Literatura

Galeano se nos fue aunque se quede

Daniela Saidman

07/05/2015 - 06:00

 

“El entrañable escritor es un malabarista del verso que

supo cómo convocarnos a la ternura de descubrirnos

hechos de historias y de voces que la cuentan.”

La emoción de un nuevo libro ya no estará cerca, aunque siempre sorprendan, sacudan y estremezcan las nuevas lecturas y relecturas posibles e imposibles.

Muchos lo conocimos por las Venas abiertas de América Latina, publicado por primera vez en 1971, y a través de él vislumbramos la honda cicatriz que recorre de cabo a rabo esta América que empieza en La Patagonia y termina abrupta en el río Bravo, un continente dividido en dos y que como él, esperamos que algún día sea uno solo. Eduardo Galeano, ese escritor entrañable para sus lectores, es un hijo de los días, un malabarista del verso que supo cómo convocarnos a la ternura de descubrirnos hechos de historias y de voces que la cuentan. Con su rarísima manera de narrar entre el verso y el cuento nos dio la oportunidad de encendernos y de brindar por el futuro que tiene tanto de utopía y de sueño.

Su obra es un canto a la esperanza y en ella nada de lo humano quedó afuera. Todo su talante, su oficio de escritor y de periodista comprometido quedó para siempre en las páginas que nos muestran la historia del mundo que no cuentan los poderosos, los que se creen vencedores, por eso debería ser materia de estudio en las escuelas de comunicación, aunque con él los jóvenes se pregunten de dónde nos viene esta manía de resistir y resistirnos al silencio.

Galeano, ese uruguayo tan nuestro como el Machu Picchu, las favelas de Brasil, el 23 de enero de Venezuela, las madres de Plaza de Mayo en Argentina o el Chile de Allende o la Bolivia con rostro de indígena, ese Galeano que supo tanto de Nuestra América, ese hombre de sueños multicolores que sabía contar con la voz entera de esta tierra rebelde, claro que está en sus libros y sobre todo, estará en las lecturas que hagamos juntos para seguir haciendo nacer el futuro.

Seguirá, cómo no, en los sueños de Helena, su mujer, que le contaba las andanzas de su imaginación dormida. Quién sabe, a lo mejor ahora se cuele en las noches de luna para espiarnos los sueños y susurrarnos nuevas historias.

“Tuve una infancia muy mística; pero no me fue bien con la santidad”, se defendió hace años el propio Galeano, quien nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940 y falleció el 13 de abril de 2015, en el seno de una familia católica de clase media.

“Gius” apareció pronto, cuando Eduardo Germán María Hughes Galeano, con poco más de una década de edad publicó sus primeras caricaturas en el diario El Sol, un periódico socialista que circulaba por aquellos tiempos en Uruguay. Empezó a trabajar siendo muy joven, se desempeñó en cuanto oficio le ofreciera un salario, fue así que anduvo de obrero en una fábrica de insecticidas y fungió como recaudador, pintor de carteles, mensajero, mecanógrafo, cajero de banco y editor.

La década del setenta sorprendió al sur de nuestro subcontinente con dictaduras militares. En Uruguay, un grupo de extrema derecha encarceló a Galeano. Por esta razón se marchó al exilio en Argentina, pero en el país vecino la situación no era diferente y el régimen de Videla tomó el poder tras un alzamiento militar sangriento, que tiene en su haber miles de desaparecidos. Su nombre se sumó a la larga lista de aquellos condenados por los escuadrones de la muerte. De esos días de desarraigo y desesperanza nació su libro “Días y noches de amor y de guerra”.

Pronto tuvo que alzar el vuelo. Galeano encontró refugio en Cataluña, en Calella, al norte de Barcelona, donde publicó en revistas españolas, colaboró con una emisora radial alemana y un canal de televisión mexicano. La trilogía “Memoria del fuego” es de este período y tal vez sea uno de sus libros más hondos, descarnados y el que mejor retrata la larga historia de América.

Finalmente, volvió a su país en 1985. Entre tantos libros escritos por Galeano se encuentran La canción de nosotros, El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos, Nosotros decimos no, Ser como ellos y otros artículos, Amares, Las palabras andantes, Úselo y tírelo, El fútbol a sol y sombra, Patas arriba: Escuela del mundo al revés, Bocas del Tiempo, Espejos: Una historia casi universal y Los hijos de los días. Por su trabajo incansable y por ser una de las voces imprescindibles de nuestra América recibió doctorados Honoris Causa en Cuba, El Salvador, México y Argentina. Además, ha sido galardonado con el Premio Casa de las Américas y el Premio Alba de las letras.

Cronista incansable de este tiempo, Galeano siguió de cerca los sucesos que van marcando el presente y ante ellos nunca permaneció en silencio. Con su voz certera denunció siempre la dictadura del capital, del neoliberalismo y su voracidad contra la tierra, y celebró como pocos al ser humano y su infinita capacidad de volver a la ternura aunque haya vivido de cerca la miseria.

Galeano, es cierto, se fue. Pero decimos que se queda en esta digna revuelta de voces y abrazos con que le decimos presente a la vida.

 

Daniela Saidman

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Sobre el autor

Daniela Saidman

Daniela Saidman

Voces del Sur

Daniela Saidman. Periodista y escritora, publicó en 2002 el poemario titulado “XXXI Hojas de Otoño” y, en 2007, “América y otros cafés” (poesía) con la Editorial El Perro y La Rana de Venezuela. Su libro “Voces del Sur” -que recoge reseñas sobre libros y escritores- fue publicado por Fundarte en 2015.

Participó en las antologías Amanecieron de bala, panorama actual de la joven poesía venezolana, El Corazón de Venezuela, Patria y Poesía, y Antología Poética a Bolívar.

Además es articulista de opinión en medios impresos y digitales venezolanos y latinoamericanos. Ganadora del Premio Aníbal Nazoa en 2010 por sus trabajos de opinión en Todos Adentro y jurado del mismo premio en 2011, actividad que organiza el Movimiento Periodismo Necesario.

Su columna “Voces del sur” en PanoramaCultural.com.co es un espacio donde convergen las voces que desde el sur construyen, con la palabra necesaria, la libertad. El sur en este sentido, es mucho más que el mero punto cardinal, es una región de militancia con la ternura que le pone alas a la esperanza cierta de volar.

@DanielaSaidman

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