Literatura

África también se narra con una cerveza en la mano

Ramiro Elías Álvarez Mercado

08/06/2026 - 06:15

 

África también se narra con una cerveza en la mano
Chema Caballero, autor del libro El bebedor de cerveza / Foto: cortesía

 

Hay libros que cuentan un viaje y hay viajes que terminan convirtiéndose en libros. Pero existen otros, más escasos, que terminan siendo un espejo donde el lector descubre que también ha estado viajando sin saberlo. Eso sentí al leer el texto de Johari Gautier sobre “El bebedor de cerveza”, de Chema Caballero, en PanoramaCultural.com.co.

A primera vista, el título parece prometer una colección de anécdotas alrededor de una bebida. Sin embargo, tanto el libro de Caballero como la reseña de Gautier nos recuerdan que la cerveza es apenas una excusa. Un pretexto humano. Una llave que abre conversaciones, derriba prejuicios y permite entrar en territorios que rara vez aparecen en los titulares de prensa.

Me quedo con una idea central: el libro no habla solo de cerveza; habla de cómo mirar África de frente y sin estereotipos. Durante demasiado tiempo, Occidente observó a África como quien mira un horizonte lejano desde la comodidad de un balcón: viendo la distancia, pero ignorando la profundidad. Hambre, guerras, epidemias y pobreza terminaron convirtiéndose en las únicas palabras que parecían definir a un continente inmenso y diverso. Lo valioso de la mirada de Chema Caballero es precisamente la ruptura de ese viejo cristal. Nos muestran un África viva, urbana, joven, creativa y en permanente transformación.

Me gusta que Johari Gautier se haya detenido en esa imagen de la cerveza y la rumba congoleña como “hermanas gemelas”. Es justo ahí donde Chema Caballero logra lo que Gautier celebra: contar el continente desde lo cotidiano, desde lo que se comparte en una mesa, en un bar, en un ritmo que cruzó el Atlántico y volvió a casa.

La cerveza aparece entonces como un símbolo profundamente humano. No es el alcohol lo importante, sino el acto de compartir. Desde tiempos remotos, las bebidas han acompañado los relatos, las confesiones, las celebraciones y los duelos. Alrededor de una mesa se derrumban las máscaras y surge la conversación auténtica. Tal vez por eso cada cerveza mencionada en el libro termina siendo una puerta hacia una historia distinta y hacia una comprensión más amplia de la condición humana.

Pero quizá el mayor mérito de esa mirada sea recordarnos que los pueblos no se conocen únicamente por sus conflictos, sus estadísticas o sus tragedias. También se conocen por sus celebraciones, por sus canciones, por aquello que comparten cuando cae la tarde y la conversación se hace más humana. A veces una cerveza cuenta más de una sociedad que un informe; a veces una melodía revela más de un pueblo que un titular de prensa.

La reseña de Gautier cierra con una pregunta que lo dice todo: “¿Ese bebedor de cervezas también es tremendo bailador?”. Esa pregunta desarma el retrato de África como postal en blanco y negro. Nos recuerda que detrás de la cerveza industrial que Caballero colecciona en sus viajes hay música, hay cuerpo, hay gente joven, urbana y femenina moviendo el continente.

Y es precisamente ahí donde el libro adquiere una dimensión más profunda. La cerveza deja de ser una bebida para convertirse en una excusa narrativa. Cada etiqueta, cada marca y cada brindis terminan siendo una puerta de entrada a historias de identidad, memoria, mestizaje y resistencia cultural. No se trata de recorrer un continente siguiendo mapas políticos, sino siguiendo las huellas que dejan las personas en sus encuentros cotidianos.

También me parece admirable que Gautier destaque el carácter introspectivo de la obra. Porque los verdaderos viajeros no son quienes acumulan kilómetros, sino quienes permiten que cada paisaje transforme algo dentro de ellos. Viajar no consiste únicamente en cambiar de geografía; consiste en cambiar de mirada. Y, en ese sentido, Chema Caballero parece haber comprendido una verdad esencial: nadie vuelve siendo el mismo después de escuchar con atención a los otros.

