfato. Y del dinero.

Los aromas del dólar

Con el supuesto de que el dinero se pudiera oler, el dólar estadounidense sería el perfume más fino y rico de todos los habidos, compuesto por una multitud de selectos y exquisitos aromas. Uno de ellos, el más punzante, es el aroma del petróleo, que le proporciona gran cuerpo y cohesión a toda la esencia. No obstante, este ingrediente es uno de los más caros y costosos de conseguir, pero Estados Unidos se sirve de ser la mayor economía mundial y poseer el mejor ejército para garantizar que casi todos los países vendan su petróleo en dólares y, de este modo, procurar la continuidad de esta materia prima para el provecho de la moneda americana. Tanto Rusia como los países del golfo Pérsico o Venezuela, venden su petróleo en dólares. El hecho de que la materia prima más fundamental para el desarrollo de cualquier país se venda en esta divisa, arroga mucha calidad a la economía de quien la maneja.

El segundo aroma que hace del dólar un perfume tan excelso es la “comisión”. Esto es debido a que se cobra una tarifa por el uso del sistema de pagos en dólares, es decir, los bancos estadounidenses que procesan transacciones en dólares imponen una tarifa por sus servicios, lo que significa que parte de las ganancias del comercio internacional en dólares van a empresas y bancos estadounidenses. Esto se complementa con el propio hecho de la gran demanda de dólares en el mercado internacional, que permite a la Reserva Federal emitir ingentes cantidades de moneda nacional sin que ello repercuta en una acuciante inflación que perjudique su economía, pues existe una demanda global constante.

El tercer y último de los principales aromas pues existen incontables matices y sutilezas que hacen del dólar lo que es— es la independencia monetaria. Estados Unidos puede comprar cualquier mercancía del mundo con su propia moneda, sin necesidad de adquirir otra extranjera, pues la suya es amplísimamente aceptada; lo cual significa que no cae en la misma red impositiva con la que el dólar subordina a otras monedas y economías. No es casual la naciente disputa diplomática entre Estados Unidos y Brasil a tenor de que este último firmase recientemente un acuerdo comercial con el resto de los BRICS que pretende desdolarizar el comercio entre ellos.

Sea su referencia un odre lleno de orines de la Cloaca Máxima, de sudor de los mineros del Potosí o de petróleo, el valor del dinero se manifiesta sobre una serie de condiciones materiales e inmateriales inabarcables. Pero por mucho que el dinero no huela y haya hasta quien impida olerlo, es posible imaginar alguna de sus fragancias para disfrutar de sus aromas o languidecer por su pestilencia, en base a lo “educado” que se tenga el olfato.

 

Alonso Fernández García

 

Referencias

https://www.globalexchange.co.cr/es/monedas-del-mundo/dolar-americano

https://real8.org/es/acerca-de-real8/historia/

https://blognumismatico.com/2022/11/10/asi-llamaban-los-chinos-a-los-8-reales-espanoles/

Sobre el autor

Alonso Fernández García

Alonso Fernández García

Entre orillas de dos mundos

Si las lontananzas de la historia nos llegan en las letras, las anchuras de un océano se estrechan en la correspondencia. Qué hubo y qué hay entre una pequeña península al sur de los Pirineos y gran parte del continente americano, son cuestiones que nos definen en lo bueno y lo malo. Comprender las respuestas permitirá contemplar la escala de grises sobre la que “dibujamos”.

Alonso Fernández García es bachiller en letras del I.E.S Campos y Torozos, estudiante en la Universidad de Valladolid y periodista en ciernes. Criado en Tierra de Campos Góticos, entre mares de mieses con sus correspondientes castillos y palomares como horizonte y fondo, vaga entre lo pasado y lo presente para comprender el devenir del futuro.

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