Literatura

Adalin Aldana Misath: el guardián de la palabra

Ramiro Elías Álvarez Mercado

05/10/2026 - 03:05

 

Adalin Aldana Misath: el guardián de la palabra
Adalin Aldana Misath, reconocido poeta de El Paso (Cesar) / Foto: créditos a su autor

 

"La palabra es el refugio de la memoria cuando el tiempo intenta borrarla" (Ramiro Álvarez Mercado)

 

La cultura auténtica rara vez levanta la voz; prefiere quedarse habitando la memoria de los pueblos. No se mide por la estridencia de los aplausos ni por la fugacidad de las modas, sino por la huella que deja en quienes la reciben, la cultivan y la transmiten. Su verdadera fuerza reside en las raíces que logra sembrar en el corazón de las comunidades. Esa ha sido, precisamente, la labor silenciosa, constante y fecunda de Adalin Aldana Misath.

Poeta, declamador colombiano e investigador de la música vallenata tradicional, nacido en La Loma, corregimiento del El Paso, Cesar. Adalin comprendió desde muy temprano que la cultura no es un oficio pasajero ni una ocupación circunstancial, sino una vocación de vida. Entendió que preservar la memoria de los pueblos exige disciplina, estudio y compromiso, y que el amor por las raíces debe traducirse en acciones concretas capaces de fortalecer el patrimonio colectivo.

La Loma no es únicamente un punto geográfico del Cesar. Es un territorio donde la palabra aprendió a caminar acompañada por la música. Allí la tradición oral encontró durante generaciones una manera particular de contar la vida, de convertir las experiencias cotidianas en relatos, versos y canciones. Crecer en un entorno como ese significó para Adalin comprender desde muy temprano que la tradición no era una herencia para contemplar desde lejos, sino una responsabilidad que debía protegerse, cultivarse y transmitirse.

No es casual que de territorios como La Loma surjan hombres dedicados a la palabra. Los pueblos que han aprendido a contarse a sí mismos mediante canciones, relatos y versos terminan comprendiendo que la memoria es una forma de riqueza. Allí donde otros ven únicamente paisajes y costumbres, los poetas descubren historias; y allí donde muchos escuchan una canción, ellos encuentran la huella emocional de una comunidad entera.

Por ello decidió formarse para servir a la cultura con conocimiento, disciplina y responsabilidad. Es Técnico en Emprendimiento Cultural de la Universidad de Antioquia (2014) y Profesional en Diseño y Formulación de Proyectos Culturales de la Universidad EAN (2016). Estos logros académicos no representan únicamente títulos colgados en una pared; constituyen herramientas que transformó en caminos para fortalecer el tejido cultural de su comunidad y de su región. En sus manos, el conocimiento dejó de ser una acreditación para convertirse en servicio.

Su trayectoria en la gestión pública da testimonio de esa convicción. Fue director de la Casa de Cultura de Plato, Magdalena (1994-1996), y director de la Casa de la Cultura de Nueva Granada, Magdalena (2012-2013). Desde 2020 dirige el Grupo Cultural Raúl Gómez Jattin de la Universidad Popular del Cesar, en Valledupar.

Allí donde ha desempeñado sus labores ha trascendido la función administrativa para convertirse en sembrador de sensibilidades, conocimientos y sueños. Ha comprendido que la cultura no se limita a organizar eventos, administrar espacios o custodiar archivos; consiste, sobre todo, en despertar vocaciones, abrir caminos y demostrar que el arte sigue siendo una herramienta capaz de transformar vidas.

Como tallerista de creación poética y de canciones vallenatas, así como promotor de Lectura y Escritura Creativa, ha comprendido que cada libro abierto es una puerta hacia la libertad y que cada niño que aprende a leer representa una esperanza para el porvenir de un pueblo. Porque leer no es únicamente adquirir conocimientos: es aprender a mirar el mundo con mayor profundidad, desarrollar sensibilidad frente a la vida y reconocer la riqueza de la propia identidad.

La palabra, cuando encuentra un lector, deja de pertenecer exclusivamente a quien la escribió. Empieza entonces una segunda vida: la de ser interpretada, cuestionada, sentida y, en ocasiones, transformada por quien la recibe. Quizá allí reside uno de los misterios más hermosos de la literatura: un poema puede nacer de una experiencia individual y terminar convirtiéndose en parte de la memoria de muchas personas.

