Literatura

Las abominables voladoras

Samuel Whelpley

31/08/2026 - 07:15

 

Las abominables voladoras
La escritora Mónica Ojeda / Foto: Primicias

 

Para mucha gente, la naturaleza no es suficientemente maravillosa. Para ellos, una mosca, por ejemplo, es solo una mosca, una molestia cotidiana con la que están demasiado familiarizados. No se les ocurre que una mosca es, en realidad, un organismo milagrosamente complejo y hermoso, si se la observa con la perspectiva adecuada.

En cambio, desean que el mundo esté poblado por monstruos peludos, humanoides, remotos, misteriosos y escurridizos, como Pie Grande, que supuestamente habita los bosques del noroeste del Pacífico de América, el Yowie que acecha en el interior de Australia, o el Abominable Hombre de las Nieves (que ahora, supongo, debería llamarse la Abominable persona de las nieves), o el Yeti, del Himalaya.

Muchas personas no pueden ni quieren negar la existencia de tales criaturas: quieren que existan, que sean peligrosas y crueles con los seres humanos, y es un hecho de la psicología humana que uno puede convencerse fácilmente de que lo que uno quiere que sea verdad realmente lo es, o podría serlo.

Pero Latinoamérica también tiene sus propios monstruos que son crueles. Nos damos de modernos, pero ahí están, en nuestra cultura. Pensaba en ello cuando leía los cuentos de Las Voladoras, de Mónica Ojeda (2021). Es un libro que se clasifica dentro de lo que se llama gótico andino (1): una suerte de mezcla de los elementos del gótico clásico con los mitos de la cosmovisión andina (Voladoras, mujeres sin cabeza, chamanes, mujeres brujas, etc.) que da lugar a una reflexión sobre el miedo, la violencia y la construcción de la identidad femenina en un contexto de opresión y peligro constante. Ojeda utiliza el género de terror no solo para asustar, sino para cuestionar las estructuras sociales y las formas en que se representan y se interiorizan las experiencias traumáticas. Una lectura sugerente que modifica la idea que tenemos sobre los monstruos humanoides que habitan en zonas remotas del mundo, de que estos seres son criaturas aterradoras que despedazan a los intrusos. Aquí los destruyen, pero como resultado de la búsqueda de la humanidad.

Mónica empezó a llamar la atención de la crítica al formar parte de la lista Bogotá 39 de 2017, en gran medida gracias a Nefando, una historia de 6 jóvenes sumergidos en la Deep Web que reformula el rol de la víctima. Gran parte de la narrativa latinoamericana actual es hecha por mujeres, que se han inspirado en el uso del terror para desarrollar sus temas: a los nombres conocidos de Samantha Schweblin, Mariana Enríquez, Agustina Bazterrica y Fernanda García Lao en Argentina, se unen Fernanda Melchor en México, Liliana Colanzi en Bolivia, la peruana Jennifer Thorndike, Natalia García Freire y María Fernanda Ampuero en Ecuador, Michelle Roche en Venezuela y, en menor medida, Claudia Amador y Lina María Parra en Colombia. El recurso y tema es más o menos similar: se utiliza el terror no para asustar, sino para cuestionar las estructuras sociales, el rol de la mujer en la sociedad y las formas en que se interiorizan las experiencias traumáticas. Los resultados son, claro, diferentes.

A través de ocho cuentos perturbadores, Ojeda desplaza el terror hacia el paisaje. Si bien los Andes y sus leyendas y neblinas son parte central de algunos cuentos (Las Voladoras, Soroche, Sangre coagulada, El mundo de arriba y el mundo de abajo), otros (Caninos, Slasher, Cabeza voladora) se desarrollan en ciudades que evocan encierro. Terremoto, el más corto del libro (y el más luminoso), es el único que no tiene referencia geográfica real. Pero en todos está una misma intención: el paisaje es opresivo, peligroso, que induce al desvarío. Un útero ya no como lugar seguro, sino como un lugar claustrofóbico que encierra peligro. Por eso se entiende que, siendo la autora del puerto de Guayaquil, la capital comercial ecuatoriana, el mar no esté presente en los relatos. Si, como decimos, el mar es apertura, amplitud de miras o viaje, la montaña es claustrofobia, estrechez y encierro.

En estos ocho relatos, el resultado es desigual. Hay cuentos notables como Terremoto, Las Voladoras, Soroche, Cabeza voladora, donde la autora crea una atmósfera sórdida y poética y no teme mezclar violencia con belleza, mitología con realidad, para, como dijimos, abordar temas como el feminicidio, la violencia doméstica, el duelo, la muerte, el maltrato infantil, los amores prohibidos y el aborto. Otros, como Caninos y Slasher, conservan una buena escritura, pero la autora a ratos parece perder la idea de lo que busca decir. Sangre coagulada y El mundo de arriba y el mundo de abajo construyen un universo andino notable, pero les afecta cierta falta de detalle en la historia. Como dije, desigual, pero notable. Las Voladoras es para quienes buscan historias turbias acompañadas de prosa deslumbrante y de un estilo con un toque de refinamiento intelectual y, al mismo tiempo, un texto provocador, cáustico.

 

Samuel Whelpley

 

Notas:

  1. Para la definición de gótico andino seguimos la definición dada por Andrea Carretero Sanguino en el texto: «El encuentro entre el monstruo y el mito: el gótico andino y la construcción de la realidad en Las voladoras de Mónica Ojeda». Cuadernos de Aleph, 13, 169-185 (2021)

Sobre el autor

Samuel Whelpley

Samuel Whelpley

Profesión: Lector

Barranquillero, con un único título de Ingeniero Civil de la Universidad del Norte. Con una casa, un trabajo, una esposa, una hija y un gato. Amigo de sus amigos. Pésimo bailarín. Ante todo, lector. A ratos dice que escribe. No mucho más que eso. 

 

@SWhelpley samuel.whelpley

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