Literatura

Los 5 finalistas del Premio Nacional de Novela 2014

Redacción

13/05/2014 - 12:15

 

El Premio Nacional de Novela que organiza el Ministerio de Cultura representa la más alta distinción del gobierno central a las publicaciones literarias nacionales, y considera todo el universo de obras publicadas durante los últimos dos años.

Este año 2014, el certamen premiará una de las cinco novelas finalistas con un premio de 60 millones de pesos y una obra de arte conmemorativa. El ganador se confirmará la segunda semana de junio.

El  jurado conformado por la editora Margarita Valencia, el escritor argentino Martín Kohan, el escritor y traductor Elkin Obregón, el novelista Marco Schwartz y el profesor Conrado Zuluaga, tuvo en cuenta las novelas postuladas por un grupo de lectura integrado por  bibliotecarios, críticos literarios, docentes de literatura y libreros, a quienes el Ministerio de Cultura invitó a postular las novelas que en sus criterios merecerían el reconocimiento.

Se tuvieron en cuenta las novelas de autores colombianos que fueron publicadas en Colombia durante 2012 y 2013, en formato impreso, con registro ISBN y depósito legal, publicadas por editoriales legalmente constituidas.

En orden alfabético, los finalistas son:

Temporal, de Tomás González ya que, según el jurado, “es, a un mismo tiempo, una novela de encierro y una novela a cielo abierto. Transcurre en el mar, en la intemperie, a merced de una tormenta, pero a la vez en la estrechez de un bote del que no es posible salir. Tomás González se vale de una circunstancia así para que un padre y sus dos hijos concentren y desplieguen ese cúmulo de intensidades que no puede sino remitir a los tonos de las tragedias, tonos que González evoca a la perfección”.

La carroza de Bolívar, de Evelio Rosero, por ser, de acuerdo con el jurado, “la más audaz estructura narrativa pues es un desafío a la ‘novela histórica’, que el autor logra sacar adelante con mucho brío. Es una novela, obra literaria de ficción, que se sostiene más allá de la interpretación y ‘recreación’ histórica. A la audacia de la estructura hay que añadir la demostración magistral del carnaval en la tercera parte del libro”.

El incendio de abril, de Miguel Torres, porque es “la mejor novela sobre El Bogotazo. Dividida en tres capítulos, revive esas horas terribles sin consentirse una sola opinión. Aunque sea un lugar común, no es capaz uno de cerrar el libro hasta llegar al final. Final abierto, como se dice. Esperamos la tercera parte”, manifestó el jurado.

Casablanca la bella, de Fernando Vallejo, porque se trata de “una obra escrita con la lucidez y el estilo torrencial propios de Fernando Vallejo, en la que el protagonista (probablemente el propio autor, pero eso es anecdótico para el caso) conmueve al lector con su desesperada búsqueda por los lugares de la infancia. Esos lugares ya no existen o se han transformado hasta volverse irreconocibles. Esa búsqueda es especialmente dolorosa si se considera que el protagonista es un ser destruido por dentro, solo, lleno de conflictos y ajeno a los cánones morales de la sociedad. En suma, un libro feroz, y en muchas ocasiones de un sarcasmo hilarante, sobre los intentos de recuperar el tiempo ido”.

El cuervo blanco, de Fernando Vallejo, porque relata la historia de “un hombre llega a un cementerio en busca de las huellas de otro hombre; y a partir de una lápida (la de Ángel Cuervo), reconstruye la vida dedicada al saber de Rufino José Cuervo. La narración se mueve entre el santo observado y el pícaro observador, hagiógrafo, tanatólogo y cazafantasmas. A partir de este contrapunto, el escritor, Vallejo, disfraza la diatriba de dato histórico, el dato histórico de comentario sociológico, la opinión de documento, y se sirve de todas las herramientas a su alcance —en particular de los múltiples registros del Español— para narrar el enfrentamiento constante entre el hombre y el mundo que lo rodea (tema central de la novela como género), entre un ideal poderoso y la imperfección de la realidad”.

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