Esa vocación de constructor cultural lo impulsó a materializar proyectos que muchos apenas alcanzan a imaginar. Fundó el colectivo Arte Poética Latinoamericana, la emisora online APL Radio Internacional, el canal de televisión virtual RTV Punto Siete y, quizá, uno de sus gestos culturales más significativos, el Festival Internacional de Poesía Vallenata en Valledupar.

En este último proyecto consiguió algo profundamente simbólico: reunir en un mismo escenario la poesía escrita y la poesía cantada, recordándonos que el vallenato fue verso mucho antes de convertirse en acordeón, melodía y tradición oral.

La grandeza de esa iniciativa radica precisamente en recordar algo que con frecuencia olvidamos: el vallenato no nació únicamente para ser escuchado; nació también para ser contado. Antes del acordeón estuvieron los relatos; antes de la melodía estuvo la palabra. Los viejos juglares fueron, en esencia, cronistas de su tiempo. Cantaban para que la memoria no desapareciera, para que una historia de amor, una decepción, un paisaje, una amistad, una celebración o una experiencia cotidiana pudieran sobrevivir al paso de los años.

Por eso, cuando la poesía y el vallenato se encuentran, no están uniendo caminos distintos: están regresando al mismo origen. Ambos nacen de esa necesidad profundamente humana de contar lo vivido para impedir que el tiempo termine borrándolo.

En el centro de toda esa labor se encuentra su obra literaria, una creación que también puede leerse como una travesía interior, humana y filosófica. Sonajeros de la noche (2006), Ventana del alma (2009), Las alas del viento (2014), El poder del amor_ (2023), Pasiones libres (2024), Mi abuelo y yo (2025), Leo y pinto mis cuentos (2026) y No te rindas: Levántate y anda (2026), además de Estrategias y reflexiones para el mejoramiento del Proceso Enseñanza-Aprendizaje_ (2025), conforman una obra en la que convergen distintas inquietudes del ser humano.

Su poesía no busca adornar la realidad ni refugiarse en la belleza superficial de las palabras. Busca interrogar la vida, iluminar las emociones y nombrar aquello que la velocidad de los tiempos modernos suele relegar al olvido. En sus páginas aparecen el amor, la memoria, la familia, la esperanza, la resiliencia y esa permanente búsqueda de sentido que acompaña la existencia humana.

Escribir, en ese contexto, también significa detener el tiempo. El poeta observa aquello que para otros puede pasar inadvertido y procura convertirlo en palabra antes de que desaparezca. De alguna manera, escribir es decirle al tiempo: esto ocurrió, esto lo sentí, esto fue importante y merece permanecer.

Esa misma búsqueda ha convertido su voz en un puente de encuentro entre culturas y geografías. Su obra ha sido incluida en antologías y revistas de Colombia, España, Chile, Puerto Rico y Estados Unidos: Soy toda esta tierra (2014), Puentes de vapor (2016), Azahar Poético (España, 2016), ELILUC del Corazón (Miami, 2017), Cien Poetas Más Por La Paz del Mundo (Estados Unidos, 2018), Di lo que quieras decir (2021), EscribArte (2021), Entre paréntesis (Chile, 2021 y 2022), El vallenato es poesía (2023), Ojos de amor (2023) y La paz no se calla (2024).

La presencia de su obra en estos espacios demuestra que la poesía puede convertirse en un puente entre territorios. Cuando la palabra nace de una experiencia humana profunda, encuentra lectores en distintas latitudes porque las emociones que la inspiran pertenecen al patrimonio universal de la condición humana.

Una persona puede escribir desde un pequeño territorio y, sin embargo, hablarle al mundo. Esa es una de las posibilidades más extraordinarias de la literatura: transformar lo local en universal sin renunciar a las raíces. El poeta no necesita desprenderse de su paisaje para alcanzar otras geografías; muchas veces es precisamente su capacidad de permanecer unido a él la que permite que otros lo descubran.

Como investigador, también ha realizado aportes significativos al estudio de la música vallenata. En el V Encuentro de Investigadores de Música Vallenata de la Universidad Popular del Cesar (2016) presentó la conferencia “Figuras Literarias en las canciones de Sergio Moya Molina”, demostrando con rigor académico que las canciones vallenatas son, además de expresiones musicales, auténticas construcciones literarias.

