Literatura

Hernando Socarrás: el Poeta Blanco

Roberto Montes Mathieu

17/07/2024 - 04:50

 

Hernando Socarrás: el Poeta Blanco
El poeta Hernando Socarrás en una de sus presentaciones / Foto: archivo El Espectador

 

El poeta Hernando Socarrás era Caribe por destinación y por el tropel irreversible de la sangre, la misma del médico siquiatra y escritor (gran cuentista) José Francisco Socarrás Colina (1906-1995). Hernando nació en Bogotá en 1945. Allí vivió sus primeros años hasta que el llamado o pálpito ancestral lo arrastró a las playas de Cartagena, de donde sólo se desprendió en ocasionales viajes a la capital del país. En esta ciudad del Caribe escribió sus libros y organizó talleres, entre ellos, el recordado Canto de la Cabuya, al que asistieron jóvenes que hoy se destacan como escritores y son conocidos por sus obras. También impulsó publicaciones con sus amigos y se involucró plenamente en el mundo cultural y social de la ciudad, como cualquier nativo, sufriendo las deficiencias y complicaciones del medio; pero gozando y disfrutando lo mucho que lo llenaba de satisfacciones. El poeta era parte del paisaje con su indumentaria, "todo de blanco hasta los pies vestido", por lo que el crítico Isaías Peña Gutiérrez lo llamó "el poeta blanco". Era su distintivo, junto con su larga y frondosa barba, igualmente blanca, similar a un jardín colgante que destacaba su personalidad y que lo hacía parecer un profeta bíblico: profeta de la palabra y las buenas maneras. Trajinaba las "callecitas de Cartagena llenas de encanto", indiferente (ya era su hábitat) a la canícula, como cualquiera nacido en sus solares y los caprichosos cambios del trópico desenfrenado.

Desempeñó muchos oficios para el diario vivir; pero recordamos su restaurante-pizzería en Bocagrande que atendía personalmente y le permitía ser dueño de su tiempo para leer y escribir a sus anchas. Era usual que una visita a su establecimiento fuera adobada con una conversación salpicada de metáforas. Y si se trataba de amigos poetas la conversación se convertía en recital.

Un día se deshizo de todo -menos de sus libros y sus discos- y con su compañera de todas las horas (siempre con ella: Concepción "Conchi" González), con la que procreó dos hijos, se aisló en Pontezuela, en las afueras de Cartagena vía a Barranquilla, más cerca del mar "color del vino", de que hablara Homero, brisa fresca, paisaje de gaviotas y esquivas nubes, donde además de seguir cultivando las letras, desarrolló una labor social con personas de la tercera edad, para quienes recogía ropa, medicinas, comida y organizaba actividades de entretenimiento. Pero los años, que no se detienen, empezaron a pasar cuenta de cobro. A pesar de su vida sana se le produjo un deterioro auditivo hasta perder definitivamente el oído. El mundo entonces se le llenó de silencios; tenía la poesía, afortunadamente, para llenarse de vida y oír lo inaudible. Vino el enfrentamiento con su EPS para que le reconocieran unos audífonos, lo que al fin logró. En el entretanto, aprendió a leer los labios. En sitios públicos de la ruidosa cotidianidad cartagenera, se despojaba de esos adminículos y dialogaba normal, sin oír, fijando sus ojos en los labios del interlocutor. Cuando empezó a sentir que su salud se debilitaba decidió volverse a la fría oscura ciudad de sus primeros años buscando mejor atención médica y hospitalaria. Una operación le ayudó a prolongar sus días. Aquí lo vimos y compartimos espacio en la Filbo y en otras ocasiones “tinteamos” hasta que llegó la noticia que no queríamos. El 12 de julio del 2020 una trombosis cerebral se lo llevó para siempre.

Su poesía, de estructura breve y versos precisos, es compleja, llena de símbolos, recuerda a los poetas herméticos italianos y en algunos momentos a sus admirados Mallarmé y René Char." No es, pues, poesía para declamar, y mucho menos en voz alta con despeinada y todo; no, es poesía solitaria, que, de manera tranquila, sin dársele nada, no se preocupa por arrancarle ninguna lágrima a nadie", afirma el profesor Otto Ricardo Torres. Un adiós al poeta que deja entre nosotros sus libros y recuerdos.

Ahora, que hablen sus poemas, mientras su recuerdo habla en nuestra memoria.

 

BOCAS MUERTAS

Bocas muertas:

 

atraen

aves y felinos no nacidos.

 

(La  luna de los objetos, 2007)

 

El COLOR DEL COBRE

El color del cobre

envejecido por el habla

 

ha quemado un rostro

el mío

 

tan considerado

notorio por el violento precipicio

 

de los ojos

y perdido

 

como aguja primordial

en un invierno

que avanza

 

al abrigo

de

 

las cortaduras.

 

BURKA UNO

Detrás del místico

laberinto

 

la oscuridad sin falta.

(Plasma, 2010)

 

ENTREGO LA PAZ

de mi verdugo

su ojo abierto, sin dormir,

su ojo

que jamás ha muerto y decidido

 

prefiere

ver

en mí.

 

OFICIO DE BLANCO NATURAL

Escribo.

 

La necesidad es disolver

todo papel

 

    en blanco natural.

 

Roberto Montes Mathieu

Acerca del autor: Escritor y abogado nacido en Sincelejo (Sucre). Director del Magazín del Caribe. Ha publicado entre otros, los libros: El cuarto bate, (cuentos), Tap tap (minicuentos), Para qué recordar (novela), Maestros del acordeón (crónicas noveladas), Cantantes y compositores del Caribe colombiano (crónicas) y La muerte mira a encontrarte (Cuentos).

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