Literatura
García Márquez: entre la geografía real y la memoria del Caribe

Si algo caracteriza al hombre del Caribe colombiano, es su desenfado, su alegría desbordante en todo momento, al punto de tomar la vida con la mamadera de gallo muy propia de nuestros ancestros de tamboras, cumbias, bullerengues y otros bailes cantaos que desde siempre alegraron la vida en nuestro territorio. Otro rasgo que nos caracteriza es el de ser creadores de fantasía, de relatos, de adornar la realidad con creación personal y de grupo.
La otra particularidad es buscar una conexión de episodios, relatos, momentos del presente con el pasado, que nos haga sentir parte de la historia, pareciera que siguiéramos a famosa frase de Steve Jobs el creador de Apple, "No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes conectarlos mirando hacia atrás", pronunciada en Stanford en 2005. Si, así somos, buenos narradores de historia, inventores de las mismas con algo de ego inflamado, pues queremos estar en los momentos decisivos con los personajes decisivos, para ello apelamos a la capacidad narrativa y creadora de relatos.
¿A que viene esta perorata? En que leyendo la vida de Gabo encontramos que: Llegó a Bogotá en 1943, con apenas 16 años, tras haber cursado parte de su secundaria en la Costa Caribe. Ingresó al Liceo Nacional de Zipaquirá, un internado oficial ubicado en ese municipio cercano a Bogotá. Allí terminó sus estudios de bachillerato graduándose de bachiller en 1947. ya graduado, se traslada a Bogotá propiamente dicha. Y matricula en la Universidad Nacional de Colombia para estudiar Derecho, carrera que abandonaría pocos años después. Con el país incendiado por la muerte de Gaitán y el Bogotazo abandona la capital.
Tras abandonar sus estudios de derecho y fuera de la capital, atraviesa una etapa de inestabilidad. En esos años (1948 y 1950), sobrevivió como vendedor de libros por suscripción, he hizo trabajos ocasionales, buscando como sostenerse en ese apretón que le dio la vida. Fue un periodo breve —dos años, no más— antes de encontrar tierra firme cercana su inclinación literaria.
Esa tierra firme fue el periodismo. Entre 1950 y 1951, García Márquez estaba vinculado a El Heraldo de Barranquilla, poco después a El Espectador, es en estos periódicos donde, con la disciplina diaria de escribir se forja como escritor, contrario al relato que quiere ponerlo como aprendiz de escritor vendiendo libros en forma ambulante por los pueblos remotos del Caribe colombiano donde no había un nutrido público lector, pero mediante relatos lo ponen a parrandear en algunos sitios de la geografía haciéndose el escritor excelso que logró ser años más tarde.
Después de barranquilla, la historia conocida: Europa, el regreso a América y, desde el año 1965, se residencia en Ciudad de México. Allí escribió Cien años de soledad. Allí se publicó en 1967. Allí, a partir de 1968, comienza su dimensión de fenómeno literario que hizo posible la transformación de la literatura latinoamericana. Y es desde allí donde, hacia 1968, comienza a proyectarse como una figura central del llamado Boom. La pregunta es: ¿Estuvo en Valledupar vendiendo libros? Y después de este periplo por Europa y México, volvió a Valledupar en 1968 a impulsar una fiesta religiosa para que fuera acompañada por acordeoneros por petición de Alfonso López. ¿Significa esto que Valledupar —y, en general, el antiguo Magdalena Grande— queda por fuera de su universo?
Al contrario. Aquí hay que hilar despacio, sin relato, sacando del contexto mitológico a este hombre grande, porque Gabo no necesita haber estado de cuerpo presente en ningún lugar del Caribe, su relación y dimensión de hombre caribe es más profunda que la geografía y las anécdotas y relatos, su relación se da en el lenguaje, en el ritmo, hace parte de la memoria, en su manera de narrar parecida a la de los campesinos, cantadores de tambora, de cumbias, de vallenatos, de bullerengues (Brígida Maldonado, Pacha Gamboa , Eriberto Pretel, Benito Barros, Julio Erazo, Rafel Escalona), y otros que narran en sus cantos pasajes de la cotidianidad costeña. Todos ellos tienen una cercanía con Gabo o Gabo con ellos por esa forma de narrar tan particular y mágica en sus cantos, con la misma naturalidad con que en Macondo se cuentan hechos extraordinarios.
Entre 1965 y 1970, García Márquez no caminaba —hasta donde sabemos— las calles de Valledupar. Pero caminaba algo más vasto: la memoria de una región que no se deja encerrar en mapas. Una región donde las historias se cantan, donde el tiempo se repite y donde la realidad, como en sus novelas, siempre guarda un lugar para lo improbable. Tal vez por eso seguimos buscándolo en cada pueblo. No porque haya estado allí, sino porque, de alguna manera, nunca se fue.
Diógenes Armando Pino Ávila
Sobre el autor
Diógenes Armando Pino Ávila
Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).
1 Comentarios
Excelente artículo estimado Diógenes Felicitaciones
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