Literatura
En el centenario de Blanca Varela

El 10 de agosto de 1926 nació en Lima, Blanca Leonor Varela, tal vez la mejor poeta latinoamericana de esa generación nacida alrededor de 1925: Rosario Castellanos, Ida Gramcko, Claribel Alegría, Maruja Vieira o Meira Delmar, por citar algunas.
Blanca se alejó de la lírica española y prefirió los elementos surrealistas franceses que conoció en París durante su matrimonio con el pintor Fernando de Szyszlo, “cuando todos los monstruos estaban vivos” (1), y la obra de su maestro Emilio Adolfo Westphalen, algo que abandonó por una poesía pictórica, de balbuceo, visual y de gran economía verbal.
Quienes la conocieron decían que era una mujer de voz suave, pero expresiva, de silencios que rompía con filos de palabras. No deja de ser crueldad y destino que en sus últimos años se sumiera en un silencio por la enfermedad, agravada por la trágica muerte de su hijo Lorenzo de Szyszlo en un accidente aéreo.
Su poesía fue alabada por la crítica y amada por fieles devotos. Estuvo en el Festival Internacional de Poesía de Medellín de 1995 e hizo una presentación en un barrio peligroso en esos años de violencia, y, como cuenta Adolfo Castañón en Letras Libres (2):
A la lectura asistieron unos encapuchados armados. Al final, uno de ellos se acercó y sacó de una bolsa otra, donde venía cuidadosamente envuelta la edición inconfundible de Canto villano que se había publicado en México. Era evidente que el libro había sido leído muchas veces. El encapuchado le pidió a Blanca que se lo firmara sin dedicárselo. Así lo hizo ella, y el hombre vestido de verde desapareció. Poco después vio acercarse a un estudiante sin máscara que llevaba en la mano el libro que Blanca acababa de firmar. Se despidió de ella con un beso y una sonrisa.
Quería publicar su primer libro con el título de Puerto Supe, cosa que rechazó Octavio Paz:
“Pero Octavio, ese puerto existe”.
“Ese es el título, Blanca”, cuentan que respondió Paz.
Ese puerto existe. Una bella analogía de su obra: su poesía como un puerto, es lugar de llegada, tránsito y salida:
Aquí en la costa tengo raíces,
manos imperfectas,
un lecho ardiente
en donde lloro a solas
(Puerto Supe)
Se cuenta que el poema Supuestos, que comparto, era uno de los favoritos de Mario Vargas Llosa.
SUPUESTOS
el deseo es un lugar que se abandona
la verdad desaparece con la luz
corre-ve-y-dile
es tan aguda la voz del deseo
que es imposible oírla
es tan callada la voz de la verdad
que es imposible oírla
calor de fuego ido
seno de estuco
vientre de piedra
ojos de agua estancada
eso eres
me arrodillo y en tu nombre
cuento los dedos de mi mano derecha
que te escribe
me aferro a ti
me desgarra tu garfio carnicero
de arriba abajo me abre como a una res
y estos dedos recién contados
te atraviesan en el aire y te tocan
y suenas suenas suenas
gran badajo
en el sagrado vacío de mi cráneo
Su obra es casi toda indispensable, pero es Canto villano (1986) un resumen de su poesía, que busca un efecto estético con un mínimo de palabras y figuras. A manera de confesiones, una narradora innominada relata una serie de vivencias (villanías) a un oyente. Confiesa su incapacidad de describir la realidad que siente y su impotencia al expresarlo:
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo
La misma autora era consciente de ello cuando dijo: “Es el libro del inconsciente, de lo que tú dices cuando no hay nadie, de los gestos que haces frente al espejo. Esas cosas terribles del monstruo que puedes ser”.
En este video podemos ver a Blanca Varela leyendo Canto Villano
CANTO VILLANO
y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato
observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío
rubens más cebollas
más lágrimas
tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente
emparedada
y el huesos del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo
es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne
mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos
Blanca Varela murió el 12 de marzo de 2009 en Lima; sus cenizas fueron arrojadas al mar en el balneario de Paracas, donde, en palabras de su familia, ella fue muy feliz. Como una llegada al puerto donde todo comienza, pero también donde todo termina, para levantar el vuelo al infinito.
Hay que acercarse a Blanca de nuevo, en internet hay muchas páginas sobre su obra.
Samuel Whelpley
Notas:
(1) Cruz, Juan, entrevista con Fernando de Szyszlo, “Cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos”, periódico El País, España, 28 de noviembre de 2005.
(2) https://letraslibres.com/revista-espana/blanca-varela-1926-2009-2/






