Literatura

Novelas de vampiros: historia de un género que se reinventa constantemente

Nagore Eizaguirre

17/05/2016 - 06:20

 

Novelas de vampiros: historia de un género que se reinventa constantemente

La novela que Bram Stoker escribiera y publicara en 1897 Drácula, fue un catalizador del género; inspirado en leyendas cuyo nexo es universal y observando lo que sus predecesores habían creado, contribuyó con una obra que guiaría a muchos otros.

Su sugerente sensualidad, su exploración del deseo y el miedo, el poder para someter a sus víctimas, han calado hondo, generación tras generación, y muchos de los seguidores siguen siendo fieles a un género que forma parte de la mitología del siglo XX.

El Drácula de Bram Stoker condensa en sí mismo los elementos imprescindibles que plasmarían la conversión del vampiro como mito moderno.

La novela aunque sujeta a las reglas convencionales de la sociedad de aquella época, deja traslucir en determinados pasajes atisbos de erotismo contenido, pero igualmente subyugante.

Las fronteras que dividen el mundo de Drácula y el de los humanos son reconocibles; Drácula es un aristócrata con un pasado glorioso en los campos de batalla, que intenta adaptarse a un mundo que cambia constantemente. Su naturaleza es instintiva y receptiva, sus poderes sobrenaturales lo dotan de agudos sentidos. El conocimiento de lo oculto hunde sus raíces en un mundo antiguo, por lo que vive rodeado de supersticiones y rumores sobre lo que es.

Lo perciben como una amenaza, pero todo en él es confuso y nebuloso. Los bosques transilvanos, origen de Drácula, son su aliado, se convierten en un personaje más al provocar el miedo a lo que podría estar escondido y no se ve, a las leyendas que se alimentan de la oscuridad de la noche donde todo es posible.

En cambio la humanidad es representada como el progreso, conseguido a través del estudio científico, la lógica y la razón. Jonathan representa el miedo a lo oculto y lo desconocido, percibe en Drácula un poder y una fuerza extraordinarios, y se siente perdido en ese mundo oscuro y siniestro que escapa a su comprensión. Está envuelto e indefenso a la vez que es arrastrado y atraído en algunos momentos. El choque de ambos mundos es inevitable y el conde comprueba estupefacto que sus agudos sentidos no le sirven cuando intenta descifrar una carta que Jonathan ha taquigrafiado.

Así mismo la novela introduce elementos muy novedosos para la época como el uso de la fotografía como elemento práctico del trabajo diario.

Anne Rice, dualidad divina o demoníaca

En 1976 se publica Entrevista con el vampiro. Centrándose en las posibilidades creativas que ofrece el género, Anne Rice se arriesga a darles voz; les da la posibilidad de explicarse, de exponerlos completamente para que comprendamos sus impulsos y veamos sus miedos e inseguridades.

La descripción de la Nueva Orleans del siglo XVIII, la seducción de sus acentos y la ambientación vibrante y atrayente ofrece al lector una inmersión total en la mentalidad de Lestat, encarnación del vampiro que disfruta enormemente de los placeres que le proporcionan sus agudizados sentidos.

Como contrapunto esboza un personaje torturado y atormentado por su nueva condición; intentando comprender el significado de su naturaleza inmortal, lo inconcebible e inabarcable de ese estado. Sobre todo Louis se debate en la dualidad de su anterior humanidad y su inmortalidad, su naturaleza divina o demoníaca, la existencia o no de Dios; que explicaría de alguna manera el proceso alquímico que representa transmutarse de mortal a inmortal, siente la necesidad de la existencia de alguien superior conocedor de todas las respuestas.

Hay una imposibilidad de integrar en su inmortalidad la necesidad de matar y alimentarse de sangre humana y la ambivalencia entre el deseo que le provocan sus víctimas y la compasión por ellas. Intentan compensar la soledad y vulnerabilidad que les provoca la inmortalidad creando profundos lazos afectivos entre ellos.

Stephanie Meyer, relación entre la familia de vampiros

Normalmente en los libros sobre vampiros se enfatiza su predisposición a ocultarse de los humanos. Stephanie Meyer, en su saga Crepúsculo, rompe esas reglas clásicas que sustentaban el mito y muchas otras. En su imaginarium del mundo vampírico, los presenta integrados hasta donde es posible en la sociedad actual, desaparece toda mención a la nocturnidad y a los ataúdes; no necesitan dormir y ni siquiera respirar.

No se alimentan de sangre humana aunque persiste el intenso deseo de hacerlo, que han conseguido domesticar con fuerza de voluntad.

Meyer explora las relaciones que se establecen entre la familia de vampiros, los Cullen y los humanos. La unión sentimental que se establece entre Edward Cullen y Bella Swan da pie a observar los riesgos y dificultades de una relación de este tipo. Sienten un profundo amor el uno por el otro, pero descubren que el deseo irrefrenable de Edward por beber su sangre es difícil de contener; pero al mismo tiempo la tentación de comprobar hasta qué punto es capaz de resistir, desborda la pasión que se genera entre ellos.

Bella cuestiona su mortalidad como característica que otorga una fecha de caducidad a la relación, proponer la conversión en vampiro cuando Edward no tiene buen concepto de sí mismo supone un nuevo conflicto.

El difícil equilibrio entre vampiros y licántropos

Los vampiros comparten espacio con otra especie sobrenatural que funciona como elemento disuasorio y de contención; los hombre-lobo. Así como Drácula está unido a la naturaleza, los bosques de Forks y la playa La Push están integrados en el relato a través de antiguas leyendas de la tribu Quileute; en una de ellas se relata la llegada de los vampiros a esos bosques y la decisión de hacer un pacto de no agresión entre los "fríos" y los licántropos. Ambas especies coexisten en un precario equilibrio que se rompería de incumplir el pacto.

Las diferencias entre ambas especies son palpables; los vampiros son cautelosos y comedidos, miden todos sus actos, aunque integrados se esfuerzan en no ser reconocidos.

Los lobos en cambio son puro instinto, impulsivos y salvajes, reaccionan a cualquier amenaza y se guían por su intuición.

El vampiro como personaje está abierto a múltiples reinterpretaciones, lo que permanece constante en su ADN es su poder de seducción.

 

Nagore Eizaguirre 

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