Literatura

Horacio Benavides, poeta del agua

Berta Lucía Estrada

18/12/2014 - 06:10

 

Horacio Benavides / Foto: Señal ColombiaHoracio Benavides, Premio Nacional de Literatura 2013

En agosto del 2013, leí el artículo de Arcadia y la verdad es que pocas veces en la vida he leído algo tan hermoso, una experiencia sensorial e intelectual maravillosa. ¡Qué panteísmo tan poderoso! ¡Es la sabiduría desde todos los ángulos posibles! Un gran regalo para los que aún nos conmovemos y nos dejamos sorprender por las pequeñas cosas que nos rodean; pero también por la dura realidad que nos golpea día a día. Pienso no sólo en Colombia, sino en Siria o en Irak, o en muchos países de África.

Desde ese momento mágico quise conocer personalmente al poeta Horacio Benavides. Así que en septiembre de 2013, estando en Cali, en la casa de mi amiga Clara Schoenborn, esa otra gran poeta, busqué la posibilidad de poderlo conocer. Fue gracias a otra amiga muy querida, poeta y gestora cultural de gran renombre, Gloria María Medina, la amada y eterna novia de Leopoldo de Quevedo y Monroy, que ese encuentro fue posible.

Clara Schoenborn me acompañó a la casa que Horacio Benavides comparte con su esposa. Fue un momento cálido, humano y profundo.  Él mismo me dio un ejemplar de La Serena Hierba, y luego un amigo muy querido me regaló De una a otra montaña, la obra reunida que publicó la Universidad Nacional de Colombia (2013).

He leído varias veces los dos libros. Me he bañado con sus palabras, las he bebido como si fuesen néctar. La sensación no era nueva, la sentí hace muchos años cuando leí por primera vez a Walt Withman y su portentoso libro Hojas de Hierba.

El panteísmo de Withman lo volví a degustar, sorbo a sorbo, en los versos de Benavides. Tuve la impresión de pasearme por un jardín japonés, donde todo es pequeño y grande a la vez, pisando con cuidado las huellas de dos hombres que han sabido ver a través de la luz sin perder la visión y que han viajado siguiendo sus trazos; que se han mirado en el espejo del agua, no como Narcisos, sino que se han mirado para penetrar en los secretos más recónditos de los cánticos a la naturaleza. Sus voces se han unido al unísono para componer loas a los animales, a los árboles, a las hojas, al viento, al agua, al sol, al día o a la noche; pero también para cantar a esa especie que camina funámbula entre la preservación de su mundo y su destrucción, me refiero a la especie humana. Y por supuesto que también le cantan al amor. Withman a los efebos que encontraba a lo largo de las vías ferroviarias y Benavides a las mujeres, o a su mujer, musa y compañera de su vida. El amor los ha nutrido y en él se reconocen como poetas y creadores.

En La Aldea desvelada (1998) Horacio Benavides no olvida que la muerte es la antítesis de la vida, así que también la nombra en un verso muy logrado “el agua que bebe/ es solo sombra”. En este libro Benavides es la voz de todos los poetas, al menos de los poetas colombianos; ya que la violencia que corroe las entrañas de Colombia está retratada en toda su dimensión y en todo su horror:

“Dónde dejé mi brazo

dónde mi cabeza

qué disparo voló mi dedo

qué plomo se llevó mi ojo

qué perro se cargó mi hueso” (Poema 38)

El poeta que nombra a la Muerte sabe que ELLA es la verdadera ama y señora de Colombia. Al recordarnos que somos perecederos, nos hace al mismo tiempo conscientes que somos seres históricos, por lo que no podemos pasar por este mundo sin haber dejado una huella que nos dignifique; algo que solemos olvidar día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto. No hemos podido escapar a esta guerra fratricida que nos ha hecho caníbales. Guerra que nos ha transformado en monstruos que solo buscan fagocitarse los unos a los otros.

