Literatura
Adolfo, el hijo del viejo Miguel

Mercedes Anillo enfermó repentinamente. Preocupada, consultó a diversos médicos en San Jacinto, y a curanderos empíricos desde San Juan Nepomuceno hasta Cartagena de Indias, pero no halló alivio. Falleció pronto, dejando huérfano a su hijo de siete años cumplidos.
Miguel Pacheco reflexionaba sobre quién podría inculcar rectitud y conocimiento en el joven Adolfo. Recordó que el colegio más riguroso y respetado de todo el Caribe era el fundado por el maestro José Rodríguez. A esa institución acudían a formarse los muchachos más indisciplinados y rebeldes, y con el tiempo, la enseñanza implementada por el profesor invariablemente rendía frutos. El maestro había investigado códices y papiros en diversos lugares del mundo, buscando textos relacionados con el disciplinamiento de la mente. Su objetivo era fomentar la creatividad, la urbanidad, los valores y la plena integridad del ser humano.
Basado en estos principios, lograba moldear a sus alumnos y convertirlos en individuos de servicio para su comunidad y familia. Se transformaban en excelentes bachilleres, apasionados por las artes, las matemáticas y las ciencias.
El prestigio del colegio del maestro Rodríguez se extendía de pueblo en pueblo, especialmente entre las familias notables del Caribe. Si detectaban a algún joven con un carácter difícil, lo trasladaban a las afueras de San Jacinto, donde sería formado como un hombre íntegro y de conducta irreprochable. Adolfo no fue la excepción. Allí aprendió el secreto de la poesía, a conjugar verbos y a comprender el Teorema de Pitágoras.
Eliécer Jiménez
@drjimenez1a
Sobre el autor
Eliécer de Jesús Jiménez Carpio
Juglares, Espantos y Aparatos
Eliécer de Jesús Jiménez Carpio nació en el Caribe colombiano, en el municipio de Ariguaní (Magdalena). Inició su formación académica en la fría Santa Fe de Bogotá y la culminó en la alegre Barranquilla. Posteriormente, se trasladó a México para realizar sus estudios profesionales, donde se desempeña como odontólogo especialista en Ortodoncia, Prótesis e Implantes Dentales. Además de su labor en odontología, es un poeta de la vida, un pescador de historias y un escultor de paisajes llenos de realismo mágico. Su inspiración proviene de realidades universales que moldea en el jolgorio del paisaje caribeño. Ha escrito once libros, de los cuales cinco han sido publicados por Editorial Ibañez: Cuentos del Tucurinca, Crónicas del Ariguani, Guille La Prostituta, Historia de Piaches, Juglares Espantos y Aparatos; numerosos pensamientos, crónicas, ensayos y cuentos cortos que trascienden la dialéctica y reflejan la cotidianidad, la magia y el folclore. Es el presidente fundador del Festival Vallenato de Monterrey, que cuenta con doce ediciones. Asimismo, ha participado como conferencista internacional en temas como el folclore colombiano, la motivación personal, diversas áreas de la odontología y la Diabetes. Ha sido invitado a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y Monterrey (México), así como en Bogotá (Colombia). Además, es miembro y embajador plenipotenciario del Parlamento de Escritores de la Costa en Cartagena (Colombia), destacándose también como promotor cultural gastronómico y deportivo.
0 Comentarios
Le puede interesar
Eduardo Galeano, un gigante de las letras latinoamericanas
El lunes 13 de abril de 2015, Latinoamérica quedó huérfana de una de sus mayores figuras literarias de la segunda mitad del sigl...
Lo sagrado y lo profano en el espacio macondino (III)
"Su resuello de dragón multicéfalo impregnó de un vapor pestilente la claridad del mediodía". En las tradiciones orales europeas, ...
Un viejo llamado Emiliano (2)
Emiliano Zuleta Baquero acababa de conocer a quien, más tarde, el destino convertiría en su compadre: Rudecindo Daza. Juntos empr...
La nave de la lectura y el viaje fantástico por el mundo
Tener un libro en las manos y una buena imaginación es la mejor manera de emprender viajes fantásticos por todo el planeta, conocie...
Luceros de Callejón
No pelee con los años, me dijo el viejo Antonio, ellos se van encargando de sacudirlo todo. Con los años no se puede ni discutir ...










