Literatura

Nadine Gordimer, una voz literaria en contra del "Apartheid"

Redacción

18/07/2014 - 12:20

 

Nadine Gordimer / Foto: The Sunday TimeOtra figura clave de la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica se nos fue.

La escritora Nadine Gordime, Premio Nobel de Literatura en 1991, falleció a los 90, mientras dormía en su casa de Johannesburgo acompañada por sus dos hijos. Una muerte apacible que contrasta con su vida literaria y política llena de sobresaltos y compromisos.

Desde muy joven contempló la literatura como un modo de vida. Hija de un joyero judío lituano y de madre inglesa, sus sueños eran ser bailarina y escritora. Sin embargo, una enfermedad cardiaca diagnosticada a temprana edad la orientó definitivamente hacia la escritura.

Nadine Gordimer descubrió la literatura en la biblioteca de Springs, una pequeña localidad minera en lo que entonces era el Transvaal, donde nació. A los quince años publicó su primera narración, inicio de una carrera que incluyó quince novelas y diez libros de relatos, y otros textos.

Gordimer permaneció siempre en su país, donde se convirtió en firme defensora de la abolición del apartheid. La autora de “El conservador” se involucró en 1960 activamente con el Congreso Nacional Africano (CNA), que condujo la lucha contra el apartheid, después de que en Sharpeville la policía disparara contra una manifestación que protestaba contra el régimen de segregación racial y asesinó a 69 personas, niños y mujeres incluidos. Desde entonces, se erigió como una de las grandes figuras sudafricanas de raza blanca comprometidas en contribuir directamente al cambio social en su país.

Al otorgarle el premio Nobel en 1991, el comité adjudicador reconoció la “grandiosa épica” de su obra. Nadie supo como ella dar a conocer la realidad del Apartheid y sus conflictos humanos, pero lo hizo con arte verdadero, con el estilo de una de las mayores escritoras de esta época.

Temas como la falta de libertad y el racismo enquistado en la sociedad sudafricana eran los más destacados en su obra, y contribuyó de esta manera a nutrir el fuego de una campaña de protesta universal.

Tres de sus libros y su antología de poetas negros sudafricanos fueron prohibidos por el régimen de Pretoria, al que se opuso valerosamente como militante del Congreso Nacional Africano (ANC) en el que trabajó cumpliendo las más diversas, y muchas veces riesgosas, tareas en la resistencia clandestina. Ella fue una de las primeras personas que Nelson Mandela pidió encontrar cuando salió de su larga prisión en 1990.

Fue también una leal amiga de la isla de Cuba. Su apoyo fue siempre muy expresivo, así como llegó a serlo el de Gabriel García Márquez, aunque ella lo hizo a distancia. Nunca dejó de condenar el bloqueo y la hostilidad norteamericana.

Sus libros, sin embargo, no fueron nunca concebidos como forma de lucha. Por el contrario, siempre estuvieron al margen de ella porque nunca quiso escribir propaganda. Se impuso que en su escritura no hubiera activismo. “Nunca mostré a los luchadores contra el apartheid como ángeles ni a los colonizadores como demonios –explicó–; mi escritura nunca fue un grito contra el sistema racista. Eso lo hice con mis acciones.

Sus novelas son anti-apartheid, no por su odio personal al sistema, “sino porque la sociedad –el tema de mi obra– se revela a sí misma en ellas… Si uno escribe honestamente acerca de la vida en Sudáfrica, el apartheid se condena a sí mismo”

Miembro honorario de la Academia Americana de las Artes (1978), entre los galardones que recibió, además del Nobel de Literatura, figuran el Premio W.H. Smith de Literatura (1961), el Booker McConnell a la mejor novela inglesa (1974), Thomas Pring de la Academia Inglesa Sudafricana (1975) y el Premio CNA de Literatura (1975, 1979 y 1981). Asimismo, fue distinguida con más de 12 doctorados “honoris-causa”, entre otros, de las universidades estadounidenses de Yale, Harvard y Columbia; además de la británica de Cambridge; la belga de Leuven; o la sudafricana de Ciudad del Cabo.

 

PanoramaCultural.com.co


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