Literatura

En el centenario de Blanca Varela

Samuel Whelpley

26/08/2026 - 06:30

 

En el centenario de Blanca Varela
La poeta Blanca Varela / Foto: créditos a su autor

 

El 10 de agosto de 1926 nació en Lima, Blanca Leonor Varela, tal vez la mejor poeta latinoamericana de esa generación nacida alrededor de 1925: Rosario Castellanos, Ida Gramcko, Claribel Alegría, Maruja Vieira o Meira Delmar, por citar algunas.

Blanca se alejó de la lírica española y prefirió los elementos surrealistas franceses que conoció en París durante su matrimonio con el pintor Fernando de Szyszlo, “cuando todos los monstruos estaban vivos” (1), y la obra de su maestro Emilio Adolfo Westphalen, algo que abandonó por una poesía pictórica, de balbuceo, visual y de gran economía verbal.

Quienes la conocieron decían que era una mujer de voz suave, pero expresiva, de silencios que rompía con filos de palabras. No deja de ser crueldad y destino que en sus últimos años se sumiera en un silencio por la enfermedad, agravada por la trágica muerte de su hijo Lorenzo de Szyszlo en un accidente aéreo.

Su poesía fue alabada por la crítica y amada por fieles devotos. Estuvo en el Festival Internacional de Poesía de Medellín de 1995 e hizo una presentación en un barrio peligroso en esos años de violencia, y, como cuenta Adolfo Castañón en Letras Libres (2):

A la lectura asistieron unos encapuchados armados. Al final, uno de ellos se acercó y sacó de una bolsa otra, donde venía cuidadosamente envuelta la edición inconfundible de Canto villano que se había publicado en México. Era evidente que el libro había sido leído muchas veces. El encapuchado le pidió a Blanca que se lo firmara sin dedicárselo. Así lo hizo ella, y el hombre vestido de verde desapareció. Poco después vio acercarse a un estudiante sin máscara que llevaba en la mano el libro que Blanca acababa de firmar. Se despidió de ella con un beso y una sonrisa.

Quería publicar su primer libro con el título de Puerto Supe, cosa que rechazó Octavio Paz:

“Pero Octavio, ese puerto existe”.

“Ese es el título, Blanca”, cuentan que respondió Paz.

Ese puerto existe. Una bella analogía de su obra: su poesía como un puerto, es lugar de llegada, tránsito y salida:

Aquí en la costa tengo raíces,

manos imperfectas,

un lecho ardiente

en donde lloro a solas

(Puerto Supe)

Se cuenta que el poema Supuestos, que comparto, era uno de los favoritos de Mario Vargas Llosa.

SUPUESTOS

el deseo es un lugar que se abandona

la verdad desaparece con la luz

corre-ve-y-dile

es tan aguda la voz del deseo

que es imposible oírla

es tan callada la voz de la verdad

que es imposible oírla

calor de fuego ido

seno de estuco

vientre de piedra

ojos de agua estancada

eso eres

me arrodillo y en tu nombre

cuento los dedos de mi mano derecha

que te escribe

me aferro a ti

me desgarra tu garfio carnicero

de arriba abajo me abre como a una res

y estos dedos recién contados

te atraviesan en el aire y te tocan

y suenas suenas suenas

gran badajo

en el sagrado vacío de mi cráneo

Su obra es casi toda indispensable, pero es Canto villano (1986) un resumen de su poesía, que busca un efecto estético con un mínimo de palabras y figuras. A manera de confesiones, una narradora innominada relata una serie de vivencias (villanías) a un oyente. Confiesa su incapacidad de describir la realidad que siente y su impotencia al expresarlo:

este hambre propio

existe

es la gana del alma

que es el cuerpo

La misma autora era consciente de ello cuando dijo: “Es el libro del inconsciente, de lo que tú dices cuando no hay nadie, de los gestos que haces frente al espejo. Esas cosas terribles del monstruo que puedes ser”.

En este video podemos ver a Blanca Varela leyendo Canto Villano

CANTO VILLANO

y de pronto la vida

en mi plato de pobre

un magro trozo de celeste cerdo

aquí en mi plato

observarme

observarte

o matar una mosca sin malicia

aniquilar la luz

o hacerla

hacerla

como quien abre los ojos y elige

un cielo rebosante

en el plato vacío

rubens más cebollas

más lágrimas

tantas historias

negros indigeribles milagros

y la estrella de oriente

emparedada

y el huesos del amor

tan roído y tan duro

brillando en otro plato

este hambre propio

existe

es la gana del alma

que es el cuerpo

es la rosa de grasa

que envejece

en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio

mea culpa negro bocado

mea culpa divina náusea

no hay otro aquí

en este plato vacío

sino yo

devorando mis ojos

y los tuyos

Blanca Varela murió el 12 de marzo de 2009 en Lima; sus cenizas fueron arrojadas al mar en el balneario de Paracas, donde, en palabras de su familia, ella fue muy feliz. Como una llegada al puerto donde todo comienza, pero también donde todo termina, para levantar el vuelo al infinito.

Hay que acercarse a Blanca de nuevo, en internet hay muchas páginas sobre su obra.

 

Samuel Whelpley

 

Notas:

(1) Cruz, Juan, entrevista con Fernando de Szyszlo, “Cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos”, periódico El País, España, 28 de noviembre de 2005.

(2) https://letraslibres.com/revista-espana/blanca-varela-1926-2009-2/

Sobre el autor

Samuel Whelpley

Samuel Whelpley

Profesión: Lector

Barranquillero, con un único título de Ingeniero Civil de la Universidad del Norte. Con una casa, un trabajo, una esposa, una hija y un gato. Amigo de sus amigos. Pésimo bailarín. Ante todo, lector. A ratos dice que escribe. No mucho más que eso. 

 

@SWhelpley samuel.whelpley

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