Literatura

Rafael Dario Jimenez y su “Antigua costumbre de amante”

Redacción

30/07/2013 - 12:00

 

Rafael Darío Jiménez Nació en Aracataca y siempre mantuvo con esa ciudad una relación pasional, rozando incluso lo destructivo. Su amor por ella fue totalmente incomprendido, pero se aferró a la idea de que en las buenas intenciones nacen los mejores proyectos.

En la presentación de su última obra “Antigua costumbre de amante” (Ediciones del Mar, 2013), durante un recital de luna llena presentado en Valledupar por la Fundación Verde Biche, el poeta Rafael Darío Jimenez aludió inevitablemente a su experiencia gestora en la ciudad que lo vio nacer para presentarse a una audiencia diferente. Evidentemente, esos años de gestión en la ciudad del Premio Nobel hicieron al escritor que es hoy, influyeron en su modo de ver y en el lugar en el que reside (la ciudad de Santa Marta).

Su camino por el mundo de las letras fue indirectamente marcado por su padre, cuando todavía estudiaba en el interior del país. “Mi padre me dijo que no siguiera estudiando ahí porque me iba a volver un hippy”, expresa irónicamente. Entonces, con su familia se trasladó a la costa Caribe donde inició sus cursos de comunicación social.

No se volvió un hippy ni tampoco un acomodado. “Volví a Aracataca para hacer lo que no han hecho los famosos de Aracataca, Gabo o Leo Matiz –explica Rafael Darío y luego añade–: Es cierto que la gente les cobra pero ellos no son políticos”.

Así pues, Rafael Darío se implicó en la gestión cultural de su municipio, para remover y animar las conciencias, y, al cabo de 7 años de ardua labor, quedó como testimonio de ese compromiso el museo de Gabo y una gran parte de la casa del telégrafo. El poeta también destaca un programa radial que generó crispaciones.

Todo eso fue antes de que se exacerbaran las rivalidades y las amenazas. “Tuve que salir debido a las presiones –explica–, y, luego, empezaron a buscarme las mamás, las esposas y amantes de quienes me amenazaban para no matarlos”.

El temor se regó por todo Macondo. Existía incluso el ruido de que el Padilla de entonces (Rafael Darío) volvería con un propósito claro de venganza. Obviamente, todos estos rumores le afectaron de manera notable y, como resultado, Rafael Darío resolvió establecerse definitivamente en Santa Marta donde sigue trabajando en la cultura, realizando documentales, escribiendo e implicándose en muchas otras actividades.

Su obra “Antigua costumbre de amante” reúne poemas elaborados entre los años 1994 y 2004 y divididos en tres partes: (1) los ritos al amor, (2) los ritos a la historia y (3) Varios varios (redundancia intencional).

En la primera parte, se extrae el Rafael más fogoso, el que busca el deseo, provoca, y anuncia el desenlace más ardiente: “Caeré sobre ti/ Hundiéndome /En la mirada del silencio”. Sus descripciones recogen un panorama lleno de voluptuosidades que remiten al verano y ese calor que y alborota la sangre: “Ante mí su sombra / Un cuerpo de desnudeces / Humedeciendo”. 
En la segunda parte, los versos de Rafael se impregnan del tono de un historiador donde la tercera persona y el pasado sirven para describir la evolución de una ciudad: “Ponían serenatas en las ventanas / Brindaban ágapes en el club social / Escupían en la fuente de la plaza. / También –como ahora– descargaban sus intestinos.”

Finalmente, el libro termina con una parte dedicada a las reflexiones y las sensaciones del poeta, sus proyecciones y preocupaciones, como todo hombre que ve el trasegar del tiempo y se pregunta el motivo de esta vida absurda: “Ya no pierdo el tiempo frente al televisor / Ni los repórteres de la radio / Enferman mi gusto / Las noticias de la guerra son un problema / Y tendré que amarrar el satélite / geoestacional”.

Es, en definitiva, una poesía que nace de la vida misma, y renace con cada lectura al vaivén de las fantasías y las experiencias.

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