Literatura

Tres siglos románticos [IV]

Jairo Tapia Tietjen

22/06/2017 - 07:00

 

Gustavo Adolfo “Bécquer”

 

Gustavo Adolfo Domínguez Bastidas, “Bécquer” (1836-1870), nace en Sevilla. Huérfano desde niño, y descendiente de familia flamenca (los Becker o Bécquer), setenta y nueve de sus breves composiciones se ven reunidas en sus Rimas y Leyendas:

“Hoy como ayer, mañana como hoy…”;  “Cuando volvemos las fugaces horas”;             

Su hermano el pintor Valeriano le hizo el retrato más célebre, con fino bigote, mirada y aspecto donjuanesco, con semejanza de lo mejor de las pinturas barrocas flamencas. 

Bécquer fallece el 22 de diciembre de 1870, a los treinta y tres años, víctima de problemas hepáticos según certificado médico, con recurrentes fiebres de una bronconeumonía reciente, adquirida al exponerse al intenso frío de la madrugada madrileña.  

Bécquer padeció de muchas penurias económicas que lo hacen desempeñarse como periodista y censor de novelas, cargo obtenido gracias a su mecenas el ministro de la Corte González Bravo. Dependía en alto grado de la ayuda de su hermano Valeriano y sus íntimos amigos. En diversas tertulias madrileñas conoce e íntima con  los reconocidos autores Pérez Galdós, Castelar, Juan Valera y Campoamor.

En el parque María Luisa de Sevilla, se aprecia entre el frondoso follaje su escultura en mármol, como homenaje al poeta que sólo después de fallecido conoce la gloria de sucesivas seis ediciones en diez años,  de sus Obras completas, sus prosas y rimas, y convertido en el ícono del caballero ecuménico andantede la ilusión y de las ideas amorosas que acompañan a las sucesivas generaciones; de ritmo único e inimitable, en sus versos de perenne filosofía:

¡Dios mío, qué  solos  /  se  quedan  los  muertos !

Muchos coinciden en afirmar que Bécquer fue el más grande poeta romántico del siglo XIX, por su inspiración y labor innovadora, que refleja la naturaleza en sus creaciones. Las nuevas generaciones, pasionalmente agitadas e inmersas en el ruido y la velocidad tenaz, acuden a sus versos en los instantes sublimes de sus sentimientos, subyugados ante la perennidad y resonancia líricas de “Rimas” plenas de cualidades intuitivas de una vida hecha poesía:

¿Qué es poesía ?, dices mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul,

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? / Poesía… eres tú.

Rimas XXI (21)

La senda realista del romanticismo

Los mitos actuales se comprenden menos que los antiguos. Lo real puede llegar a ser terribley también competir con la sublimidad de la poesía. Honoré de Balzac (1799-1850) planteaba que se escogiera entre la poesía de la expresión de las calles y sus miserias, y las muestras artísticas en los elegantes salones parisienses. El crítico M. Leroy subraya la ironía balzaciana: “al leer las novelas de Balzac podemos seguir no solamente la aparición de nuevos tipos sociales, sino también el surgimiento de costumbres e ideas”.

Balzac muestra cuidadosamente en su obra un significado más amplio en cada hecho o personaje que representa, convirtiendo en símbolos los sucesos importantes y trascendentes que deslumbran en su prosa, revelando un plan total para los destinos humanos.

Según Henry James, París es el teatro principal de Balzac y la esencia de su mitología. En este espacio sus personajes son geográficamente ubicados y se desenvuelven en un realismo histórico, que sucede a un ambiente abstracto como el de la tragedia. M. Bajtin la denomina “novela polifónica, porque predomina el diálogo sobre la exposición, lo cual resulta objetiva, tal como en el drama que maneja el ruso F. Dostoievski (1821-1881), donde los conflictos aparecen en primer plano, sin intermediarios y soluciones externas.

