Literatura

Dos poemas para matar el tedio

Diógenes Armando Pino Ávila

28/02/2025 - 04:30

 

Dos poemas para matar el tedio

 

La muchacha de las palomas

Te miraba por encima de las mesas

Y sentía que se turbaba tu mirada,

Creí ver encendidas de rubor tus tersas mejillas,

Y esbozar nerviosa esa sonrisa que te hacía bella.

 

Mirando tu turbado rostro

Le asociaba con la calma que precede la tormenta,

Mar en calma con viento quieto,

De dormidas olas y rumor suave.

 

Te levantaste de la mesa donde bebías tu refresco

Y con decido paso sorteaste mesas y sillas,

Te acercaste a mí apoyando tus manos de cuidadas uñas

Sobre mi mesa,

 Inclinaste tu palpitante y busto ante mis asombrados ojos

y con esa voz dulce que presentía y no conocía,

Preguntaste mi nombre,

Te respondí extrañado,

Dijiste que habías leído mis cuentos

Y que escuchaste algunos de mis poemas

en el recital de luna llena,

me pediste un libro, abrí mi mochila arahuaca

signada por cabalísticos dibujos de esperanza,

saqué mi libro y te lo entregué.

 

Te inclinaste más y me pediste que lo firmara

Al inclinarte, vi asomadas

al borde del acantilado de tu profundo escote,

Dos palomas tiernas de picos rosados

Dispuestas a volar en busca de la libertad.

Tembló, no solo la mano que firmaba el libro,

Tembló mi corazón, tembló mi alma.

 

Dijiste gracias y me diste un cálido apretón de mano

Donde palpitaba la vida, la carne y el deseo de libertad.,

Abandonaste el café bajo mi mirada asombrada.

Desde entonces sigo cautivo de esa visión

Y por las tardes, me siento en la misma mesa del viejo café,

Con la esperanza de tener la inmensa fortuna

de ver de nuevo esas palomas,

 

Génesis

Palabras, gestos, acciones, lecturas, miradas

Las hay que se meten bajo la piel

Y horadan profundo

Hasta llegar al alma.

Palabras, gestos, acciones, lecturas, miradas

Que se agazapan dentro

Aferradas a sentimientos diversos.

 

Palabras, gestos, acciones, lecturas, miradas

Que nunca olvidan su vocación viajera

Que solo nos toman como estación

De reposo para un largo peregrinaje.

 

Palabras, gestos, acciones, lecturas, miradas

Aves canoras de aletear sonoro

Que habitan un tiempo en nuestra alma

Como tomando aliento

Para emprender su vuelo

Hacia otras estaciones que le esperan

En su eterno peregrinar.

 

Palabras, gestos, acciones, lecturas, miradas

Emplumadas de metáforas de mil colores

Que emprenden su vuelo convertidas en versos

En busca de una nueva piel

Para horadar hasta el alma

Empollar ahí y levantar de nuevo su raudo vuelo

En nuevos versos, nuevos cantos

Peregrinaje eterno de la palabra

esencia de la poesía

razón de ser del poeta que la persigue.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

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