Literatura

“Amar la vida” fue el mandato de Luis Mizar

María Ruth Mosquera

28/08/2015 - 06:45

 

Luis Mizar / Retrato de José Luis Molina Que haya dolor y llanto por su partida y que se escuchen numerosas exaltaciones al hombre que se fue no es producto de sensaciones momentáneas ni de apariencias y antojos sociales; es la cosecha del afecto y admiración que con su vida y obra sembró Luis Mizar Maestre en cientos de miles de personas que lo conocieron, lo leyeron, le aprendieron, lo disfrutaron y hoy lo extrañan, mientras aseguran que “el poeta nunca morirá”, pues seguirá siendo patrimonio intangible e invaluable de quienes aman y amarán por siempre su obra.

Ese, el afecto de la gente, era su bien más preciado: “Siempre me he considerado un hombre afortunado. El premio mayor que yo siempre me he ganado ha sido el cariño de los amigos, de ciertos lectores que tengo”. Así lo dijo hace poco, durante su última entrevista para televisión, en agosto del año pasado, cuando era receptor de un homenaje ofrecido por sus colegas y amigos, en el aniversario del Instpecam (Instituto Técnico Pedro Castro Monsalvo).

En aquella oportunidad recibió a la periodista en su casa del barrio Primero de Mayo. Llevaba una camisa azul, pantalón negro, chanclas, las sondas que debía usar debido a su padecimiento de salud y una sonrisa a flor de piel. Los invitó a pasar al patio de la casa, donde pidió café para ellos y les habló de su último poemario, ‘Briznas de la lada Umbría’.

“Por qué le puso ese nombre tan raro a su libro”, le preguntó la periodista. Y él le entregó razones de los poemas ahí escritos, que ponen de presente la brevedad del ser: “Somos inermes ante las presiones del universo”; entonces, ante esa fragilidad humana, él quiso dejar reflexiones que contribuyan a un mundo más amigable, más sencillo, más humano: “Espero que al final del último poema, el lector sea un individuo menos soberbio, le tenga más amor a la vida, que hay que aprovecharla amando tanto al prójimo como a la naturaleza”

Ese fue su legado al mundo. A través de sus actos, palabras y escritos fue inspirando cavilaciones que desencadenaron en muchos una metamorfosis mental que los llevó a pensar y ver el mundo de otra manera. Así fue cultivando seguidores que a cada nueva creación literaria ampliaban el concepto que tenían de este hombre, sencillo, amigable, espontáneo. Y él era consciente de eso: “Me hace feliz, me da más responsabilidad para satisfacer a toda esa gente que se ha encariñado con mis metáforas”, dijo en aquella entrevista.

Y sí, Luis Mizar era un hombre feliz, pese a las vicisitudes que por cuenta de su salud debió afrontar. Un ser humano que transmitía vida, como poeta que al fin y al cabo era. "La poesía es la vida, la estética de vivir alegre, de sentir afecto, de compartir amor”, describe su incondicional amigo José Atuesta Mindiola, quien se refiere a Mizar como “el poeta más reconocido de la región, por su tradición, creación e innovación”.

“Ese hombre es el conocimiento andante”, dijo alguna vez uno de sus tantos seguidores. Y esto se explica al echar un vistazo a su vida en la literatura o la literatura en su vida (en cualquier orden): Fue sobresaliente desde el kínder y estando en los años iniciales de primaria recitaba de memoria párrafos de El Quijote de la Mancha, un libro escrito casi cuatro siglos antes de que él naciera; se apasionó por las aventuras de un caballero andante y su escudero y quedó marcado para siempre con la prosa de Miguel de Cervantes Saavedra. Desde entonces, se convirtió en un lector empedernido, de ello da cuenta la biblioteca que hoy deja. Leyó de todo un poco, pero a través de la exploración de diversos estilos narrativos fue definiendo uno para los textos que luego escribiría; Poemas. Ser poeta era algo que estaba definido en su esencia, de modo que ni una carrera de ingeniería civil con todos sus semestres terminados logró arrebatárselo a las letras.

Se dedicó a escribir y a diseminar sus saberes literarios; de esto quedaron profundas huellas en la Universidad de Cartagena, donde coordinó la revista ‘Candil’. Ganó premios como el concurso de poesía del Instituto de Cultura y Turismo del Cesar en 1990 y 1993, el Concurso Internacional de Poesía ‘Carlos Castro Saavedra’ en 1996, en Medellín, fue invitado en numerosos eventos que tenían como protagonista a la literatura y se entregó de lleno a formar hombres y mujeres en su arte, en el área de Humanidades de la Universidad Popular del Cesar.

Publicó libros en los que dio rienda suelta a ese maremágnum de inspiración que lo habitaba: Partituras en Sepia para la Maga, 2003; Bitácora del Atisbador, 2006; Letanías del Convaleciente, 2010; Briznas de la Nada Umbría el año pasado, del que habló en su última entrevista.

Adiós al poeta, al valduparense pensador, al que invita a la humanidad entera a escapar a la soberbia, a practicar la bondad, tal como lo dejó plasmado en su último poemario ‘Briznas de la nada umbría’ o como lo había detallado en sus premiados Salmos Apócrifos: “La misión fundamental de un espíritu humanista y cobijado por el haz de luz que emana Dios es ser apacentador del azar adverso”.

  

María Ruth Mosquera

@sherowiya

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