Literatura
Hernando Socarrás: el Poeta Blanco

El poeta Hernando Socarrás era Caribe por destinación y por el tropel irreversible de la sangre, la misma del médico siquiatra y escritor (gran cuentista) José Francisco Socarrás Colina (1906-1995). Hernando nació en Bogotá en 1945. Allí vivió sus primeros años hasta que el llamado o pálpito ancestral lo arrastró a las playas de Cartagena, de donde sólo se desprendió en ocasionales viajes a la capital del país. En esta ciudad del Caribe escribió sus libros y organizó talleres, entre ellos, el recordado Canto de la Cabuya, al que asistieron jóvenes que hoy se destacan como escritores y son conocidos por sus obras. También impulsó publicaciones con sus amigos y se involucró plenamente en el mundo cultural y social de la ciudad, como cualquier nativo, sufriendo las deficiencias y complicaciones del medio; pero gozando y disfrutando lo mucho que lo llenaba de satisfacciones. El poeta era parte del paisaje con su indumentaria, "todo de blanco hasta los pies vestido", por lo que el crítico Isaías Peña Gutiérrez lo llamó "el poeta blanco". Era su distintivo, junto con su larga y frondosa barba, igualmente blanca, similar a un jardín colgante que destacaba su personalidad y que lo hacía parecer un profeta bíblico: profeta de la palabra y las buenas maneras. Trajinaba las "callecitas de Cartagena llenas de encanto", indiferente (ya era su hábitat) a la canícula, como cualquiera nacido en sus solares y los caprichosos cambios del trópico desenfrenado.
Desempeñó muchos oficios para el diario vivir; pero recordamos su restaurante-pizzería en Bocagrande que atendía personalmente y le permitía ser dueño de su tiempo para leer y escribir a sus anchas. Era usual que una visita a su establecimiento fuera adobada con una conversación salpicada de metáforas. Y si se trataba de amigos poetas la conversación se convertía en recital.
Un día se deshizo de todo -menos de sus libros y sus discos- y con su compañera de todas las horas (siempre con ella: Concepción "Conchi" González), con la que procreó dos hijos, se aisló en Pontezuela, en las afueras de Cartagena vía a Barranquilla, más cerca del mar "color del vino", de que hablara Homero, brisa fresca, paisaje de gaviotas y esquivas nubes, donde además de seguir cultivando las letras, desarrolló una labor social con personas de la tercera edad, para quienes recogía ropa, medicinas, comida y organizaba actividades de entretenimiento. Pero los años, que no se detienen, empezaron a pasar cuenta de cobro. A pesar de su vida sana se le produjo un deterioro auditivo hasta perder definitivamente el oído. El mundo entonces se le llenó de silencios; tenía la poesía, afortunadamente, para llenarse de vida y oír lo inaudible. Vino el enfrentamiento con su EPS para que le reconocieran unos audífonos, lo que al fin logró. En el entretanto, aprendió a leer los labios. En sitios públicos de la ruidosa cotidianidad cartagenera, se despojaba de esos adminículos y dialogaba normal, sin oír, fijando sus ojos en los labios del interlocutor. Cuando empezó a sentir que su salud se debilitaba decidió volverse a la fría oscura ciudad de sus primeros años buscando mejor atención médica y hospitalaria. Una operación le ayudó a prolongar sus días. Aquí lo vimos y compartimos espacio en la Filbo y en otras ocasiones “tinteamos” hasta que llegó la noticia que no queríamos. El 12 de julio del 2020 una trombosis cerebral se lo llevó para siempre.
Su poesía, de estructura breve y versos precisos, es compleja, llena de símbolos, recuerda a los poetas herméticos italianos y en algunos momentos a sus admirados Mallarmé y René Char." No es, pues, poesía para declamar, y mucho menos en voz alta con despeinada y todo; no, es poesía solitaria, que, de manera tranquila, sin dársele nada, no se preocupa por arrancarle ninguna lágrima a nadie", afirma el profesor Otto Ricardo Torres. Un adiós al poeta que deja entre nosotros sus libros y recuerdos.
Ahora, que hablen sus poemas, mientras su recuerdo habla en nuestra memoria.
BOCAS MUERTAS
Bocas muertas:
atraen
aves y felinos no nacidos.
(La luna de los objetos, 2007)
El COLOR DEL COBRE
El color del cobre
envejecido por el habla
ha quemado un rostro
el mío
tan considerado
notorio por el violento precipicio
de los ojos
y perdido
como aguja primordial
en un invierno
que avanza
al abrigo
de
las cortaduras.
BURKA UNO
Detrás del místico
laberinto
la oscuridad sin falta.
(Plasma, 2010)
ENTREGO LA PAZ
de mi verdugo
su ojo abierto, sin dormir,
su ojo
que jamás ha muerto y decidido
prefiere
ver
en mí.
OFICIO DE BLANCO NATURAL
Escribo.
La necesidad es disolver
todo papel
en blanco natural.
Roberto Montes Mathieu
Acerca del autor: Escritor y abogado nacido en Sincelejo (Sucre). Director del Magazín del Caribe. Ha publicado entre otros, los libros: El cuarto bate, (cuentos), Tap tap (minicuentos), Para qué recordar (novela), Maestros del acordeón (crónicas noveladas), Cantantes y compositores del Caribe colombiano (crónicas) y La muerte mira a encontrarte (Cuentos).
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