Literatura
La mirada de Humilda, de Alonso Sánchez Baute

En otra vida fui ingeniera de minas y tuve un perro: Lex. Sí, se llamaba así, como el archienemigo de Superman. Era un labrador negro, regalo de Navidad de un amigo. Lo amé desde que lo tomé en mis manos.
Cuando Lex llegó, yo estaba desempleada, así que pasábamos mucho tiempo juntos. Meses después comencé a trabajar en una mina de carbón a cielo abierto, cerca de la casa de mis padres, en Becerril. Me ausentaba siete días y regresaba para quedarme tres o cuatro.
Lex creció sano y lleno de vida. Un día, mientras paseábamos y él se lanzaba a nadar en la acequia del pueblo, noté que algo no iba bien. Al día siguiente, viajamos temprano a Valledupar; el veterinario diagnosticó cálculos urinarios. Inició un tratamiento, pero no mejoró: dejó de comer, de jugar, dormía más de lo normal.
El descanso terminó y debí volver a la mina. Intentaba concentrarme en el trabajo, pero solo pensaba en Lex. Mi madre lo cuidaba y yo llamaba muchas veces al día para saber de él. Presentía que se iría, así que pedí permiso para ir a verlo. Cuando llegué a casa, fui directo al patio. Al oír mi voz, él se levantó y vino a recibirme, aunque apenas podía sostenerse. Supe entonces que tal vez era la última vez que lo vería con vida.
Volví al trabajo en la madrugada. A las diez de la mañana, mi madre me llamó; no hizo falta que dijera nada: escuché su llanto al otro lado de la línea. Lex había muerto. Mis compañeros, al verme quebrada, me preguntaron qué había pasado y, cuando respondí que había muerto mi perro, se mostraron desconcertados. Nadie comprendía lo que significaba para mí.
Pude despedirme de Lex: lo enterré en el patio de casa, bajo el árbol de mango. No me arrepiento de haber pedido permiso para volver a tocar sus orejas y sus patas, y agradecerle todo el amor que nos dio. Al leer La mirada de Humilda, sentí consuelo. Tuve la certeza de que no he sido la única que ha amado tanto a un animal como para llorarlo por días y recordarlo el resto de la vida.
Alonso Sánchez Baute, escritor nacido en Valledupar, ha sabido moverse con naturalidad entre la literatura y el periodismo. Su voz, siempre sensible y honesta, ha explorado temas como el conflicto, la memoria, el deseo y la ternura. Es autor de Al diablo la maldita primavera —Premio Nacional de Novela 2002—, Líbranos del bien (Alfaguara, 2008), Leandro (Seix Barral, 2025) y ¿De dónde flores, si no hay jardín? (Alfaguara, 2015), entre otros títulos. Sánchez Baute combina la mirada del cronista con la del narrador que se atreve a revelar lo íntimo.
La mirada de Humilda (Seix Barral, 2022) es una historia de amor y gratitud hacia la perra que estuvo a su lado durante catorce años. La obra recorre las vivencias de Humilda a lo largo de ese tiempo junto a Congolocho —como ella llama a su humano— mediante una estructura narrativa alternada. Los capítulos se intercalan entre dos voces en primera persona: por un lado, la del personaje ficcionalizado de Sánchez Baute y, por otro, la de Humilda, cuya perspectiva resulta una de las más tiernas y emotivas de toda la obra. El libro inicia con el relato del encuentro entre ambos, momento desde el cual se perfila el carácter de la perra: “Era, a todas luces, una cachorra saludadora, hospitalaria, confiada, valiente y curiosa. Ya era lo que iba a ser. Lo que luego fue. Lo que fue siempre”. Ese primer contacto se presenta como un amor a primera vista: “Un disparo directo al estómago, a lo más profundo de mi ser”.
