Literatura

Lustrabotas

Diego Niño

07/12/2015 - 08:10

 

Parecía un hombre de setenta años a pesar que tenía cincuenta. Era completamente blanca la franja de cabello que no se llevó la calvicie. Estaba sentado en un banco de madera de no más de diez centímetros de altura. Tenía una melancólica expresión en la que no había tristeza.

—¿Grasa? —preguntó sin notar el anacronismo de su pregunta.

Acepté con un leve movimiento de la cabeza. Un golpe de alegría restalló en sus ojos. Por un instante creí que se levantaría y empezaría a mover los pies con la misma euforia de su niñez.

Pero no lo hizo. Sólo extrajo betún y un pedazo de franela de la caja.

—Sé quién eres —dije.

Sonrió por respuesta. Después bajó la cabeza y continuó embetunando los zapatos.

—¿Cómo llegaste hasta acá? —pregunté.

A finales de los años ochentas la situación se puso difícil en el D.F., obligándolo a emigrar hacia el sur. De ciudad en ciudad y de país en país, llegó hasta Livingston, Guatemala. De allí se enganchó en una compañía pesquera que lo llevó a decenas de lugares hasta recalar en Barranquilla, ciudad en la que vivió hasta el 2010.

La miseria fue la única compañera de viaje. Tuvo amores ocasionales que dejaron una estela de frustración. Ningún hijo. Ninguna semilla ha germinado en una vida que era estéril desde antes de gestarse.

—¿Por qué hacia el sur y no hacia el norte? —le pregunté entre la algarabía de una tienda de la novena con novena.

—La muerte me esperaba en el norte. Godinez murió en El Paso. La Popis cruzó, pero es como si hubiera muerto: ni siquiera regresó para enterrar a la mamá.

—¿Qué fue de la vida de los demás?

—A don Ramón se lo llevó el cáncer. Quico se fue para la marina, como su papá. Allá murió cuando tenía treinta años. Doña Florinda murió encerrada en la amargura de perder dos hombres en el mismo mar.

—¿Y la Chilindrina?

—Vive de lavar ropas ajenas. Tiene tres hijos que sólo le han traído problemas.

Cayó en un silencio oscuro y profundo. Como si su alma se hubiera ido por las cañerías de la muerte.

—Imagino que supiste lo de Roberto Gómez Bolaños.

—Obvio.

—¿Te dolió?

—Fue quien me trajo al mundo. Sin él no existiría.

—Pero sin él no habrías pasado tantos trabajos. Tantas amarguras.

—La culpa no es de él, sino de los que hundieron a Latinoamérica en este lodazal en el que crecen niños en la miseria absoluta.

Y así es: según la Cepal, en el 2007 en América Latina y el Caribe había 81 millones de niños en la pobreza. El 45% de ellos, cerca de 36,45 millones, tuvo una suerte peor que la del Chavo: no tuvieron acceso a la salud, vivienda ni educación. 36,45 millones de niños sin futuro.

Dio un sorbo largo a su gaseosa y el último mordisco a su sánduche que aún llamaba Torta de Jamón. Se despidió con un movimiento de la mano y se fue hacia el occidente, como si se fuera detrás del sol que moría detrás de los edificios de San Victorino.

 

Diego Niño

@diego_ninho 

Sobre el autor

Diego Niño

Diego Niño

Palabras que piden orillas

Bogotá, 1979. Lector entusiasta y autor del blog Tejiendo Naufragios de El Espectador.

@diego_ninho

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Te puede interesar

Luis Barros Pavajeau: “Hay que inventarse una nueva forma de narrar el trópico”

Luis Barros Pavajeau: “Hay que inventarse una nueva forma de narrar el trópico”

Desde muy joven, Luis Barros Pavajeau demostraba un gusto fuera de lo común por la lectura. Mientras los demás compañeros de clase se...

Poesía: Los tres hijos de Colombia

Poesía: Los tres hijos de Colombia

Colombia sólo tiene tres clases de hijos: el hijo bueno, el hijo malo y el hijo tácito. Todos encuadramos en esa escueta definición....

Tiempo de Poesía: una aventura colectiva

Tiempo de Poesía: una aventura colectiva

Entre los proyectos que hacen de la Literatura un puente para la convivencia y el conocimiento está “Leer es un derecho”: una...

Mi perro es un gato

Mi perro es un gato

Sí: la frase es juguetona, pero la realidad que expresa no. Al revés: es, por momentos, para mí, hasta dolorosa. Me explico. Intentaré...

La voz armada para la paz: “Tiempo de Poesía” alza su canto un año más

La voz armada para la paz: “Tiempo de Poesía” alza su canto un año más

Si en 2025 decíamos que la literatura y, muy especialmente, la poesía, debían convertirse en una “voz armada para la paz”, hoy, un año...