Literatura

Fernando Núñez, entre la poesía y la ciencia

Annabell Manjarrés Freyle

21/03/2017 - 06:25

 

Fernando Núñez del Castillo / Foto: Annabell Manjarrés Freyle

 

Fernando y su esposa Elizabeth me reciben muy cordiales a la entrada de su apartamento en El Rodadero. Muebles modernos, plantas frescas, máscaras toltecas y amazónicas adquiridas en unos de sus numerosos viajes, decoran los muros. En los pasillos, se observan fotos de sus hijas a los veinte años. Me señala la foto de sus nietos, dos de la abogada y uno de la historiadora. Nadie advierte que entra en la casa de un poeta hasta que mira en su biblioteca, sus dos últimos poemarios publicados.

Me invitan a pasar a la terraza donde me espera una cerveza helada para aplacar el calor húmedo de los primeros días de marzo. Desde el piso 17 se observa la cadena de edificios de El Rodadero y también Gaira, pueblo convertido en un barrio de la ciudad con sus nuevos conjuntos cerrados, y sus secos cerros invadidos de cardonales y casas de bloque.

Después de multiplicarse como docente laborando en distintas universidades de Bogotá, Fernando Núñez del Castillo disfruta desde hace 19 años su pensión en Santa Marta, ciudad a la que ha regresado para dedicarse a la poesía de tiempo completo. Aracataca lo vio nacer en 1943. Comenzó su bachillerato en el Liceo Celedón y terminó en el San Luís Beltrán en Santa Marta, Colombia.

Obligado por sus padres se fue en 1962 a Palmira Valle para comenzar una carrera de Agronomía que dejó tirada. Eran tiempos difíciles, sus padres se habían separado y Fernando, quien siempre tuvo predilección por la poesía, se aficionó a la música y los boleros. Allí comenzó una corta faceta de cantante y fue contratado por una orquesta en Ipiales. Ganaba bien, lo suficiente para entregarse a la bohemia.

En 1965 se mudó a Bogotá con su madre y sus hermanos. En la capital fue contactado por el famoso Poly Martínez para cantar en la orquesta de planta del Hotel Tequendama. Fue una breve y última incursión en la música, que Fernando recuerda con mucho agradecimiento. La biología y la vida académica lo rescataron del desordenado ritmo de los boleros. Nunca más volvió a cantar, ni siquiera en las fiestas familiares.

Fernando es biólogo egresado de la Universidad Nacional (1972) con una Maestría en Biología Genética por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Durante 25 años fue profesor en la Universidad Nacional y catedrático en las universidades Distrital, Pedagógica Nacional, y La Salle.

La vida académica no le dio nunca espacio para la poesía. En su trayectoria docente dirigió 14 tesis y fue jurado de más de 20. Además, fue durante ocho años editor de la revista Acta Biológica Colombiana, y coordinador de la biblioteca del Departamento de Biología.

Aun así, un hombre con mente científica ha escrito cinco poemarios. El último de ellos: Alarmas Armadas (2016), publicado en Ottawa, Canadá por la Editorial Lugar Común, es un libro de poemas donde este poeta de Aracataca expresa su sentir sobre el conflicto armado colombiano.

Poemas y alarmas

Más que sentir en Alarmas armadas, Fernando Núñez denuncia a través de la poesía las injusticias y la corrupción como detonantes del conflicto. Le canta al dolor ajeno, a la sangre inocente, a los menos favorecidos, a los dos países que hay en uno, a los tugurios, a las a mujeres sin manos, a las protestas, y a las víctimas, entre otros actores que han encendido las alarmas en su poesía.

La publicación de Alarmas armadas coincide con la firma de los Acuerdos de paz entre las Farc y el Gobierno colombiano, sin embargo el tema de la guerra siempre ha tocado el interés de Núñez del Castillo.

“Siempre he sido un hombre con ideas de izquierda. Como todo colombiano de mi generación, viví el conflicto armado de manera muy intensa. Han sido poemas que he escrito a través de los años, y cuando me di cuenta que tenía una temática los reuní”, explica.

Para Fernando la muerte es un “espantoso escenario ideado con esfuerzo por la admirable estupidez del hombre”. Así lo expresa en su poema “Derrota” donde a propósito canta: “¡Se acabó la guerra! ¡Se acabó la guerra!/ Todos lo celebran aliviados, exultantes /entre jirones y cenizas. /Pero ahora que acabó la guerra /se impone la certeza de una gran derrota. /Nadie escapa a su rincón de pavura. /Igual abate la tragedia/ a los entrados en combate /que a los alejados del círculo de fuego.” (Alarmas Armadas, p, 17).

El prólogo de la obra está a cargo del poeta magdalenense Teobaldo Noriega, profesor emérito en Canadá desde hace más de cuarenta años. En unos de sus apartes informa del propósito que anima al poeta:  

“Tal es el intento de Fernando Núñez al proponernos en estos poemas una brutal y esperpéntica galería, a manera de distorsionado retablo donde se muestran condensaciones verbales de la deshumanizadora experiencia.  (…) El juicio no podría ser más lapidario. Sin duda este elaborado trabajo de Núñez contribuye a la construcción de un archivo socio-literario que —sin proponerse abordar éticamente el tan discutible tema del promulgado perdón— niega categóricamente la posibilidad del olvido. La palabra reclama y asume su papel de testigo”.

El barrio, la carne y los sueños

“Creo que siempre escribí poesía pero lo tomé en serio un poco antes de pensionarme, pues el trabajo académico es muy exigente”, dice Fernando en el balcón de su apartamento—. “Cuando ya tenía suficientes poemas reunidos los compilaba por temáticas. No sucedió así con Barro animal o De carne y sueños”, sostiene.

