Literatura

“A un amor intermitente” y otros poemas de Luis Carlos Ramírez

Luis Carlos Ramirez Lascarro

28/08/2014 - 11:50

 

Después del libro “El prisionero de Zenda”, de Sir Anthony Hoppe Hawkins, que tardé un par de meses en leer, tropezando con el sueño que siempre me ganaba, noche tras noche, a pesar de la fascinación que aquél lejano y lleno de capas y espadas librito me suscitaba, Confieso que he vivido, de Neruda, es el libro más decisivo en mi decisión de hacerme escritor o, mejor dicho, de escribir con cierto rigor…

Fue un libro que me llevó a meterme de cabeza en la poesía Nerudiana, principalmente en la poesía que muchos fácilmente llaman erótica y a la que otros (o quizá los mismos) también llaman fácilmente comprometida, quedándose en ambos casos con una crítica facilista y de lugares comunes. Esa lectura me condujo a la de Whitman y, posteriormente, a la de Gómez Jattin y X-504. Poetas que yo denominaría de la tierra, de la entraña, de la semilla. Poderosos. Fértiles. Renovadores.

Me refiero a estas lecturas influyentes para ahorrar a quienes pretendan señalarlas en los textos que a continuación comparto: una muestra de mi aproximación a la poesía amorosa, en su dualidad amor–desamor y en la vertiente erótica de la primera. De ninguna manera al escribir mis propios versos en referencia al amor, uno de los grandes temas de toda literatura, pretendo imitar a ninguno u otro de estos autores, ni siquiera aproximármeles más allá de lo que esa proximidad me pudiera permitir desenvolverme en una voz propia que pudiera contar mi propia realidad con naturalidad y eficiencia: hecho este último en el cual me han ayudado decisivamente las canciones populares, principalmente de los universos musicales conocidos comercialmente como: Salsa y Vallenato.

En estos textos que siguen no me ciño a ninguna regla en particular en cuanto a métrica, ni a una escuela o estilo poético en particular. Me he dejado llevar en diferentes momentos de mi quehacer literario por la experimentación y es eso, seguramente, lo que podrán identificar en ellos al ser tan dispares entre sí, más allá de la temática común que comparten.

Espero disfruten leyéndolos como yo al escribirlos, aunque a veces sea un parto…

 

Eres

 

Eres...

El ají de mi empanada,

el limón de mi agüepanela,

el bafle de mi picó,

la presa de mi sancocho,

la fria de mi parranda...

 

El pescao de mi viuda,

el suero de mi yuca,

los cantos de mi hamaca,

la maicena de mi guacherna,

¡el bollo de mi butifarra!

 

El curricán de mi atarraya,

la hoja de mi rula:

Impajaritable,

inmancable,

imprescindible…

 

¡Eso eres!

 

Declaración

Nunca había sido tan verdadero.

(Jorge rojas)

 

Ayúdame

A encontrar el equilibrio

Entre tu miedo y el mío.

Aférrate

Firme y dulcemente

A mi mano cerrada…

Siente su frío

Y arde –conmigo –

En una llama invisible.

Acompáñame

Huella de pasos

Beso de labios.

Ama mi alma

Con cuerpo y todo…

Yo te acompaño.

 

Soneto torpe

Las manos, que a veces no me sirven para más nada,

estas manos que me sirven para escribirte,

que pueda que me sirvan para acariciarte,

las pupilas, los pies y mi garganta trasnochada.

 

Este barajar de palabras que no oculta un nerviosismo,

este corazón de cebada y mi herencia mestiza y errante,

esta bienvenida que no espera siquiera un hasta luego,

el abrazo que para tu frío y soledad se hace más fuerte.

 

No tengo para darte mucho más que todo esto,

estas líneas tratando de decirte, de decirme tu belleza,

la dificultad de definir por qué me dejas en silencio,

 

la caricia de tu risa danzando alrededor de mi rostro,

el desvelo, el deseo difícil de domar con todas sus inquietudes.

Este torpe soneto que no sabe bien decir lo que pienso.

 

Amanecer


El día abre sus ojos y descansa su luz sobre tus hombros: 

Cantan los almendros, duerme la noche, y los musgos de mis sueños me susurran tu nombre: claro, fresco, vibrante. 