En el poema 39, un claro homenaje al Comala de Juan Rulfo, Horacio Benavides, nos muestra el reflejo de nuestra propia podredumbre; la que ha hecho de nosotros seres que arrastran la violencia como si fuesen grilletes, que arrastran la pena como si se tratase de una segunda piel. Nos recuerda que no necesitamos espejos para ser conscientes de lo que somos, ya que:

“Solo los perros ladraban a mi paso…

como no iban a ladrar si me faltaba

la cabeza…

como no iban a ladrar

si me faltaban las piernas”

En esta eterna errancia el poeta busca a la madre que no es otra que la Matria, no Patria, sino Matria:

“Al fin di con tu casa, madre

Tu casa como una nube blanca

entre tanta negrura”

 

La Matria a la que hemos herido una y otra y otra vez:

 

“Pensé que dormías agotada por la pena

y no quise despertarte

y me fui yendo por donde había llegado”

 

Y sigue buscando, no sé si una redención o un perdón, que de todas formas sabe imposible:

“Vine a reencontrarme

a recobrar lo perdido

no pude hallar acomodo en mi sueño

 

Lejos clamaba mi pie

 

No es posible resucitar

con una pata de palo

 

un hombre

con una pata de palo

es un monstruo (poema 41)

Horacio Benavides nos recuerda que el paraíso no existe, que lo más cercano es el infierno, que no hay escapatoria posible y que la paz ha sido reemplazada por la “pata de palo”. Nos recuerda que estamos más cerca de la esencia propia de un “monstruo”. Nos recuerda que la violencia nos despojó de lo poco que teníamos de seres humanos:

“Yo barquero del río

sin límites

te llevaré al otro lado

de la corriente

 

Deja en prenda

por el paisaje

tu identidad

 

Serás todo y nadie

en el pueblo sin nombre

 El barquero -una clara alusión a Caronte- siempre al acecho, parado eternamente en la orilla del río Estigia donde hemos de abandonar nuestra propia “identidad”. El barquero, a la espera del óbolo con el que hay que pagar el último viaje, habrá de conducirnos a nuestra última morada, la que no tiene “nombre”.

 

Berta Lucía Estrada 

 

Sobre el autor

Berta Lucía Estrada

Berta Lucía Estrada

Fractales

Berta Lucía Estrada Estrada (Manizales). Estudios: Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, una Maestría y un Diploma de Estudios Profundos (DEA) en literatura, en la Universidad de la Sorbona (París- Francia), una Especialización en Docencia Universitaria en la Universidad de Caldas, un Diplomado en Historia y Crítica del arte del Siglo XX y un Diplomado en Cultura Latinoamericana. Soy librepensadora, feminista, atea y defensora de la otredad. He publicado nueve libros, entre ellos La ruta del espejo, poesía, Editions du Cygne (Francia-2012), en edición bilingüe, Náufraga Perpetua, ensayo poético, Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2012, ¡Cuidado! Escritoras a la vista..., ensayo literario sobre la mal llamada literatura de género; y el ensayo sobre literatura infantil y juvenil ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos. Docente universitaria en las áreas de lengua francesa, literatura hispanoamericana y francófona en la Universidad de Caldas; conferencista internacional y profesora invitada en universidades de Brasil y Panamá. He dado recitales de poesía en Colombia, Brasil, Francia, Panamá, Polonia y Alemania. Soy integrante de Ia Asociación Canadiense de Hispanistas y del Registro Creativo, éste último fundado por la poeta argentino-canadiense Nela Río.

Premios literarios:

Primer Premio Nacional de Poesía 2011 Meira del Mar, realizado por el Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia, con el libro "Endechas del Último Funámbulo", basado en la vida y obra de Malcolm Lowry.
Premio Especial, fuera de concurso, Ediciones Embalaje del Museo Rayo-2010, con el ensayo poético "Náufraga Perpetua".
2o puesto en el Concurso Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos Reyes-2011.
4o lugar en el XXVII Concurso Nacional de Poesía Ediciones Embalaje-Museo Rayo 2011.

Blog El Hilo de Ariadna, en www.elespectador.com
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/
Blog personal: Voces del Silencio:
http://beluesfeminas.blogspot.com
*Correo electrónico: bertalucia@gmail.com

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