Literatura

Sueños de libertad

Luis Alcides Aguilar Pérez

20/05/2014 - 11:20

 

Transcurría el año de 1567 y en los ríos de Guinea, África, se desarrollaban  guerras ínter tribales. En medio de una de esas ofensivas, por lo ancho y largo del territorio corría un negro; después de que se le advirtiera a su familia  que sería capturado.

El curtido aborigen africano era robusto, alto, con talla de gladiador, además de pertenecer a una familia de importante linaje de gobernadores y príncipes africanos. Corría desmedidamente a causa de una persecución  liderada por el  jefe de una tribu conflictiva que, por la ambición, aborrecía las raíces de su patria.

El barco negrero que se anclaba en la costa Africana esperaba el nuevo cargamento de los apetecidos esclavos de esa región de África, deseados por ser portadores de una cultura económica y tecnológica evolucionada y al venderlos en el mercado, sus captores recibirían  una fuerte suma de dinero.

Su agilidad guerrera era excelente. En medio de la selva esperaba a sus perseguidores, y, con estrategias bien calculadas, iba reduciendo a sus contrincantes  quienes  no soportaban sus mortales puños y el buen manejo de su rudimentaria arma: una lanza de dos metros de largo que construyó cuando vio el momento para iniciar su cacería.

Su instinto belicoso lo hace detenerse, mostrándose agitado en su humanidad por su tortuoso esfuerzo para escapársele a sus enemigos, su huída lo alejó muchos kilómetros de sus dominios.

El jefe de la tribu, Kuwe, se encontraba decepcionado porque sus guerreros no habían dado captura a su presa. El objetivo del jefe africano era venderlo a los comerciantes europeos, quienes necesitaban un urgente pedido de esclavos para llevarlos al Nuevo Reino de la Granada. En razón de no lograr su cometido, el líder Kuwe regresó con sus guerreros a la aldea, que sus hombres habían arrasado muchas horas antes, dando muerte a los nativos que intentaron defender su territorio y evitar ser capturados por el traicionero gobernante. Dentro de las mujeres sometidas en la feroz batalla, se acordó dejar libre a la princesa Zela y a sus hijos, todos menores, a cambio se vendería a su esposo, el Gobernante perseguido. Al no poder capturarlo, el jefe opta por venderle la mujer a los comerciantes, dejando a los hijos.

En medio de una triste escena los pequeños de entre cinco, cuatro y tres años ven como su madre es llevada a la fuerza por hombres que por su color de piel parecían ser de su misma gente, los niños lloraban inconsolablemente, pero el corazón de piedra de la tribu contraria le restaba importancia a lo sucedido, de igual manera habían dejado a otros niños ya que los sobrevivientes de la sanguinaria batalla, padres de otros niños, también  fueron sometidos.

Al paso del tiempo; ocho meses después, llegó otro barco negrero a las costas africanas. En el transcurso del tiempo, Mosoua, nombre del negro perseguido, dio muerte a Kuwe y con ayuda de otros clanes logró llegar a acuerdos de paz para bien de las familias de las aldeas cercanas, Mosoua encomienda a sus hijos a otra familia que hacía parte de la nueva aldea creada por Mosoua, ya que él había tomado la decisión de ir en busca de su esposa, idea que toma sin conocer a ciencia cierta cómo lograría encontrarla, por ello decide dejarse atrapar por un grupo de europeos que se arriesgan a cazar esclavos para llevarlos al nuevo mundo.

La embarcación llega a Cartagena de Indias; puerto de mayor movimiento y actividad en el Reino de la Nueva Granada, desde ahí se envían esclavos al virreinato del Perú, islas del Caribe y las Antillas. El cargamento es codiciado por personas necesitadas de manos expertas que laboren en sus plantaciones o haciendas. Otro grupo de esclavos, que venían en el mismo barco, provenientes de lo que los comerciantes llamaban los angolas y congos, que son de los más abundantes, eran vendidos a 150 ducados de contado. Estos eran utilizados para el trabajo en las minas.

