Literatura

Yuluka: las voces emergentes de la poesía en Valledupar

Redacción

16/05/2012 - 11:00

 

Portada del libro Yuluka - Poetas de ValleduparCinco poetas conforman esta cofradía. Con una fuerza poética evidente, Yuluka nos presenta un producto que bien podría considerarse como una propuesta con alcances de universalidad, debido a que los poemas trascienden la metáfora simple y configuran una totalidad discursiva.

Este poemario está compuesto por cinco voces jóvenes de la poesía de Valledupar: Dankir Ortiz, Elkin Pinto Gámez, Guillermo Palencia, Gerson Oñate García y William Jiménez, cada uno de ellos desde una particularidad alcanza erigir su voz poética autónoma, y desde el conjunto estructuran una propuesta poética común: el lenguaje como arma de deconstrucción.

Dankir Ortiz se decidió por los juramentos con lo que procura enfatizar sus preocupaciones poéticas y existenciales. Imágenes antitéticas van formando una poesía hermética que no obstante es comunicante: “Mientras con una cuchara recogía/ la sangre derramada,/ me vestía de sed para engañar la razón”. Pero también hay espacio para plantear una poética focalizada que percibe el transcurrir del tiempo y sus consecuencias. Dankir nos presenta una ciudad decadente donde el orden no parece lógico con el concepto que representa: “la ciudad se esparce desnuda…los taxistas usan casco

Elkin Pinto opta por la decadencia como tema central. Con una mirada más fatalista muestra el ocaso de la existencia humana. El símbolo de la mosca se sitúa en el centro del discurso ante el cual circundan otros temas: la soledad, los sueños, el tiempo inacabado, la memoria, el hombre mismo. Pinto encuentra en la mosca un buen elemento configurador de su poética y la alza un peldaño más por encima del hombre, culpable de la catástrofe: “pero las moscas,/ esas devoradoras de sueños/ van mutilando el viento de los hombres”.

La de Guillermo Palencia es una poética más fluida que plantea dos temáticas centrales: el problema de la identidad y la violencia como discurso de guerra. Hay poemas en los que la voz poética se priva de nombrarse porque eso equivaldría a la desaparición: “Soy nadie/ así me llamó mi madre por temor/ a que vinieran los duendes” No tener nombre es no tener identidad ni registro. Ser nadie significa inexistencia, ser “sombras perdidas”. Y esa carencia va en concordancia con un problema que atraviesa sus poemas: la violencia, la barbarie, no presentada bajo consigas o expresiones panfletarias, sino construidas de tal manera que las metáforas van tejiendo un clamor casi tierno ante la barbarie: “La tierra sangra/ desde sus gritos…/ Y una hilera de fantasmas/ Se suicida/ A cada descenso/ De la espiral/ Unos ensayan un juego/ De pistolas/ Otros/ El arte de la estrangulación”

Gerson Oñate, por su parte, le apunta a una propuesta epistolar. Algunos de sus poemas son una flecha lanzada con sorna a un polígono: a un examigo, a un expoeta; “Sus versos son balas de salva (…) Sus versos no tienen mil ojos/ tropiezan hasta para ir al baño”. Otros, son una cuerda tierna que quiere alcanzar el barco en el que los recuerdos naufragan: un poema a un exprofesor muerto, “Señor, no llore tanto por usted, sino por nosotros: / ya la gente no sabe qué es vomitar”. A la madre ausente: “Pero cuando toca, sacamos pecho/ y predicamos de casa en casa que tú moriste/ por nosotros” La poética de Oñate encaja perfectamente en aquella que mezcla la ternura con la ironía y en la que cada palabra se constituye en un elemento (de) constructor.

La propuesta de William Jiménez ronda más los escenarios de la reflexión. Al mejor estilo de Schopenhauer o Nietzsche (guardando las proporciones), Jiménez le apuesta a los aforismos para construir un discurso a veces metafórico o a veces cercano al filosófico. Preocupado por la muerte, la creación, la existencia, la otredad, el exilio, nos deja ver el lado abstraído de un escritor que se concibe como la voz de su tiempo: “La amargura es resistencia. Demos un espacio para la destrucción del orden” “Sacrifiquemos la soledad por la acción” “No temas a la escritura, no puede ser menos que la muerte”.

Yuluka es una voz que emerge en medio de una sociedad cada vez menos poética. Rescatan la función creadora del lenguaje y parecen preocupados por los temas centrales del hombre y la naturaleza que lo circunda. A diferencia de lo escrito en Valledupar (donde aún no ha hay una voz consolidada a nivel del país en cuanto a poesía), los poetas de Yuluka exploran otros temas, o por lo menos la forma como estos son tratados: el amor, la muerte, la soledad, la violencia. Es una voz que emerge y logra, con identidad propia, construir una propuesta estética madura que bien podría pulular en cualquier antología poética del país.

Este poemario fue editado por Común Presencia Editores en 2010 y está adornado con unas sugestivas imágenes del pintor José Aníbal Moya. En hora buena unas voces poéticas comprometidas con el lenguaje y con los problemas centrales del hombre.

FÉLIX MOLINA FLOREZ

Contacto: flex20_06@hotmail.com

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