Este trabajo contribuye a comprender una realidad que durante mucho tiempo no siempre recibió la atención que merecía: el vallenato no solo se escucha, también se lee. Sus canciones contienen metáforas, imágenes, símbolos, personajes, historias y recursos narrativos que revelan la riqueza estética de una tradición que durante generaciones ha contado la historia sentimental del Caribe colombiano.

Durante años se intentó separar la literatura de las expresiones populares, como si la poesía habitara exclusivamente en los libros. Sin embargo, la tradición vallenata demuestra que la palabra poética también puede viajar por la voz de un cantor, por las calles de un pueblo, por una parranda campesina o por la memoria de una familia. Una canción puede ser literatura cuando consigue transformar una experiencia humana en una expresión capaz de permanecer.

Comprender esa dimensión ha sido parte de la labor de investigadores como Adalin Aldana Misath: acercarse a la música desde el conocimiento, pero también desde la sensibilidad necesaria para entender que detrás de cada canción existe una historia, una época, un territorio y una manera particular de mirar la vida.

Esa formación, acompañada por su experiencia y por su amor por la tradición, lo ha llevado a desempeñarse como jurado calificador en diferentes festivales de música vallenata. Su presencia ha acompañado algunos de los escenarios más importantes del folclor colombiano: Festival de Canciones Samuel Martínez en La Loma (2007), Festival Vallenato de Valledupar (2019), Festival Pedazo de Acordeón en El Paso (2019), Festival de Música Vallenata en Guitarra en Codazzi, Festival del Hombre Caimán en Plato, Festival Vallenato de Mahates, Festival Jardín de Fundación, Festival Vallenato de Montelíbano, Festival Vallenato de Turbo, Festival Vela del Marquesote en La Jagua del Pilar (2022), Festival Nacional del Son en El Difícil (2022), Festival Vallenato #55 (2022), Festival del Río (2022, 2023 y 2024), Festival Vallenato #56 (2023), Festival Años Dorados (2023 y 2024), Festival Vallenato #57 (2024) y #58 (2025), y el Festival “Un Canto al Río” (2026).

En tiempos donde la inmediatez amenaza con convertir la tradición en una referencia pasajera, la labor de quienes estudian, evalúan y preservan el folclor adquiere una dimensión que va más allá de cualquier escenario. No se trata únicamente de escuchar una interpretación o valorar una canción dentro de un concurso. También implica reconocer los elementos que forman parte de una tradición y contribuir, desde el conocimiento, a que su esencia pueda dialogar con las nuevas generaciones.

La tradición, sin embargo, no es una pieza detenida en el tiempo. Vive, cambia, se transforma y encuentra nuevas voces. El desafío consiste en permitir esa evolución sin perder los elementos que le dieron origen. En ese equilibrio entre memoria y renovación también se encuentra una parte fundamental de la responsabilidad de quienes dedican su vida al estudio y la promoción de la cultura.

Los reconocimientos recibidos a lo largo de su trayectoria han llegado como consecuencia de un camino construido con dedicación. Entre ellos sobresalen el Premio Internacional de Literatura, Arte y Cultura “Carmen Natalia Martínez Bonilla”, otorgado en Kissimmee, Florida (2023), y el Premio Nacional “Verso Dorado” al Mejor Soneto (2024, entregado en 2025).

Pero los verdaderos méritos de un hombre dedicado a la cultura no siempre caben en un diploma, una placa o un reconocimiento. Muchas veces permanecen en aquello que no puede medirse: en los jóvenes motivados a escribir, en los lectores formados a través de los talleres, en los artistas que encontraron oportunidades para mostrar su talento, en los investigadores que encontraron nuevas preguntas y en las comunidades que fortalecieron su identidad gracias al trabajo silencioso de quienes creen en el poder transformador de la cultura.

Adalin Aldana Misath nos recuerda, en una época marcada por la velocidad y la fugacidad, que la cultura no se improvisa: se cultiva. Nos enseña que un poema puede alimentar la conciencia con la misma fuerza con que el pan alimenta el cuerpo; que la lectura continúa siendo un acto de libertad; que la investigación es también una forma de gratitud hacia quienes construyeron el camino antes que nosotros, y que enseñar puede ser una de las maneras más nobles de prolongar una tradición.