En su forma de narrar, el libro adopta dos registros diferenciados pero complementarios. Mientras la voz humana reflexiona desde la memoria y la experiencia, la perspectiva animal se construye a través de un lenguaje sencillo, cotidiano y afectuoso, que no por ello carece de hondura emocional. Al contrario, la aparente ingenuidad de Humilda genera un contraste poderoso con la carga emotiva que transmite, como se evidencia en pasajes donde el miedo, la tristeza o la incertidumbre se expresan de forma directa y sensorial: “En esos días me despertaba a medianoche… me asomaba al balcón y hasta las luces me parecían tenebrosas”.
La mirada de Humilda es ante todo un ejercicio de memoria, en el que una voz íntima evoca y elabora la pérdida, explorando el vínculo afectivo entre Sánchez Baute y su perra. También es un ensayo personal, pues el autor introduce reflexiones sobre las virtudes de los animales, el amor hacia las mascotas —un amor que no necesita justificación— y dialoga con diversas fuentes para construir una tesis propia. Finalmente, puede leerse como narrativa testimonial: aunque no se trata de ficción, emplea recursos narrativos —escenas, descripciones, ritmo, caracterización— que dan vida a la experiencia y la acercan al relato literario.
Un aspecto interesante es que el autor cuenta detalles de su vida como escritor: las dificultades económicas que atravesó; los procesos para encontrar el nombre de sus libros, como cuando afirma: “Mi mente patinó y, en lugar de leer «líbranos del mal», leyó «líbranos del bien», y ya no tuve que volver a pensar el título del libro que acababa de terminar, porque esas tres palabras lo resumían”; y también cómo sufrió una fuerte depresión después de terminar una serie de crónicas sobre un programa para la superación de la pobreza y la generación de ingresos sostenibles, para el cual lo había contratado una entidad del Estado. También reconstruye el papel que Humilda cumplió como sostén en esa crisis: “Saltaba a la cama y, si yo estaba recostado, se echaba sobre mi pecho en una actitud que yo entendía como «estoy contigo», y si estaba sentado, ponía su cabeza sobre una de mis piernas —con la sal de mis ojos cayendo sobre ella— y me lamía la mano”.
El lector ideal de La mirada de Humilda es aquel que ha tenido o tiene una mascota; quien la perdió encontrará en este libro consuelo, descubrirá que no está solo en el duelo, que no es el único que ha sentido la ausencia y el dolor de despedir a un amigo de otra especie. Y quien aún la tiene reconocerá en estas páginas ese amor universal —tan profundo y sincero, como el que se siente por los hijos, un amigo o un compañero de vida— que se teje en los gestos cotidianos, en la presencia compartida y en el silencio que también dice “te quiero”.
La mirada de Humilda me reconcilió con la idea de la pérdida. Entendí que el amor que nos dan los animales no se acaba: se transforma. Lex sigue conmigo, como Humilda sigue junto a Alonso, en esa presencia silenciosa que permanece más allá del tiempo y las palabras.
Emma Claus
Sobre el autor
Emma Claus
Mientras Hannah duerme
Nació en Becerril, Cesar. Vive en Alemania. Se graduó en ingeniería en minas, pero la literatura siempre le habló al oido, al final, la escuchó y aún siguen conversando. Empezó a escribir a los diez años. La poesia ha estado en su vida desde el principio, tanto que tiene cuatro poemarios sin editar en orden de creación: Principios (1990-1998), Cuando duermo (1999-2001), El forjador y otras odas (2002-2006) y Nuestro secreto (2007-2010). Algunos de sus textos fueron incluidos en los libros “Antología para amarte Uno”,” Antología para amarte dos” de la fundación Siembra, en Sogamoso, Boyacá y en antología de la Revista de arte y cultura en Tunja, Boyacá. En 2020, publicó de la mano de la editorial independiente Calixta su primera novela “Siempre bajo la lluvia”.
Es una apasionada de las buenas novelas y de la literatura colombiana, por eso dedica parte de su tiempo a escribir reseñas, así motiva su lectura y la divulgación de escritores colombianos. Todo inicia con el nacimiento de su hija Hannah y el único tiempo que tenía para escribir y leer era mientras ella dormía, de allí, el nombre de esta columna: Mientras Hannah duerme.
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