Como lector, valoro que Johari Gautier, quien ha dedicado años a la literatura y la cultura africana, no caiga en el elogio fácil. Señala lo que de verdad hace distinto el libro de Chema Caballero: no pretende vender África como mágica ni trágica, sino mostrarla como es, con sus historias, su música y su cerveza en la mano.

Esa honestidad tiene un valor enorme en una época acostumbrada a simplificarlo todo. Durante décadas, gran parte del mundo ha observado África desde la distancia, reduciéndola a una suma de problemas o a una colección de estereotipos. Sin embargo, la vida real siempre es más compleja, más rica y más interesante que cualquier caricatura. Por eso, resulta refrescante encontrar obras que hablen de la normalidad de la vida africana, de sus alegrías, de sus contradicciones y de esa extraordinaria capacidad que tiene la cultura para sobrevivir a cualquier dificultad.

Hay además una enseñanza que trasciende a África. El libro nos recuerda que los pueblos no pueden entenderse desde los estereotipos. Cada sociedad es un universo complejo de sueños, contradicciones, dolores y esperanzas. Cuando creemos conocer un lugar por lo que dicen las noticias, apenas estamos viendo la espuma; para comprenderlo hay que llegar hasta el fondo del vaso.

En tiempos en que la prensa sigue enfocada en guerras y enfermedades, un texto como éste, y un libro como “El bebedor de cerveza”, sirven para abrir los ojos. En su reseña, Gautier lo entiende y lo transmite sin pretensiones. Por eso su lectura se agradece: es la mirada de alguien que ya sabe que África no se entiende desde afuera, sino bailando con ella.

Quizás esa sea la mayor virtud de “El bebedor de cerveza”: invitarnos a beber menos prejuicios y más humanidad. A entender que detrás de cada frontera hay personas que aman, sufren, celebran y sueñan de una manera sorprendentemente parecida a la nuestra. Y que, al final, el viaje más importante no es el que nos lleva a otro continente, sino el que nos conduce fuera de nuestras propias certezas.

Porque los pueblos no se conocen únicamente por los grandes acontecimientos de la historia. También se conocen por aquello que comparten alrededor de una mesa, por las canciones que cantan, por las historias que cuentan y por los brindis que acompañan sus sueños. Quizá esa sea la enseñanza más hermosa que deja esta lectura: para comprender verdaderamente una cultura hay que escuchar su música, caminar sus calles y sentarse, aunque sea por un instante, a conversar con ella mientras levanta una cerveza y sonríe.

Porque hay cervezas que refrescan la garganta, pero hay libros que refrescan la mirada. Y cuando un libro logra eso, el viaje no termina al cerrar la última página: comienza dentro de quien la ha leído.

 

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Sobre el autor

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Una copa de folclor

Nacido en Planeta Rica, Córdoba, el 14 de octubre de 1974, radicado en Bogotá hace casi tres décadas. Amante de la lectura, los deportes, la escritura, investigador nato de las tradiciones, costumbres, cultura, música, folclor y gastronomía del Caribe colombiano. 

Estudió coctelería, bar, etiqueta y protocolo con dos diplomados en vinos y certificación de sommelier, campo profesional en el que tiene más de 20 años de experiencia. 

Escribe de manera empírica, sobre fútbol y otros deportes, vinos y todo lo relacionado con el tema, así como publicaciones en distintos medios sobre cultores de la música vallenata y de otras expresiones musicales que se dan en el Caribe colombiano. Sus escritos han sido publicados en distintos medios virtuales.

Desde temprana edad le ha gustado escribir, sin embargo, fue en Bogotá, muy lejos de su terruño, que se le despertó ese deseo incesante de recrear las semblanzas de personajes que han hecho un aporte significativo al vallenato y otras expresiones musicales de la Costa Atlántica de Colombia.

@RamiroEAM

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