Literatura

Cuento: La leyenda de Isabel Báthory

Carlos César Silva

13/06/2012 - 10:00

 

Cierta tarde, al pasar por una pequeña población de Hungría o Eslovaquia, Isabel Báthory se burló sin compasión de una anciana decrépita que salía de una pobre casa arrastrando los pies.

La anciana, quien sabía que el tiempo no le niega una puñalada a nadie, reaccionó mirándola de frente y recordándole con una voz trunca que algún día ella también iba a estar igual o quizás peor. Desde entonces, sin ningún disimulo, Isabel Báthory comenzó a mostrar su obsesión por la juventud y la belleza.

Algunos años después, recién muerto su esposo, el militar Ferenc Nádasdy, una sirvienta adolecente le dio un involuntario tirón de pelos mientras la peinaba. Enfurecida, Isabel le reventó la nariz de una bofetada y varias gotas de sangre se esparcieron por el lugar.

A Isabel le cayó una en la mejilla derecha y de repente le pareció que allí sus arrugas habían desaparecido. Pensó que había encontrado la solución a la vejez, que ahora podría conservarse siempre joven y bella.

Entonces mandó a desnudar a la sirvienta, hizo que le cortaran el cuello con un cuchillo de pelar cerdos, y se embadurnó todo el cuerpo con su sangre. Apenas comenzaba a hacerle honor al sobrenombre de La Condesa Sangrienta que, gracias a sus más de seiscientos homicidios, recibiría después por parte de sus vecinos de Čachtice.

Isabel Báthory de Ecsed nació el 7 de agosto de 1560 en Nyírbátor, antiguo Reino de Hungría. Era hija de Jorge y Anna Báthory, un matrimonio de primos. Su abuelo materno, Esteban Báthory de Somlya, fue voivoda de Transilvania. Su tío Esteban II y su primo Segismundo fueron príncipes.

Entre los cuatro y cinco años de edad la pequeña Isabel padeció de fuertes ataques epilépticos que remitieron a medida que iba creciendo. Isabel, por insistencia suya más que de sus padres, recibió una educación que superaba a la de la mayoría de los hombres y mujeres de la época: hablaba perfectamente húngaro, latín, y alemán, cuando casi todos los nobles de su país eran analfabetas.

A los quince años de edad Isabel se casó con el Conde Ferenc Nádasdy, que era cinco años mayor que ella. Ferenc adoptó el apellido de su esposa porque era más ilustre que el suyo. El matrimonio se fue a vivir al Castillo de Čachtice, en compañía de Úrsula, la madre de Ferenc, con quien Isabel nunca tuvo una buena relación.

Ferenc permanecía casi todo el tiempo en las guerras de la zona, donde se ganó el apodo de El Caballero Negro de Hungría, gracias a todos los pechos y estómagos que atravesó con su fuerte espada. Isabel, mientras su marido estaba por fuera, sostenía (a escondidas de Úrsula) encuentros sexuales con algunos de sus sirvientes, sin importar que fueran hombres o mujeres.

Cuando Ferenc falleció a causa de un infarto fulminante durante unas de las guerras, Isabel despidió del Castillo de Čachtice a Úrsula y quedó con su servidumbre más joven y sus cuatro hijos: Ana, Úrsula, Katrynna, y Pablo (éste, que era el menor, puede que no fuera hijo de Ferenc sino de un sirviente).

Con la muerte de Ferenc, los crimines de Isabel se incrementaron. Comenzó a quemar los genitales de sus sirvientas con velas, carbones, y hierros. Generalizó su práctica de beber la sangre directamente mediante mordeduras en las mejillas, los pechos, y los muslos.

Se valió de La Doncella de Hierro (especie de sarcófago que reflejaba la silueta de una mujer y que por dentro tenía pinchos afilados) para torturar a sus víctimas y desangrarlas poco a poco hasta ocasionarles la muerte. Y no solo continuó utilizando la sangre de sus sirvientas para mantenerse joven, sino que también empezó a utilizarla para practicar la magia roja.

El Castillo de Čachtice se transformó en un cementerio. Isabel enterraba los cuerpos de sus víctimas en el jardín y en los silos de grano. Por los pasillos no era extraño encontrar algunas sirvientas caminando moribundas sin senos y sin labios. Un fuerte olor a putrefacción se sentía, la muerte era algo cotidiano.

Cuando se deshizo de todas sus sirvientas y no hubo quien trabajara para ella, utilizó sus influencias y tomó a adolecentes de buena familia para educarlas. La bruja Darvulia, su intima amiga, le había prevenido que no cogiera nobles para sus prácticas, pero no le hizo caso.

Ahora sus víctimas eran hijas de la aristocracia del Reino de Hungría, por lo que sus muertes eran consideradas significativas. Las sospechas en contra suya crecieron y sus enemigos también, en especial aquellos que querían quedarse con sus bienes, entre quienes estaba, por supuesto, Úrsula, su suegra…

***

Después de muchas polémicas, investigaciones, y audiencias. Después de haber utilizado todos sus contactos y haberse gastado gran parte de su patrimonio defendiéndose inútilmente, Isabel no pudo seguir escondiendo más sus crimines y fue condenada a cadena perpetua en confinamiento solitario.

La encerraron en el Castillo de Čachtice con las puertas y las ventanas selladas. Sus ojos no volvieron a ver la luz del sol. La separaron de sus hijos. Le confiscaron los pocos bienes que le quedaban. Fue sumida en la soledad y el silencio de su propio matadero: allí en donde había cortado y comido la carne de reses vírgenes, allí en donde se bañaba con una sangre pura que le dio placer pero nunca, para desdicha suya, juventud y belleza.

Cuatro años después de expedida su condena, Isabel murió de vieja y sus hijos pretendieron enterrarla en la iglesia de Čachtice, pero los vecinos decidieron que era una vergüenza que La Condesa Sangrienta fuera sepultada en la aldea.

Finalmente la enterraron en Ecsed, el pueblo de origen de su poderosa familia. El escritor argentino Julio Cortázar en su novela 62/ modelo para armar utiliza a La Condesa Sangrienta como el leitmotiv de su historia. Películas como Las vampiras (1971) y Báthory (2009), hacen referencia a la leyenda de Isabel.

Obras de teatrocomo Érszebet, la bañista de la tina púrpura y Báthory contra la 613 también lo hacen. La vida de Isabel y sus más de seiscientos homicidios se han ganado una  enorme fama mundial. Han sido objeto de estudios e inspiración de varios artistas.

Yo con este artículo solo he querido hacer una mera alusión de una leyenda que me parece enigmática. Nada de trascendencia le he dado a la certeza de los datos históricos, me he dejado llevar simplemente por la imaginación, ya que creo que a esta leyenda todavía le hace falta mucha tela o, más bien, mucha carne por cortar.

Carlos César Silva

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