De sus dos primeros poemarios Oficios del tiempo, 1995; La huella de un sedentario, 2001; dice que no queda nada. “Son poemas muy incipientes. Aunque en el segundo poemario siento que escalé un poco más, noto en él demasiada confusión, en el sentido que no transmito mensajes claros. Es una poesía abstracta, confusa. En Barro animal, fíjate, ahí sí se nota mi formación en ciencias”, comenta.

Su tercer libro Barro animal (2007) fue un reto para Fernando Núñez. Siempre quiso abordar los temas tomados de la geología, la antropología desde el lenguaje poético, sin que el lenguaje formal de las ciencias chocara con la poesía.

“La agronomía es demasiado técnica, está muy emparentada con la ingeniería y no tengo ese tipo de mentalidad. En cambio, la biología, que es una ciencia pura y que siempre me gustó, me dio una formación más estricta y más profunda. Pienso que esa formación con cierta rigidez científica puede percibirse en Barro Animal”, explica el poeta de Aracataca.

María Mercedes Carranza dijo de este libro: “la poesía de Fernando Núñez es una apuesta formal limpia y concisa”. La economía de palabras a la que se refiere la fallecida poeta puede notarse en este fragmento de “Imágenes mínimas:

Bajo la intemperie de milenios, /rodeado de sal y sequedad, /el bosque es un níveo cementerio /de árboles cristalizados. /Suelo sembrado de fósiles, /paredes impregnadas de pinturas y glifos: /antiquísimos capítulos de historia de la tierra / escritos en una cueva.” (Barro animal, p, 48).

Fernando confiesa que de este libro en adelante sus poemarios tienen unidad temática. Sobre sus Barro animal y De carne y sueños sostiene:

“Creo que en estos libros hay altibajos, tal vez hay unos poemas muy bien logrados y otros que no son tan afortunados, pero creo que eso es lo que da la tierra. Ese libro (De carne y sueños) lo he querido mucho, sobre todo porque hay poemas ahí que dicen lo que realmente he querido decir”.

En De carne y sueños (2010), su poemario de corte erótico y amoroso, fue otro reto para él. Abordar el amor y la espiritualidad en la poesía sin caer en lugares harto conocidos es toda una osadía para un poeta contemporáneo. Al respecto, Fernando Núñez dice:

“Siempre me ha inquietado el amor y el tema de Dios, pero siempre he tenido muchísimas dudas. De Dios he llegado a pensar que ni siquiera existe, que son invenciones de la mente, pero también pienso que si es una creación de la mente es una creación muy bella, y una creación que nos exalta, porque si algo nos caracteriza a los humanos es que somos rastreros… perversos (esa quizás sea la palabra); y el amor es todo lo contrario, busca la cercanía, la paz y la comunión entre los humanos. Yo le temía a ese tema porque pensaba que era incapaz de poder tratarlo de una forma artística, elaborada y poética. Si acaso había escrito sobre el amor tres poemas”.

Para Fernando la poesía y el amor están en los momentos simples. Así dicta su poema “En lo cotidiano”:

“Anda mi mujer por la casa /con sus pasos elásticos de araña/ y una sombra de silencio/ cubriéndole los hombros. A veces se desplaza tan concreta /como el compás de los relojes, y otras, /flota en el aire de su propia ausencia. /Suspiros, susurros, misteriosos en los cuartos, celajes, trasiegos, sombras de lo etéreo. /Otras veces canta y su voz es agua /que se derrama en la rutina sosa. /En una taza de café me da a gustar el alba /en el humo del aroma su voz se evapora/ y ahora sus manos me son tan extrañas…/Por momentos su silencio toma cuerpo/ y me invade y me limpia /y la siento cercana y mi vida se alegra”. (De carne y sueños, p, 98).

Sin embargo, a Fernando no lo abandona la ciencia. En su poema “Más de carne que de sueños” expresa lo siguiente del amor: “Sobrio algunas veces, /pero ebrio siempre/ y próximo al dislate. /Son de hormonas sus raíces /y sus flores de carne.”

En su faceta como narrador, el autor de Alarmas armadas ha escrito 18 cuentos que espera publicar en un volumen. Algunos de estos cuentos han sido publicados en la Revista Macondo, Santa Marta. Como cuentista experimenta con vivencias propias a las cuales les agrega un tanto de ficción aquí y allá. La narrativa le ayuda a escribir sobre algunos temas que lo desgarrarían si al contrario los poetizara.

“Sobre la separación de mis padres, que siempre fueron un matrimonio muy mal avenido, donde hubo maltratos físicos y verbales extremos, no he escrito poemas pero sí un cuento. No puedo abordarlo desde la poesía porque son recuerdos demasiado dolorosos y si escarbo en ello siento que me puedo lastimar. Creo que esa puede ser la razón, pero eso no significa que no lo toque más adelante”, añade.

Fernando Núñez me invita a su biblioteca, un cuadernillo de poemas de Alfonsina Storni salta a la vista en su escritorio. Lee por estos días al novelista español Ildefonso Falcones. “Sus novelas me tienen atrapado, es preciso y sabe cómo encadenar la ficción con el contexto histórico de la edad media española”, dice emocionado. Su nuevo poemario aún no tiene temática definida pero ya lleva casi 50 poemas. “Paro cuando tengo 90, porque de esos elimino mínimo 20 o 25. Al tiempo que escribo selecciono. Sigo escribiendo, nunca paro en realidad”, puntualiza el poeta.

 

Annabell Manjarrés Freyle

@AnnabellMF 

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