Literatura
Un viejo llamado Emiliano (2)

Emiliano Zuleta Baquero acababa de conocer a quien, más tarde, el destino convertiría en su compadre: Rudecindo Daza. Juntos emprendieron el viaje desde El Plan hacia San José de Oriente, espoleados por la urgencia de los buscadores de tesoros líquidos. Su misión era simple pero vital: hallar, en el fondo de un alambique clandestino, el chirrinchi sagrado que habían prometido para la parranda. Mientras tanto, en otro punto del mapa, Toño Salas se encargaba de la búsqueda de los chivos.
Montaban dos mulos gordos, recién amansados, que resoplaban bajo el sol del Cesar. No querían que la noche los sorprendiera en el camino a Manaure; los festejos debían comenzar con el primer rastro de luz.
Allí, entre el polvo y el aroma a destilado, Julia Bula casamentera de oficio y vocación— ya tendía sus redes. Había elegido a su prima como pieza maestra de su próximo acierto: Pureza del Carmen Díaz Daza. A sus diecinueve años, Carmen no solo caminaba; reinaba con un porte y una altivez que detenían el tiempo. Julia tenía la mirada puesta en aquel músico que, apenas seis días atrás, había escuchado cantar en El Plan.
Tras presentarlos, la celestina se retiró con una sonrisa cómplice. La vaina se puso buena. Carmen y Emiliano cayeron, casi sin resistencia, en la trampa luminosa del enamoramiento.
Sin embargo, la noticia no tardó en chocar contra el muro de Tomás Daza. Para él, la música era un presagio de desgracias y por eso había proscrito los acordeones de su estirpe. El mismo Tomás había silenciado el instrumento, ese cómplice de villanías que solía convertir el amor en una falacia. María Díaz, por su parte, no era más benevolente: "Es oficio de ajumados y maridos peregrinos", sentenciaba.
Bajo esa sombra, Carmen le impuso a Emiliano la condición definitiva: para ser su esposo, debía renunciar a las parrandas y a ese espíritu errante que lo habitaba. Él, poseído por una fiebre que no era de viaje sino de piel, le prometió alejarse de la música sin vacilar.
Carmen aceptó. Se casaron un miércoles de octubre bajo la bendición del Padre Joaquín, quien llegó a la ceremonia con el aliento corto y el tiempo justo, pues un velorio en Los Robles casi le arrebata la oportunidad de sellar aquel pacto de silencio musical.
Eliécer Jiménez
@drjimenez1a
(Publicado en la obra “Juglares Espantos y Aparatos”)
Sobre el autor
Eliécer de Jesús Jiménez Carpio
Juglares, Espantos y Aparatos
Eliécer de Jesús Jiménez Carpio nació en el Caribe colombiano, en el municipio de Ariguaní (Magdalena). Inició su formación académica en la fría Santa Fe de Bogotá y la culminó en la alegre Barranquilla. Posteriormente, se trasladó a México para realizar sus estudios profesionales, donde se desempeña como odontólogo especialista en Ortodoncia, Prótesis e Implantes Dentales. Además de su labor en odontología, es un poeta de la vida, un pescador de historias y un escultor de paisajes llenos de realismo mágico. Su inspiración proviene de realidades universales que moldea en el jolgorio del paisaje caribeño. Ha escrito once libros, de los cuales cinco han sido publicados por Editorial Ibañez: Cuentos del Tucurinca, Crónicas del Ariguani, Guille La Prostituta, Historia de Piaches, Juglares Espantos y Aparatos; numerosos pensamientos, crónicas, ensayos y cuentos cortos que trascienden la dialéctica y reflejan la cotidianidad, la magia y el folclore. Es el presidente fundador del Festival Vallenato de Monterrey, que cuenta con doce ediciones. Asimismo, ha participado como conferencista internacional en temas como el folclore colombiano, la motivación personal, diversas áreas de la odontología y la Diabetes. Ha sido invitado a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y Monterrey (México), así como en Bogotá (Colombia). Además, es miembro y embajador plenipotenciario del Parlamento de Escritores de la Costa en Cartagena (Colombia), destacándose también como promotor cultural gastronómico y deportivo.
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