Literatura

La oculta

Wladimir Pino Sanjur

05/10/2016 - 04:30

 

Perdido entre las montañas de Jericó y el suroeste antioqueño, fui dejándome cautivar por la historia de una Tierra denominada “La Oculta” en la novela de Héctor Abad Faciolince, una obra literaria de corte histórico, narrada a tres voces, me transportó a mi tierra y a la de mis ancestros, pero igualmente me hizo pensar que quizás el escritor de “La Oculta” quiso mostrarnos la historia de nuestro país de manera indirecta a través del relato centrado en una finca ubicada en las montañas del suroeste antioqueño.

Este es el apego del colombiano a la tierra, en un país donde la mayoría somos de clase baja y la gran minoría ostenta las grandes porciones de tierra del país, una nación donde el burgués despoja de las tierras al campesino y lo convierte en un desplazado en las grandes urbes, donde el rico tiene sus industrias, generando hambre y desempleo, acunando de esta forma la violencia y el resentimiento.

El escritor hace énfasis en la tierra, en la unión familiar en torno a esta, en la historia del gen, teniendo la propiedad raíz rural como testigo de años de trabajo y tradición. La oculta es una vieja finca enclavada en las montañas antioqueñas de propiedad de la familia Ángel heredada a través de varias generaciones, con un compromiso genético de no enajenarla, en esta lucha por conservar la propiedad, aparece la guerrilla extorsionando y secuestrando.

El secuestro no solo cobra el valioso bien de la libertad del menor de los Ángel, sino que mata de tristeza y soledad al abuelo Cobo quien no entiende cómo él, siendo un hombre de izquierda, sus justificados en armas cometen tan cobarde crimen con su nieto. Ante el azote de la violencia de los subversivos, los hacendados responden con la creación de un ejército personal, asesorado por la fuerza pública. Estos paramilitares años más tarde se olvidan de su origen y objeto y se desvían en el camino del crimen, convirtiéndose en verdugos de sus auspiciadores, al punto de quererlos despojar de sus propias tierras, pero esta familia cuya unión y cariño reciproco estaba condicionado a esa porción de tierra denominada “La oculta” sobreviven a todas las formas de violencia y se mantienen unidos en su tierra, viendo morir sus seres queridos y enterrándolos en esas empinadas montañas de Jericó, queriendo aún más su finca.

Pero el cansancio de los años y el desconocimiento del trabajo y el sufrimiento de las nuevas generaciones terminan desprendiendo la familia de la tierra y con ella llega para siempre la aniquilación total de las relaciones familiares.

Esta tierra llamada La Oculta es nuestra Colombia del alma, heredada de nuestros padres y, antes de ello, recibida de nuestros abuelos, y así sucesivamente de generación en generación. Nosotros, los que hemos padecido el sufrimiento y las alegrías en esta tierra privilegiada a las orillas del Pacifico y el Caribe, nos mantenemos unidos como nación, por el patrón genético condicionado a la tierra y sus costumbres, padecimos la violencia de izquierda y de derecha sin dejarnos despojar de lo único que nos pertenece “La identidad de colombianos”, pero lo que no pudo la guerra, lo han logrado las ambiciones económicas, entregando nuestros recursos naturales a las multinacionales, para que talen los bosques, como las Motosierras de La Oculta, o para que contaminen de petróleo los yacimientos de aguas como el lago de la familia Ángel.

Más allá de una experiencia literaria maravillosa "La oculta" narra la historia de nuestro país, de nuestra gente,  en la gran mayoría nos fascina estudiar el origen de nuestros apellidos, para ostentar que somos de origen francés, italiano o español, siendo lo único cierto e importante, es que somos colombianos, hijos de aborígenes de américa y mezclados con esclavos y conquistadores.

Hoy me queda el compromiso de no enajenar mi tierra, quiero que los colombianos de los llanos vean el amanecer en la inmensidad, que los caribeños veamos el contraste del sol con el mar, que los picos de las montañas de donde bajan los ríos en los andes se besen con el sol, pero nunca tener la visión de Pilar Ángel, frente al desarrollo devastador que acabó con el paisaje de aquella finca de su familia.

 

Wladimir Pino

 

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