Literatura

Vida y obra del Premio Nobel Miguel Ángel Asturias

Olga Jubia

14/06/2016 - 06:00

 

El escritor Miguel Angel Asturias

Miguel Ángel Asturias denominó a su estilo peculiar de narrar como "realismo mágico", género que entremezcla mito y realidad para dar a los textos ese halo de perdurabilidad similar a los textos de civilizaciones pasadas: “Popol Vuh”, biblia maya-quiché, “Anales de los Xahil”, etc.

Antes de que el escritor llegara a esta obra, rescatada del olvido gracias al misionero español el padre Francisco Ximénez en 1688, Asturias tuvo una trayectoria vital y cultural básica si se tiene en cuenta el aislamiento que Guatemala sufría por culpa de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera que ocupó el poder desde 1898 hasta 1920.

Si tenemos en cuenta que Asturias nació en 1899, se puede decir que toda su infancia y adolescencia estuvo marcada por la dictadura de Estrada; máxime cuando su padre, abogado liberal, tuvo que exiliarse en el interior del país al ganarse el odio del dictador. Este hecho junto a su actividad en los movimientos estudiantiles, que ayudaron al derrocamiento del dictador, marcaron el inicio de su labor intelectual.

Fue precisamente el viaje realizado en 1921 a México por sus actividades estudiantiles, cuando el escritor adquiere una dimensión más amplia sobre el mundo y la necesidad de una educación que diera una entidad a su país. El investigador Arturo Taracena señala que la figura de José Vasconcelos, secretario de Educación en México, marcaría para siempre el ideario de Asturias y que aplicaría como dirigente de la Asociación de Estudiantes Universitarios entre los años 1921-1923.

En la tesis de graduación como abogado y notario, titulada “El problema social del indio”, Asturias aplica las tesis de Vasconcelos: desanalfabetización de las masas, divulgación científica y formación del “alma nacional”. En esta tesis, sin embargo, él plantea una problemática del indio desde un punto de vista superficial a la par que utiliza un lenguaje racista (típica de los ladinos) que veía a la comunidad maya como la generadora de males como el alcoholismo, enfermedades..., etc, dejando ausentes las realidades auténticas: el desequilibrio de la propiedad agraria y la explotación forzada de la mano de obra. Teorías estas que sí reflejaría la escritora mexicana Rosario Castellanos en sus novelas “Balún Canán” (1957), “Oficio de tinieblas” (1962).

Toda la torpeza anterior de Asturias a la hora de valorar la cuestión india cambió a su llegada a París a mediados de 1924. Allí estudió la cultura maya con el profesor Georges Raynaud en La Sorbona, además conoció el pensamiento del peruano Víctor Raúl Haya de la Torre acerca del imperialismo y la indoamericanidad que reforzaron a posteriori el pensamiento definitivo de Asturias y que marcarán su obra narrativa junto al conocimiento del surrealismo, de la escritura automática y un estudio de la obra de Proust y Joyce que determinarán su “realismo mágico”.

Dentro de la obra literaria del escritor guatemalteco, hay dos obras que destacan del resto por el valor que tuvieron y siguen teniendo: “El señor presidente” (1946), ejemplo de la llamada novela de dictador que es herencia de una larga tradición en la literatura latinoamericana y que derivaría en obras posteriores como “Yo el supremo” del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos. La otra novela, origen del realismo mágico, sería “Hombres de maíz” (1949) en la que se observa una clara influencia de los valores del “Popol Vuh”.

Aparte de estas novelas, otras obras serían: “Leyendas de Guatemala” (1930) donde los mitos, leyendas aparecen como símbolos de una herencia. “Mulata de tal” y “Tres de cuatro soles” tienen la característica común del surrealismo, descubierto por Asturias en su estancia en Francia, entremezclada con la mitología maya.

Si ya antes se mencionaba la influencia que el pensamiento de Víctor Raúl Haya de la Torre tuvo en el joven escritor, es con la experiencia de los años y la observación de la realidad de Guatemala y de toda Latinoamérica, cuando más dura se vuelve su actitud contra el imperialismo. En este sentido destacar la "Trilogía de la república de la banana", claro ataque a las compañías estadounidenses que expolian las riquezas de sus vecinos del sur. Las tres novelas serían: “Viento fuerte” (1950), “El Papa Verde” (1954), “Los ojos de los enterrados” (1960).

En teatro dejó algunas obras poco conocidas, pero que destacan por su inconformismo y su crítica social: “Chantaje”, “Dique seco”.

Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura en 1967

Cuando se le concedió el Nobel a Miguel Ángel Asturias, se abría la brecha al resto de los escritores latinoamericanos por ser conocidos y valorados. Esto, sin embargo, no significó que el escritor tuviera al final de su vida buenas relaciones con los miembros del “boom latinoamericano” (Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa).

La obra de Asturias se silenció tras su muerte, no sólo por una ascensión de los más jovenes escritores con los que tuvo sus más y sus menos (destacar sus discusiones acerca de “Cien años de soledad” y su inútil disputa con García Márquez sobre la originalidad de la obra y sobre quién fue el creador del “realismo mágico”), sino también por su torpeza en cuestiones políticas (destacar que aceptó la embajada de Guatemala en Francia en los años 1966-1970 durante el régimen más sangriento de la historia del país) que le granjeó el silencio por parte de instituciones y personas del entorno cultural.

Ahora se reivindica un estudio pormenorizado de la biografía del escritor que no dé una imagen distorsionada, sino una imagen compleja para no malinterpretar o sacar conclusiones precipitadas; porque hay que saber distinguir entre producto cultural y productor cultural, algo que a veces no es fácil hacer como recientemente se pudo comprobar con otro autor maldito, Céline, en Francia donde su vida ha solapado su obra literaria en el aniversario de su muerte.

 

Olga Jubia

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