Literatura

Ensayo sobre la ceguera

María Jimena Padilla Berrío

19/12/2013 - 10:50

 

Tengo que admitirlo, lo odié de entrada, me pareció aburridor, lento, nadaísta. Y al principio puede parecer tal cosa, es perfectamente posible, se enfrasca en un ciego, dos ciegos, tres ciegos, cuatro ciegos… cien ciegos.

En fin, da la impresión de que el libro girara siempre sobre lo mismo, como si fuera una cartilla de agilidad mental donde identificas a todos los personajes sin un nombre en concreto, simplemente por referencias: “el niño estrábico”, “la mujer de las gafas”, “la mujer del médico”, “el perro de las lágrimas”, “el hombre de la venda negra” y así, no tienen nombre.

Solía recomendarlo como el mejor somnífero del mundo. A todos aquellos que manifestaran problemas para dormir les tenía el remedio: léase “Ensayo sobre la ceguera”, de hecho, lo usaba todas las noches porque, como soy noctámbula, la noche y yo tenemos serios problemas a la “hora de dormir”, con el agravante de que siempre tengo que madrugar, por eso mantengo ojeras, de mal genio y vivo diciendo incoherencias. Pero bueno, este libro llegó a curarme de la maldición de los errantes nocturnos y terminaba sumergiéndome en el sueño más profundo de cuenta de él hasta que un día perdió su condición de somnífero, no sé a qué hora pasó terrible cosa, pero pasó.

De repente, yo estaba ahí, a las dos de la madrugada, leyendo las incoherencias de los ciegos, imaginándome la inmundicia por la que se arrastraban y retratando de la manera más asquerosa a cada personaje y en esas, cualquier día viendo “The Walking Dead”, me pareció que era el retrato del libro en pantalla, con el agravante que uno no sabe qué es peor: si estar ciego o ser comido por zombies.

La verdad es que la historia es muy parecida: una humanidad perdida, sin rumbo, aferrada a una ilusión remota o quizás a nada, andando por la vida mostrando las facetas más primitivas y los comportamientos más abyectos del reino animal, reduciendo la condición humana al pan y el techo.

De un momento a otro quedé atrapada en el mundo de un montón de ciegos que se batían en un planeta sin rumbo ni horizontes, aferrándose a la nostalgia y a unas esperanzas remotas, de repente me tocaba cerrar el libro a la fuerza y obligarme a dormir porque con el cuento de “una paginita más y me acuesto” me daban las dos, tres de la madrugada y mis ojos cuadrados y abiertos como el primer día.

Saramago, ese portugués desafiante, Nobel de Literatura en 1998, crítico acérrimo del mundo y sus estupideces, de la condición humana, retrata un escenario caótico en este libro, empujándonos a un estado de cuestionamiento constante donde solo podemos contemplar tímidamente lo fácil que se puede llegar a perder el control e incluso la humanidad, lo fácil que puede apoderarse el caos de un estado de orden tensamente constituido.

El libro, en términos generales, podría mirarse desde distintos puntos de vista, es una obra maestra y es, quizás, una de las críticas más cómicas a la anarquía, a lo fácil que es desestabilizar una humanidad que, a todas estas, se cree inmune a cualquier amenaza, reduciendo todo el problema a algo tan sencillo como perder un solo sentido: la visión.

Así, dicho lo anterior, recojo mis palabras despectivas en torno al libro y advierto a todos aquellos sonámbulos que alguna vez aconsejé: No es un somnífero, puede agravar incluso esta condición, es peligroso, es una joya, es genial.

 

María Jimena Padilla Berrío

@Majipabe

Sobre el autor

María Jimena Padilla Berrío

María Jimena Padilla Berrío

Palabras Rodantes

Economista de la Universidad Nacional de Colombia, cuasiabogada de la Universidad de Antioquia. Soñadora incorregible, aventurera innata, errante. Guajira de cuna, crianza y corazón, ama su cultura como al coctel de camarón. Investigadora, melómana, cinéfila y bibliófila. Su mayor placer es deslizar un lápiz sobre un papel.

@MaJiPaBe

1 Comentarios


Berta Lucia Estrada 27-05-2015 12:26 PM

Informe sobre la ceguera es uno de los libros más lúcidos que he leído; su lectura no me aburrió ni por un segundo; por el contrario, lo leí casi que sin respirar, no lo dejé a un lado hasta que no lo terminé, creo eu fue en tres días. Berta Lucía Estrada Autora de la columna Fractales

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