Por ti, para ti, herí la noche con una lata de tumbar cocos y apretujé el mar en una caracucha. 

Cuando bosteza el día, se despereza y sonríe, deja un pedazo de sol en tus ojos, como dos naranjas, y naufrago feliz por tus lunares: Rosa. 

Navego con la carta de mis instintos por el aroma seductor de tus mares ignotos. 

Piérdeme. 

Traigo una brasa ardiente para tu centro oscuro. 

El día estira sus huesos y se recrea en tu mirada y en tus senos de almendra. 

Siente caer sobre tu vientre el rocío salobre de mi vientre: 

El fuego, la calidez que dora y perfuma tus entrañas en un suspiro profundo. 


Cuando el día es día y abres tus ojos y te estiras, bostezas, sonríes y te desperezas…

 

Liz

¡Oh la salvaje inocencia de un cuerpo desnudo!

(Juan Gustavo Cobo B.)

 

Tazar la línea que atraviesa tu espalda, es

Trazar la curvatura del tiempo,

Galopándote.

Ir desatándote nudos:

Perder.

Extraviarse.

Volver, saciado de ti,

Con el rocío de la infinitud

Entre las manos.

Principio del formulario

 

Muchacha

… tus labios a punto de decirme

Buenos días todos los días

(María Mercedes Carranza)

 

Déjame que te construya,

Explorándote.

Permíteme recrearte entre las manos:

Descalza, paciente, silenciosa…

Déjame acariciarte

Y en el júbilo y la sabiduría de tus formas:

¡Ilumíname el alma y los sentidos!

 

Canción con incertidumbre

Soy el patrón y el dueño de ná…

(Kaleth Morales)

¡Ay morena!

Ayer:

Sol dorado, aguas limpias.

Hoy:

Nubes negras, tierra seca.

Mañana:

¿Hojas tiernas, tierra fresca?

 

Ayer:

El corazón ardiente, henchido.

Hoy:

Las manos sueltas, doloridas.

Mañana:

Mañana…

 

¡Ay morena!

 

¿A dónde van los sueños al despertar?

Principio del formulario

 

Sin título

Te busco perdido entre sueños,

Te busco volando en el cielo…

(Celia Cruz)

Visitaré la casa vieja, desolada.

Tropezaré con telarañas, musgos y fantasmas.

¿Dónde estarás en ese instante, oh enamorada?

 

Tus ojos miel. Tu pelo lacio. Tu cuerpo de negra.

 

Visitaré de nuevo la casa

Y preguntaré a mi hermano no visto por ti

(Me mirará con sorna, tal vez compasión, sin mediar palabra)

 

No estás, nunca has estado

En el pasillo de las mecedoras insomnes

Ni en el jardín embriagador junto al aljibe.

 

Y si suenan tus pasos tras de mí

Y me estremece tu olor más íntimo

O me llama tu figura sensual.

 

Si se enciende tu mirada tras el dintel de la nostalgia

Si me siembras tu voz, como un árbol fragante, en el pecho.

Si lloro y te disuelves en la penumbra de mi voz temblorosa.

 

Preguntaré entonces a mi hermano

- Aquél que no conocí y también amo -

Si acaso ya fallecí o enloquecí o lo estoy haciendo.

 

Visitaré, de nuevo, la casa vieja:

Habitaciones, helechos, taburetes,

Recuerdos, en Guamal, Magdalena.

 

Pero sé que no estarás ahí…

 

Huésped de ti

… de olvido y años de ausencia

Que regresa para quedarse y no irse nunca

(Gonzalo Arango)

 

Algún día

-Uno de estos días-

Me sacudiré el polvo de otras ciudades,

Plantaré en tu mirada la bandera raída de mis sueños:

Estiraré mis huesos

Y te rodearé con mis ojos.

Escupiré un par de maldiciones por el tiempo perdido,

Sonreiré,

Y abriré las maletas de mi alma

Cargadas de ti, de mí junto a ti.

 

Huésped de ti:

Beberé de ti, nuevamente,

!Hasta que se borre mi nombre de tu vocabulario!

