Literatura

Centenario de Cortázar, borgiano y universal

Jairo Tapia Tietjen

02/09/2014 - 11:55

 

Cortázar y Borges / Obra de Daffunchio Estudiosos del drama de los exiliados  como E. Said, citado por Luz M. Giraldo, afirman que aquellos se ven obligados a expresarse en un “lenguaje huésped”, en ningún caso  el de  Jorge L. Borges (Buenos Aires, 1899-1986) y de Julio  Cortázar (Bruselas, 1914 -París, 1984).

El aura de ambos no se ve afectada en forma alguna.  Cortázar a pesar de residenciarse en París desde 1951, semejante a Borges en sus largas estadías en Europa, sus ficciones  reproducen el ingenio, la espontaneidad y nuestra forma del habla porteña y Suramericana  a rajatabla, de búsqueda incesante en nuestra lengua hasta culminar en referente de nuevas vías en la cultura literaria que lo aproxima a las generaciones más recientes de autores hispanoamericanos, y de otras más lejanas.

De  Borges lo separaba  una existencia de 15 años, suficientes para que Cortázar, en su etapa productiva, fuera indiscutiblemente influenciado por la creatividad de Borges para establecer aspectos nuevos de las cosas, el hermetismo sugerente, y otros recursos técnicos  y estilísticos que Cortázar desarrolla: el monólogo interior narrado, el desarrollo simultaneo del tiempo real y del subjetivo, la objetivación de su palabra poética, la riqueza sensorial en las imágenes, el juego de las palabras, una adjetivación vigorosa, como el que podemos apreciar en ambos en sus obras cumbres que los conduce a la vanguardia narrativa, a una expresión artística sobria y equilibrada, que es lo importante para un escritor, coincidiendo con Baquero Goyanes: “el escritor imagina una acción, mueve una trama y crea personajes, en un cuadro animado, razón directa del argumento que se ha vertido en la acción”.

En 1970 aparece “Todos los fuegos, el fuego”,  cuentos de extremo realismo que establecieron alta meta en su maestría; veamos un fragmento de “La isla a mediodía”:

“La cola del avión se hundía a unos cien metros, en un silencio total. Marini tomó impulso y se lanzó al agua, esperando todavía que el avión volviera a flotar; pero no se veía más que la blanda línea de las olas, una caja de cartón oscilando absurdamente cerca del lugar de la caída, y casi al final, cuando ya no tenía sentido seguir nadando, una mano fuera del agua, apenas un instante, el tiempo para que Marini cambiara de rumbo y se zambullera hasta atrapar por el pelo al hombre que luchó por aferrarse  a él y tragó roncamente el aire que Marini le dejaba respirar sin acercarse demasiado. Remolcándolo poco a poco lo trajo hasta la orilla, tomó en brazos el cuerpo vestido de blanco, y tendiéndolo en la arena miró la cara llena de espuma donde la muerte estaba ya instalada, sangrando por una enorme herida en la garganta.”

El Maestro Borges

Borges es espejo en la cultura y creación literaria de Cortázar: raigambres en la lectura de conceptistas clásicos, su formación en la mitología, tal Quevedo, Quincey, Torres Villarroel, el expresionismo alemán, Berkeley,  extrañado ante el fenómeno del tiempo ante quien rendía: “es un problema para nosotros,  tembloroso y exigente, acaso el más vital de la metafísica; la eternidad, un juego o una fatigada esperanza”. Lo que  es notable desde la obra borgiana iniciada con Fervor de Buenos Aires ( 1924), en reacción al modernismo de Rubén Darío y Lugones, idealizando  barrios de la ciudad, como Serrano, Gurruchaga…, el terruño, el rústico peatón o compadrito de “callejones de barro duro”, que identificado con sus personajes llama “hombres obligados  a gravedad y de mate compartido”;  momentos retrospectivos, que ven la luz con la aparición de su revista Martín Fierro, regocijadamente acogida en el Madrid de los años 20, entre otros por R. Gómez de la Serna (1891-1967), quien admirado hace referencia a Borges : “Huraño, remoto, indócil, sólo de vez en cuando soltaba una poesía que era pájaro exótico y de lujo en los cielos del día”.

Ya había iniciado el divino ciego, pleno de expresividad y de hacer filosófico, cimentada en su inclinación por el imperio absoluto de la metáfora, a la cual define : “ esa curva verbal que traza casi siempre entre dos puntos  --espirituales--  el camino más breve” ;      “ acequia sonora que nuestros caminos no olvidarán, y cuyas aguas han dejado en nuestra escritura su indicio”.

Los dos portentos argentinos jamás pierden de vista lo social, así como todos los grandes narradores latinoamericanos, adalides de nuestra autonomía literaria, acogen en sus tramas narrativas la caótica realidad inmediata de sus países, al tiempo que infatigables marchan hacia la búsqueda de innegables innovaciones en el comportamiento del lenguaje y los niveles de composición, fidelidad con el texto mismo, y la contextualización del mensaje, tal como afirma U. Eco:

“Cuando un acto de comunicación desencadena un  fenómeno que afecta a las costumbres, la verificación definitiva se llevará a cabo no en el ámbito del texto, sino en el de la sociedad que lo lee”.


Jairo  Tapia  Tietjen

jtt.stspiritu2@outlook.com

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

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Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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