Literatura
Manual para convertir un cadáver en arte o negocio

Se dice que la creación literaria es un mundo amplio. Los escritores en ocasiones escriben porque tienen algo que contar; lo que entendamos los lectores es otra cosa. Roque Larraquy es un escritor y guionista argentino nacido en Buenos Aires en 1975. Estudió Diseño Gráfico y ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional en el ámbito de la comunicación y la publicidad. Es autor de La comemadre (2010) (1), su primera novela, de la que contó en una entrevista que empezó a escribirla cuando se tropezó con una publicidad en una vieja revista argentina de 1907 que le pareció una broma. En ella aparecía un doctor que decía curar el cáncer. Era una foto con unas enfermeras fuera de foco y un jardinero cavando un pozo. De aquí surge esta novela, que rezuma humor, extravagancia, ironía y que pretende demostrar que el mundo no tiene explicación. Y lo hace mediante una combinación poco frecuente pero usada antes: cadáveres, guillotinas, enfermedades, científicos desquiciados, artistas contemporáneos mutilados, niños de dos cabezas, amores desgraciados, tesis doctorales y una planta que parece salida de La Tienda de los horrores. (2)
La novela fue publicada originalmente en 2010 y está dividida en dos partes, “1907” y “2009”. En 1907, en el Sanatorio Temperley, un grupo de médicos encabezados por el doctor Sebastián Allombert y liderados por el doctor Quintana se propone saber qué ocurre después de la muerte mediante un experimento.
Pero entonces ya da por descontado que hay algo después –digo en voz alta–, y como presupuesto no parece muy serio.
“Supongan –dice Ledesma– que lo que dice este documento es verdad. Si pudiéramos confirmarlo científicamente, daríamos respuesta a muchas preguntas. Podríamos husmear en lo que, hasta ahora, fue patrimonio exclusivo de la religión: qué es la muerte, qué hay después de la muerte.
–Yo no parto de ningún presupuesto –dice Ledesma.
–Eso tampoco parece muy científico.
–Usted propone una ciencia sin audacia, Quintana.
–Usted una novela de aventuras, Ledesma.
–Usted ignora cuál es la propuesta.”
La comemadre (pág. 17) (1)
Más exactamente, en los siguientes nueve segundos. Como no se sabe el momento de la muerte, la solución para el experimento es decapitar enfermos terminales y mantener sus cabezas funcionando durante nueve segundos para preguntarles qué hay del otro lado.
Si bien es una idea macabra (y el resultado del “experimento” deja mucho que desear), no deja de tener su cuota de humor: los médicos no se consideran asesinos, sino investigadores. Larraquy nos muestra que basta cambiar el vocabulario para que una atrocidad parezca otra cosa. (De hecho, así lo ha señalado en diversas entrevistas) En este caso, una decapitación es un “experimento”, el paciente es “donante”, el cuerpo es material sobrante del experimento y el asesinato, un protocolo. De conciencia moral, poca, archivada en documentos con jerga neutra de oficina:
“Una vez conseguida la aprobación del paciente, al que ahora llamaremos donante, se le exigirá máxima discreción”.
Ibíd., pág. 23
El doctor Quintana es el narrador de esta primera parte y parece el menos inmoral. Solo parece. Su obsesión con Menéndez, la jefa de enfermeras, reproduce en el terreno amoroso la misma lógica que sus colegas utilizan con los enfermos: observar, registrar, interpretar, elaborar estrategias y tratar de convertir a otra persona en objeto de conocimiento. Quintana no quiere solamente conquistar a Menéndez; quiere descifrarla. El problema es que ella se resiste a ser descifrada.
La escena fundamental de la primera parte ocurre cuando finalmente se realiza el “experimento”. Hecha la pregunta de si hay vida después de la muerte, la cabeza responde con un “Sí”. O al menos eso creen oír los “científicos”. No importa: para ellos el experimento tiene un resultado y, por lo tanto, puede considerarse un éxito. Aunque esa información no sirva para más. Así como el doctor Quintana no puede avanzar con Menéndez, la jefa de enfermeras. Tiene muchos datos de ella, pero esa obsesión no llega a nada.
Después viene 2009. Ahora no se necesitan médicos; basta tener una galería de arte. El protagonista es “el artista”, innominado, que hace arte conceptual con su propio cuerpo, que incluye restos humanos, monstruos y mutilaciones. Una estudiante de Yale llamada Linda Carter (como la actriz de La Mujer Maravilla) escribe una tesis sobre el artista. Él la lee, la corrige y decide qué versión de su propia vida debe sobrevivir. El objeto de estudio se rebela contra quien pretende estudiarlo. La academia, que en principio debía explicar al artista, termina, como la jerga burocrática, justificando todas las conductas en nombre del arte dentro de la novela. Y el protagonista, entre sus recuerdos, introduce los frascos de la comemadre, que ha heredado de su bisabuelo:
Una digresión botánica: el islote Thompson, en Tierra del Fuego, es el único lugar del mundo donde crece una planta de hojas aciculares conocida como comemadre, cuya savia vegetal produce (en un salto de reinos no del todo estudiado) larvas animales microscópicas. Las larvas tienen la función de devorar al vegetal hasta resecarlo por completo. Los restos se dispersan y fecundan la tierra, donde se reanuda el proceso.
Ibíd., pág. 56
La planta, cuyas larvas consumen la planta desde dentro, funciona como una imagen de la novela. Los personajes destruyen lo que necesitan para existir. Al final vuelva la idea romántica del monstruo que se rebela contra su creador. Los científicos destruyen cuerpos para producir conocimiento. El artista destruye cuerpos para producir arte. La muerte como obsesión y como explicación de límites. Si estos se rompen, ¿qué queda? Parece preguntarse el autor.
La comemadre es una novela breve pero ambiciosa: una sátira de la ciencia, del arte, de la academia, del amor y de nuestra necesidad de encontrarle sentido a la muerte.
Samuel Whelpley
Notas:
- Larraquy, Roque La comemadre / Roque Larraquy. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial Entropía, 2020
- La conocida película de Roger Corman: https://www.youtube.com/watch?v=RVYTyNdFQT0