Uno de los acercamientos históricos más importantes del realismo romántico fue la conexión de la comicidad o grotesco con la expresión de emociones más serias y solemnes, tal como lo hizo el inglés Charles Dickens (1812-1870), en cuya novela Little Dorrit, o en Nuestro mutuo amigo, aparecen multitud de personajes grotescos y únicos, que viven en perpetua representación de sus idiosincrasias, lográndose así un estilo narrativo de concepción tragicómica grotesca. En su dolorosa pintura de la realidad, Dickens logra, con una mezcla de lo divertido con lo compasivo, producir una impresión grotesca de la vida y la gente de todos los días.

Dostoievski es considerado el heredero del realismo romántico, pues se ocupó en sus temas de forma metódica, sacándolos de las categorías sociales con un nuevo sentido y entregándolos al caudal característico del sufrimiento humano. En su concepción, la moral y la razón impiden al criminal apartarse del delito, tal como vemos en Crimen y castigo, donde Raskolnikov reúne en él las más profundas corrientes irracionales contra los refinamientos más elevados de su habilidad dialéctica.

Y es aquí donde apreciamos el acierto de A. Hauser: “Del hecho de que Dostoievski es un romántico en el mundo del pensamiento y la marcha de los pensamientos tiene en él una  razón poderosa y el mismo ímpetu emotivo,  para no decir patológico, que la inundación y la violencia  que los sentimientos tenían para los románticos”.

Este punto de vista ya lo había expuesto Bajtin al poblar sus novelas de hechos y personas que chocan al aire libre, lejos de toda convención moral que les gobierne y con sentido comunitario que se mezclan libremente sin intento de resolver o complementar sus acciones como lo hacen los narradores omniscientes tradicionales, pareciendo por primera vez los grandes temas: la trasgresión, la culpabilidad y el sufrimiento, de la libertad y la autoridad, el positivismo, el socialismo y las dificultades que implica, y de la tragedia de no creer, lo cual se desenvolverá, en adelante, en el contexto cultural contemporáneo.

El romanticismo latinoamericano

Se vio opacado por el caudillismo y la inestabilidad política imperante en el siglo XIX, donde los intereses económicos de potencias foráneas y la maraña de intereses y necesidades basadas en el clientelismo, imponen salidas inconclusas e insatisfactorias para todos. Por ello sus escritores adoptan una actitud clasista de ardiente patriotismo que rechaza las limitaciones a sus  libertades.

Las generaciones románticas latinoamericanas son representadas, grosso modo de la siguiente manera: México, Quintana Roo, Riva Palacio y Payno; Brasil, Castro Alves, Machado de Assis y Almeida; Colombia, Jorge Isaacs (1837-1895) y Epifanio Mejía (1838-1913); Argentina, la poesía gauchesca, Echeverría, Sarmiento y J. Hernández; Chile, Lastarria y Blest Gana; Ecuador, Olmedo Y Montalvo; y Cuba, Heredia, Varona y Villaverde.

El argentino Obligado nos brinda una muestra de su poesía gaucha:

“Mientras muere el día, llueve.  /   Es una agonía breve.

La ciudad se queda abrumada  /  con la tristeza de la hora.

La lluvia no dice nada, y llora. /  Ciérranse puertas y ventanas,

huye la gente  /  como de un mal por las aceras / y un hombre mira, indiferente”.

En el campo literario el romanticismo en América aparece primero como una corriente “liberadora” que alienta las luchas de independencia; luego sigue una etapa melancólica, derrotista y evasiva; poesía escéptica, sin apegos a la justicia social y a la solidaridad, pero que anhela encontrar una explicación lógica de la vida, y con influencias directas de Zorrilla, Bécquer y Campoamor.

Veamos al  colombiano Epifanio Mejía en sus estrofas de “El canto antioqueño”:

“Nací libre como el viento / de las selvas antioqueñas,

como el cóndor de los Andes, / que de monte en monte vuela”.

También una muestra del poeta golpeado por la realidad, en los versos del argentino Ricardo Gutiérrez:

“. . . triste como la última mirada,   /   como un sollozo, como una lágrima,

¿así quedó tu alma  sin la mía ? / ¡así quedó tu alma sin mi alma!

 

Jairo Tapia Tietjen

tapiatietjenjairo@gmail.com

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

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Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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