Literatura

Literatura y Globalización

Antonio Ureña García

14/09/2018 - 07:00

 

Literatura y Globalización

 

En multitud de ocasiones, frente a la pantalla en blanco –la actual hoja de papel del escritor- y dispuestos a comenzar una aventura narrativa, nos hemos planteando la siguiente pregunta: ¿qué sentido tiene la literatura en general, y la novela o el relato en particular, en la sociedad que tenemos?

La denominada Sociedad 2.0, impone el formato micro: la microinformación contenida en los 140 caracteres exigidos por twitter; el microrelato o la micropoesía, entre otras micromanifestaciones. Si el artista, y con ello el escritor, debe ser testigo de su época y la misma impone el formato micro, ¿no será entonces la actividad narrativa un ir contracorriente, sin demasiado sentido en estos momentos?

El historiador venezolano Ángel Lombardi (Escritura y Compromiso) señala cómo “escribir es una profunda reflexión sobre nuestra existencia social y cultural”. El trabajo literario debe ser testigo de su época y estar profundamente incardinado en la misma, pero no constituir una hagiografía sobre ella; un “libro de las maravillas” del tiempo y el espacio que al escritor le ha tocado vivir.

Para Lombardi, la escritura es un “combate personal y militante a favor de la cultura, la modernidad, el progreso, la libertad y dignidad”. Una de las funciones de la literatura en la sociedad  actual, tendrá que ver con la cuestión planteada con anterioridad: ir contracorriente de su época, cuando en ésta se imponen valores que atentan contra la propia esencia del ser humano. De esta manera, frente al fats food cultural que tratan de imponernos desde los medios masivos, la literatura, la novela, se alza como imprescindible para una dieta intelectual saludable.

Al igual que no hay discusión sobre las bondades de la comida elaborada pacientemente y con buenos ingredientes, frente a la comida rápida o comida basura, tampoco debe haberla sobre la microliteratura y la literatura en formato habitual. Estos géneros son causa y consecuencia de lo que el sociólogo francés Pierre Bordieu (sobre la Televisión) denomina como fast thinker o pensador veloz: un ciudadano carente de actividad reflexiva y cuyos argumentos se basan en las informaciones fragmentadas ofrecidas a través de los medios. La literatura es una vacuna contra los males citados, pues favorece la reflexión.

La economista y estudiosa en temas de antropología, Trinidad Arribas, afirma que “la duda nos mantiene vivos”. Las dudas planteadas en estas líneas sobre la función de la literatura -de manera específica sobre la narrativa- y la reflexión consecuente a las mismas, ha conseguido reafirmarnos sobre la importancia de la misma. El poeta español Gabriel Celaya, decía que “la poesía es un arma cargada de futuro”. Tal y como hemos señalado, la literatura tiene en la función crítica su principal esencia; así, parafraseando al autor: la literatura es un arma cargada de futuro.

De manera simultánea a las preguntas indicadas al comienzo, surgían otras del tipo: ¿En un mundo de hegemonía de lo digital, donde los formatos electrónicos tienen cada vez mayor presencia -dada su versatilidad, bajo coste y rápida difusión- tiene sentido la publicación de una novela en papel? ¿No supone una publicación en papel, ir otra vez a contracorriente de los tiempos? ¿Un “romanticismo” que afirma: “cualquiera tiempo pasado fue mejor”, al menos en cuanto a la edición y publicación se refiere?

El relato de nuestra autoría, titulado Ventanas y publicado en PanoramaCultural.com.co, afirma: “un libro es una ventana desde la cual mirar al mundo o en la que mirarnos a nosotros mismos (…) Tengo la casa llena de ventanas; tengo la casa llena de libros” Evidentemente, nos referíamos a los libros publicados en papel. Releyendo el mismo volvió a surgir una nueva pregunta: ¿Pueden los libros digitales igualmente convertirse en ventanas o éste es un privilegio del soporte papel?

Muchos profesores y profesoras se quejan del excesivo tiempo que los niños, niñas y jóvenes pasan frente a las pantallas, ya sean de teléfonos celulares, o computadoras. Si las personas cercanas, quienes constituyen su referencia más inmediata, utilizan únicamente los dispositivos electrónicos como instrumento de lectura en sus momentos de ocio o de trabajo, se aferrarán más a las pantallas, además de no aprender la importancia de los libros en papel y algo mucho más importante: la importancia de las bibliotecas, que han constituido y constituyen una de las instituciones culturales más importantes a lo largo de la historia.

Si sus familiares leen en papel, los niños, niñas y jóvenes, aprenderán que los libros como objeto son importantes y, entonces, podrán ver como importantes los lugares donde se guardan: las bibliotecas. De lo contrario. pueden llegar a pensar que tales organismos no son necesarios, pues ya está internet. Así que la lectura en papel constituye un acto de resistencia frente a la invasión de internet y la uniformidad que impone, según hemos tratado en un articulo publicado con anterioridad en la columna Contrapunteo Cultural.

Una de las características de la sociedad de nuestros días, sería -en palabras del sociólogo Daniel Bell (Internet y la nueva tednología)-, la difuminación de las barreras de tiempos y espacios consecuencia de la globalización. Pero la citada globalización no es proceso surgido en los alvores del siglo XXI. En literatura, las barreras de tiempos y espacios siempre han estado difuminados, tanto para el autor -que puede ambientar su obra en otros espacios y tiempos- como para el lector, que -muchos años o siglos después de escrita la obra- se traslada a la época en la que está escrita, pues como hemos afirmado al comienzo, la literatura es siempre testimonio de su época; pero tambien a las coordenadas espacio-temporales propuestas en la obra. La mil veces repetida globalización, es un proceso consustancial al literatura y comienza con la aparición de la misma.

Desde estas páginas hemos defendido que la globalización comenzó en el siglo XVI. No es casualidad que el propio término "novela", favorecido por el desarrollo de la imprenta, quedara definivamante establecido en el Renacimiento. Si en ese período, además del invento de Gutemberg, se hubiera desarrollado Twitter, estamos convencidos que la persona con más seguidores hasta hoy se llamaría "Cervantes" y el trending topic, correspondería al hashtag "Quijote".

Y es que la literatura es capaz de transformar nuestras estanterías en "ventanas abiertas al mundo" y nuestro espacio íntimo de lectura en una "Aldea Global". De esta manerta, -continuamos parafraseando a Celaya- la literatura es lo más necesario, lo que no tiene nombre, son gritos en el cielo y en la tierra son actos.

Frente a la Globalización Económica, responsable de la difusión del llamado "pensamiento único" -una manera de pensar homogénea acorde con los intereses del mercado-, la literatura se alza como herramienta para una Globaliazión Crítica, que une conciencias diversas con objeto de que todos resultemos enriquecidos en el intercambio; que favorece el desarrollo del "pensamiento divergente", frente al citado pensamiento único. En definitiva, que favorece la difusión de los valores sociales y culturales, frente al aislamiento y la expansión de los citados valores del mercado, guiados exclusivamente por intereses económicos.

 

Dr. Antonio Ureña García  

naantees@gmail.com 

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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