Mosoua fue comprado por 200 pesos de plata de contado por un importante hacendado. Además, compró dos mujeres. Ellos eran considerados de los más expertos para labores de manejo en las casa de los blancos europeos, ya que eran considerados provenientes de una importante estirpe Africana. En sus conocimientos Mosoua tenía entendido la categoría que los blancos le daban a los negros que como él pertenecían a los nacidos en la zona africana de donde venían.

El español Francisco Del Faro, fue quien compró a Mosoua. Cuando ya se encontraba en su hacienda, llamó al negro Felipe, un negro traído desde hacía mucho tiempo a la Nueva Granada, quién ya hablaba el español, y practicaba muchas costumbres españolas. Fue encargado por parte de su amo para que realizara una reunión de  todos los esclavos que poseía la  hacienda.

Al cumplir con lo encomendado, en una formación en fila y al frente de  la misma, se encontraba Don Francisco Del Faro, el negro Felipe y los  tres nuevos esclavos adquiridos. Con un ligero movimiento de su cabeza, Don Francisco le indica algo a Felipe quien en su lengua africana empieza una conversación con sus coterráneos y señalando a cada uno de los nuevos habitantes de la hacienda les indica; Miguel, Candelaria, Isaura, eran los nuevos nombres que recibirían los esclavos, la indicación era que, de ahora en adelante, serían llamados con los nombres que allí se les estaba dando, informándoles también el cargo que tendrían en la propiedad. Miguel quedó encargado del cuidado de los caballos. En su razonamiento entendió que por la apariencia en sus gesticulaciones y mirada, su amo parecía ser una buena persona.

En las horas de la noche con el acompañamiento del calor producido por una fogata, los negros esclavos se reúnen para invocar a los espíritus, importante manifestación de su cultura. En ese proceso, cierran sus ojos y regresan mentalmente al África, exploran sus paisajes, la sabiduría de sus mayores, sus animales, su grandeza y el sueño de volver a ser libres. Al parecer ese pensamiento nocturno en su tierra, parecía contactarlos con la esperanza de vencer las ataduras y por unos instantes retornar al corazón de su amada patria.  En esos constantes encuentros con sus semejantes, el negro Miguel, se encuentra con un mbuki o adivino que utilizando las mañas para conocer la verdad de los caminos perdidos, le dice que él es capaz de dar con el paradero de su otra mitad, pero que necesita su consentimiento para intentarlo y lograr conocer el sitio donde fue ubicada la princesa Zela.

A cuatro años de encontrarse lejos de su  querida África, Miguel, había estado por muchos lugares cercanos y lejanos del lugar de sus labores, pero nadie de sus  compatriotas, según sus señas y manifestaciones le daban razón de la negra que trataba de describirles. Todos los días de esclavitud en una hacienda del Nuevo Reino de la Granada, siempre junto con sus pensamientos,  la imagen de sus hijos y su compañera han estado presentes.

Ya se encontraba hablando el idioma impuesto por su condición de esclavo, el español, su amplio conocimiento de su cultura lo convertían en una persona muy bien tratada por su señor, a pesar de que Don Francisco del Faro, continuamente los ha tratado bien, él se había ganado una importante posición entre sus compañeros de esclavitud, porque además de estar encargado del cuidado de los caballos de la hacienda, también manejaba con gran destreza algunas expresiones culturales como la danza y cantos de la sabiduría negra; lo que generaba un aprecio que por ello había recorrido otros sitios aprovechando la oportunidad para continuar con su lucha secreta, secreta en el sentido de que su propietario no lo sabía; pero si lo sabían Felipe, mayordomo de la casa principal de la hacienda, los negros a los que le indagó acerca de la descripción de una negra que buscaba y el mbuki, el adivino, quien con sus consultas a los espíritus y sus ritos por más de cuatro largos años, no había podido dar con la ubicación de la princesa Zela.

Pasado nueve años de su llegada al Nuevo Reino de la Granada, en la propiedad de Don Francisco del Faro, los negros realizaban una fiesta entre ellos; su señor les había dado unas dotaciones de tabaco y aguardiente, en medio de esa fiesta, dos negros de la hacienda decidieron escapar, al hacerlo se convertirían en cimarrones y se establecerían en algún sitio para protegerse y, según ellos, ser libres.

