Literatura
Lo que aprendí del sexo después de sentarme a llorar, de Patrizia de Jesús Castillo Torres

Uno de los temas que abordo en Siempre bajo la lluvia, mi primera novela, es el deseo femenino. Como tantos autores, partí de lo vivido —lo propio y lo prestado— y dejé que la ficción hiciera el resto: completar espacios en blanco, torcer recuerdos, decir aquello que no me atrevía a llamar con nombre propio. Aun así, lo hice desde un lugar resguardado, evitando exponerme por completo a la mirada crítica.
Lo que hace la autora de Lo que aprendí del sexo después de sentarme a llorar, en cambio, se sitúa en otro plano: uno más personal y arriesgado. En esta antología híbrida, dividida en cuatro partes, conviven dos registros que se potencian entre sí. Por un lado, artículos de opinión sobre el sexo y su vital importancia en la cotidianidad, escritos con una voz auténtica y con mucho humor; por otro, relatos de ficción donde despliega recursos narrativos que nos sitúan dentro de la escena, respirando el mismo aire, con una cercanía que roza la piel.
Su artífice es Patrizia de Jesús Castillo Torres, comunicadora social y periodista, quien inició su carrera en El Universal de Cartagena y ha complementado su formación con estudios en Relaciones Internacionales e Historia del Arte. También es autora de Manual para amarte como nadie lo ha hecho jamás (2020), Matemáticas: Poemas para corazones rotos (bestseller en Amazon, 2021) y Nuevas rutas para lugares remotos (Clu Editores, 2024).
Basta con el título para despertar la curiosidad, incluso del lector más esquivo. Y una vez dentro, lo que encontramos es un espejo fragmentado: momentos en los que nos reconocemos, otros en los que dudamos o incluso nos resistimos. Hay escenas que incomodan, otras que divierten, pero todas responden a una misma pulsión: mostrar el sexo como un lenguaje, una forma de existir profundamente individual y, al mismo tiempo, inevitablemente compartida con otro.
El diseño del libro me recuerda a una filigrana: una joya construida con una técnica minuciosa, donde cada texto funciona como uno de esos hilos delicados que, al unirse con precisión, sostienen una estructura compleja y armónica. La obra abre con “Detalles privados” y se cierra con “Mi patrimonio de heridas”, dos elementos narrativos que enmarcan el conjunto como si fueran los bordes de una pieza, conteniendo y dando equilibrio al entramado interior.
Centraré mi reseña en los cuentos que articulan las cuatro partes del libro, así como en los que lo abren y lo cierran, pues la riqueza de su contenido excede los límites de este espacio.
“Detalles privados” es el relato que inaugura la obra y define su tono, con una prosa elegante y sutilmente irónica. Castillo Torres convierte una situación en apariencia trivial en una exploración lúcida del deseo femenino, la autonomía del cuerpo y el valor simbólico de los pequeños rituales íntimos.
La primera parte: El sexo y sus intrincadas facetas
“Cierre” presenta la relación en ruinas entre Renza y Fabio, donde el sexo surge como desahogo, violencia desplazada y último gesto antes de la ruptura definitiva. Lejos de celebrarlo, la historia lo problematiza: no se focaliza en la pasión y, por el contrario, dirige la atención hacia la degradación del vínculo amoroso. Así, clausura la primera parte de la antología mostrando la cara más oscura del deseo, aquella en la que los cuerpos se unen cuando el amor ya se ha extinguido.
Segunda parte: Viejas…
En “Confesión”, el eje es la frustración del deseo frente a la falta de tiempo para vivirlo plenamente. Aquí, el sexo aparece como anhelo de presencia total del otro: cuerpo, alma, respiración, contacto. El conflicto se sitúa en la falta de espacio para vivir el amor con intensidad y no en su ausencia.
“Sucede” afronta uno de los temas recurrentes del libro —el deterioro del amor en la pareja—, pero desde la perspectiva del arrepentimiento masculino y el deseo no correspondido. Lorenzo anhela volver con Miucia, pero el conflicto no radica en el sexo; su núcleo está en el tiempo perdido y el daño acumulado.