Por eso su obra permanece. Porque los poetas no habitan únicamente en los libros que escriben, sino también en la memoria que ayudan a construir y en las vidas que logran tocar con sus palabras. Más allá de los premios, los escenarios y los reconocimientos, Adalin ha comprendido que la palabra constituye una de las formas más luminosas de resistir al olvido.

Cada poema guarda una posibilidad de permanencia. Cada canción conserva una porción de la historia de quien la escribió y de quienes la hicieron suya. Cada libro puede convertirse en una conversación entre generaciones que nunca llegarán a conocerse. Y quizá esa sea una de las razones por las que la cultura necesita guardianes: porque el tiempo avanza sin pedir permiso y, si nadie se ocupa de preservar las huellas, muchas historias terminan desapareciendo.

Algunos pasan por la cultura y dejan apenas una huella pasajera. Otros dedican su existencia a protegerla, fortalecerla y transmitirla. Adalin Aldana Misath pertenece a estos últimos: a los que entienden que cada poema es una semilla, cada libro una conversación con el tiempo y cada acción cultural una apuesta por el futuro.

Porque las construcciones materiales terminan desgastándose, los monumentos pueden derrumbarse y los años suelen borrar muchas señales del camino. Pero la palabra verdadera posee una extraña forma de eternidad: viaja de generación en generación, encuentra nuevos lectores y renace cada vez que alguien descubre en ella una emoción, una idea o una verdad capaz de transformar su mirada sobre el mundo.

Esa es, quizás, la mayor enseñanza que deja su trayectoria: haber comprendido que escribir, investigar, enseñar y promover la cultura son distintas maneras de cumplir una misma misión: impedir que la memoria desaparezca.

Y en esa tarea silenciosa, pero profundamente trascendente, Adalin Aldana Misath continúa ejerciendo el oficio más noble de todos: custodiar la palabra para que los pueblos no olviden quiénes son.

 

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Sobre el autor

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Una copa de folclor

Nacido en Planeta Rica, Córdoba, el 14 de octubre de 1974, radicado en Bogotá hace casi tres décadas. Amante de la lectura, los deportes, la escritura, investigador nato de las tradiciones, costumbres, cultura, música, folclor y gastronomía del Caribe colombiano. 

Estudió coctelería, bar, etiqueta y protocolo con dos diplomados en vinos y certificación de sommelier, campo profesional en el que tiene más de 20 años de experiencia. 

Escribe de manera empírica, sobre fútbol y otros deportes, vinos y todo lo relacionado con el tema, así como publicaciones en distintos medios sobre cultores de la música vallenata y de otras expresiones musicales que se dan en el Caribe colombiano. Sus escritos han sido publicados en distintos medios virtuales.

Desde temprana edad le ha gustado escribir, sin embargo, fue en Bogotá, muy lejos de su terruño, que se le despertó ese deseo incesante de recrear las semblanzas de personajes que han hecho un aporte significativo al vallenato y otras expresiones musicales de la Costa Atlántica de Colombia.

@RamiroEAM

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Te puede interesar

De los gozos del cuerpo, de Harold Alvarado Tenorio

De los gozos del cuerpo, de Harold Alvarado Tenorio

Una vez oí decir a Harold Alvarado Tenorio que las corridas de toros eran un espectáculo terrible, que era horrible ver cómo se...

Cuarenta y Tres metros

Cuarenta y Tres metros

Fue suficiente un roce de miradas para que nos conectáramos desde las dos orillas de un río de personas y mesas. Aquella mujer estaba...

“Gabo no pensó ser periodista. Las circunstancias le hicieron periodista”

“Gabo no pensó ser periodista. Las circunstancias le hicieron periodista”

El premio Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, fue el gran homenajeado del Festival de las Letras de Valledupar y, en esa cita...

El poeta Luis Mizar como jurado calificaba ortografía y profundidad literaria

El poeta Luis Mizar como jurado calificaba ortografía y profundidad literaria

Cada vez que el poeta Luis Enrique Mizar Maestre era llamado por Consuelo Araujonoguera para que oficiara como jurado del concurso de...

La Poesía de Gabriel García Márquez

La Poesía de Gabriel García Márquez

Entre nostalgias de la casa grande de Aracataca, alegrías y timideces multicolores, vividas o soñadas en las nacientes aventuras...