El suceso de escapatoria de los esclavos, puso de mal humor a Don Francisco del Faro y para evitar otras fugas, decidió poner mano dura a los otros esclavos de su propiedad, con el propósito de darles una lección. Esta acción hacía aún más difícil el objetivo de Miguel, ya que sus aparentes libertades de ir a ciertos lugares lejos de la hacienda, con el consentimiento de su señor, se habían terminado. La legislación era muy drástica con aquellos negros que huían de sus propietarios.

En medio de todo, por fin Miguel pudo tener una pista del paradero de la princesa Zela, pista que le llegó gracias a los secretos del  adivino, quien argumentaba que  la huida de los dos esclavos le había abierto el camino para dar con el paradero de Zela, se realizó un contacto espiritual entre los esclavos que huyeron, que, de acuerdo a algunas señas espirituales los unió con la realidad, Zela se encontraba en un palenque, al parecer ella había huido desde hacía mucho tiempo de la hacienda donde se encontraba y los fugitivos también se encontraban en el mismo lugar, según el mbuki, eso le sirvió de puente. Al conocer la noticia Miguel empezó a idear su fuga, para dar con  la  ubicación del sitio de concentración de esclavos furtivos.

Pasado dos meses de la huida anterior, Miguel, decide escaparse y en su hazaña recorre gran parte de Cartagena, llegando con suerte al sur de la provincia, en donde se encontraba un palenque. Don Francisco del Faro, junto con la autoridades, organizó una expedición para dar captura a los negros fugitivos y logrando llegar a los alrededores del palenque se presentó una feroz batalla que dejó como resultado muchos muertos, tanto blancos, como negros. La beligerancia de los negros hace que las autoridades desistan de su propósito, decidiendo dar por terminada la persecución.

Por fin, Miguel encuentra a su compañera, quien es reconocida como una mujer de grandes ideales de libertad y que ella junto con otros negros, logró huir desde hacía más de tres años, cuando llegó en calidad de esclava, en un cargamento ilegal de esclavos que llegó a las costas de Santa Marta, hoy era considerada una líder de su etnia.

Zela, cuyo nombre de esclava era Petrona, junto con Mosoua comparten sus sentimientos por el hecho de estar lejos de sus hijos, pero las circunstancias han hecho que se olviden por cortos tiempos de la realidad, para tomar partido de la otra realidad en busca de la libertad, para después volver a sus raíces, reconocen que si no tienen esa fuerza, entonces estarán sujetos a continuar siendo esclavos, sin esperanzas de volver a reencontrarse con los suyos.

Mosoua le cuenta cómo pudo llegar al llamado nuevo mundo con el único propósito de regresarla al África. Las circunstancias les hacen caer en cuenta que, para regresar, primero tienen que luchar fuertemente y que si lograron encontrarse después de muchos años fue gracias a los esfuerzos y  al ánimo de libertad.

Ahora tendrían que seguir luchando y soñando para alcanzar el sueño de encontrarse con sus hijos y ser verdaderamente libres en su propia patria.

 

Luis Alcides Aguilar Pérez

chideap@hotmail.com

Acerca de este cuento: “Sueños de libertad” es un relato extraído de “Sueños de libertad – Poemas, cuentos y diez reflexiones” (2013). Su autor, Luis Alcides Aguilar Pérez, nació en Chiriguaná (Cesar, Colombia) y es docente de la Institución Educativa Juan Mejía Gómez de Chiriguaná, en el área de las Ciencias Sociales. En el 2008 publica “La Múcura de Parménides, Compendio de cuentos, poesías y reflexiones”. Sueños de libertad es su segunda publicación.

Sobre el autor

Luis Alcides Aguilar Pérez

Luis Alcides Aguilar Pérez

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Luis Alcides Aguilar Pérez (Chiriguaná- Cesar). Lic. En Ciencias Sociales de la Universidad del Magdalena. Docente de secundaria. Fiel enamorado del arte de escribir. Publicaciones: La Múcura de Parménides – Compendio de cuentos, poesías y reflexiones; Sueños de libertad – Cuentos, poemas y diez reflexiones; Chiriguaná. Historia y Cultura. Novela inédita “¡Y la culpa no es de Dios!”

@LuisAguilarPe

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