Tercera parte: El sexo: una putería en pareja
“Ganas” expone la contradicción entre el deseo físico y la incapacidad emocional para concretarlo. Tras una ruptura, Claudia busca un encuentro sin compromiso con Arturo, pero en el momento decisivo emerge una fractura interna que desenmascara que la libertad sexual no siempre implica libertad interior.
En el microcuento “Tregua” se dibuja la intimidad cotidiana dentro de una relación. En este relato no existe el drama ni la tensión, más bien hay complicidad en la pareja, humor dentro del sexo, la imperfección del encuentro sexual y la aceptación del otro.
“Tarde” muestra el desgaste en la pareja y la imposibilidad de reparar el amor una vez hecho el daño. Más que el deseo, el eje es el tiempo y el arrepentimiento: un gesto tardío —llevar café— intenta recuperar lo perdido, pero evidencia su inutilidad. La noción de “saudade” condensa la emoción dominante, y el cierre lo confirma: las huellas del pasado no se borran; la página nunca vuelve a estar en blanco.
El tema clave de “Recreo” es la liberación personal a través de la pasión. Lisa busca romper con la rutina y el control que marcaban su relación con Ray, y el encuentro con Felipe se convierte en una vía para recuperar su autonomía y el placer.
En contraste con otros cuentos del libro, donde el sexo está atravesado por el conflicto, aquí se presenta como experiencia de descubrimiento y juego. Lisa no es objeto del deseo, sino sujeto activo que elige participar en él.
Cuarta parte: Desde el tintero
“Comodín” exhibe la inseguridad corporal femenina frente a la mirada masculina y la brecha entre cómo la mujer percibe su cuerpo y cómo cree que es deseado, en la que un momento de plenitud se transforma en duda.
“Mi patrimonio de heridas” revela la educación represiva, la culpa religiosa, la pérdida de la virginidad y la evolución del deseo, mostrando la experiencia sexual como vía de autoconocimiento.
De tono confesional, culmina con una frase esclarecedora —“Por eso escribo”— que sugiere la escritura como forma de procesar y dar sentido a ese recorrido.
En definitiva, Lo que aprendí del sexo después de sentarme a llorar no solo nos desplaza como lectores, también nos deja frente a una intimidad que incomoda e interpela, y que expone, sin concesiones, nuestras propias tensiones: entre el deseo y la culpa, entre la entrega y la resistencia, entre lo que hacemos visible y lo que insistimos en ocultar. En ese cruce con el otro no hay reflejos complacientes, más bien zonas que preferiríamos no reconocer, y es justamente ahí donde la obra encuentra su mayor fuerza.
Emma Claus
Sobre el autor
Emma Claus
Mientras Hannah duerme
Nació en Becerril, Cesar. Vive en Alemania. Se graduó en ingeniería en minas, pero la literatura siempre le habló al oido, al final, la escuchó y aún siguen conversando. Empezó a escribir a los diez años. La poesia ha estado en su vida desde el principio, tanto que tiene cuatro poemarios sin editar en orden de creación: Principios (1990-1998), Cuando duermo (1999-2001), El forjador y otras odas (2002-2006) y Nuestro secreto (2007-2010). Algunos de sus textos fueron incluidos en los libros “Antología para amarte Uno”,” Antología para amarte dos” de la fundación Siembra, en Sogamoso, Boyacá y en antología de la Revista de arte y cultura en Tunja, Boyacá. En 2020, publicó de la mano de la editorial independiente Calixta su primera novela “Siempre bajo la lluvia”.
Es una apasionada de las buenas novelas y de la literatura colombiana, por eso dedica parte de su tiempo a escribir reseñas, así motiva su lectura y la divulgación de escritores colombianos. Todo inicia con el nacimiento de su hija Hannah y el único tiempo que tenía para escribir y leer era mientras ella dormía, de allí, el nombre de esta columna: Mientras Hannah duerme.
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