Principio del formulario

 

A un amor intermitente

 

Algunas de las pocas cosas que poseo he guardado todo este tiempo para ti:

el peso indecente de las palabras no dichas aún,

una cajuela sin fondo para las lágrimas que no has querido llorar ante mí,

el rocío de las noches que nos unían en la distancia y un poco más allá,

la polvareda de las calles en que nos conocimos y no hemos vuelto a caminar juntos,

la acera donde dormiste sobre mis piernas y te deseé por primera vez y para siempre,

los cantos de la hamaca donde meciste mis desvelos en tu habitación,

el ruidito de tus tripas ansiosas al escucharme y…

 

¡para qué, total, pregunto, si no somos ya los mismos!

una pálida sombra, no más, un despojo, quizá un vago recuerdo de los de antes…

¿Cómo decirte al encontrarnos, de nuevo,

el temblor de mis pensamientos con tanta ansia,

con tanto llanto acallado y vuelto a renacer del olvido?

 

¡Arde y deshaz esta oscura soledad de tanto tiempo!

 

En ti adoro aquello que nunca ha sido mío del todo:

el hilo de sal que sazona tu vientre cuando juegas con tu hija,

los colores impacientes de las bufandas con las que te defiendes del frio,

tu cadera dolorida por aquél accidente infantil constreñida por ese corsé demoniaco,

ese maquillaje mañoso que oculta el cansancio y la pena de tus ojos desamparados,

el estremecimiento, el suspiro que abortas al sentir mi voz cerca a tu oído,

el oscilar de tus téticas de limón y de tus labios carnosos y violentos,

¡el agua tibia de tus pliegues secretos y esa voz ronca que tienes al despertar!

El amor sosegado al que se han acostumbrado nuestros cuerpos en la lejanía,

en todos estos años de rumbos distintos y vidas accidentadas,

de otras bocas y otras piernas y otros sexos y otras tristezas y otros miedos,

de señas indelebles, abrazos imposibles y carcajadas inolvidables.

De silencios fructíferos acompasando el anhelo de volver a encontrarnos.

De la complicidad que besa y pasa, que gime y nos troca en un solo latir,

del fuego apacible, la generosa entrega, cada hilacha de vida que aún nos queda,

cada gota de sangre, cada piedra de amor y bendición donde nos acodamos.

 

Huelo el miedo feroz, ese reguero de huellas, ese mapa de ansias,

esas marcas que el tiempo ha venido dejándote,

esa nueva ruta que debo seguir redescubriéndote en esta intersección… ¿definitiva?

esa palabra, ese conjuro a la desolación, ese, tu cuerpo desnudo y deseado. Deseado.

La savia, el sudor, la saliva, el semen y la caligrafía renovada de tus huesos.

 

Atesoro en el cansado rumor de mis sueños, en el territorio unificado de las entrañas,

en mi anatomía encendida, calcinada y revivida por la tuya,

tu rastro, rumor y destello de sangre: alimento, veneno, sostén y abandono.

 

Todo. Nada. Y un poco más, un poco más…

 

Algunas de las pocas cosas que poseo, he guardado todo este tiempo para ti:

 

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

 

 

Sobre el autor

Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramirez Lascarro

A tres tabacos

Luis Carlos Ramírez Lascarro, Guamal, Magdalena, Colombia, 1984. Estudiante de Historia y Patrimonio en la Universidad del Magdalena. Autor de los libros: El acordeón de Juancho y otros cuentos y Semana Santa de Guamal, una reseña histórica; ambos con Fallidos editores en el 2020. Ha publicado en las antologías: Poesía Social sin banderas (2005); Polen para fecundar manantiales (2008); Con otra voz y Poemas inolvidables (2011); Tocando el viento (2012) Antología Nacional de Relata (2013), Diez años no son tanto y Antología Elipsis internacional (2021). Ponente invitado al Foro Vallenato Clásico en el marco del 49 Festival de la Leyenda Vallenata (2016) y al VI Encuentro Nacional de Investigadores de Música Vallenata (2017). Su ensayo: El Vallenato protesta fue incluido en el 4to Número de la Revista Vallenatología de la UPC (2017). En el 2019 escribe la obra teatral Flores de María, inspirada en el poema musical Alicia Adorada, montada por Maderos Teatro y participa como coautor del monólogo Cruselfa. Algunos de sus poemas han sido incluidos en la edición 30 de la Revista Mariamulata y la edición 6 de la Gaceta Hojalata (2020). Colaborador frecuente de la revista cultural La Gota fría del Fondo mixto de cultura de La Guajira. 

 

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