Literatura

Los triángulos brillantes en los cuentos de Diego Niño

Johari Gautier Carmona

26/06/2017 - 07:05

 

Portada de "La noche es una niña traviesa" de Diego Niño

 

La noche es una niña traviesa, pero el Niño (Diego) es el hombre travieso de la narración breve (y oscuramente deliciosa). De sus cuentos es difícil salir ileso: las coincidencias devastadoras, los sarcasmos más sórdidos, los deseos inconfesables y el sabor a derrota que muchas veces se asemeja a victoria, son algunos de los elementos que trascienden en unas historias que sólo pueden surgir de la mente maquiavélica de un escritor que disfruta jugando con sus personajes y avasallándolos con problemas matemáticos casi imposibles de resolver.

Los relatos de Diego Niño son el reflejo de los equilibrios incomprensibles de la vida: amores enredados hasta la médula (siempre a punto de derrumbarse), solteros que anhelan desesperadamente algo (sin saber qué), amistades que se aman y se traicionan, sensaciones y emociones que nacen de la gran ciudad y se chocan con la cultura audiovisual y literaria, conformando un complejo universo donde las fronteras de lo real y lo imaginario se diluyen.

El Premio nacional de cuento Jorge Gaitán Durán -recientemente concedido al autor bogotano por “La noche es una niña traviesa”- nos confirma lo que ya podíamos experimentar leyendo su columna en PanoramaCultural.com.co: los desamores y el despecho son algunas de las grandes temáticas que le inspiran y, con artimañas dignas de un experto en lucha griega, sabe convertirlas en tramas atractivas y sorpresivas.

El cuento que abre y da nombre a esta publicación nos presenta a un profesor de matemáticas (extraño paralelo con el autor) que sale de una relación dolorosa, y que -aunque todavía nostálgico- está a punto de caer en otra igual de dañina. Y como en la vida nada es sencillo, a este triángulo de amores (el de la ex y la chica a punto de caer), también se superpone otro triángulo: el de la chica a punto de caer y el tipo con quien sale de vez en cuando, y con quien el narrador tiene que competir de manera soberbia (para el deleite del lector).

Los triángulos de Diego también se encuentran en el cuento “Ando volando bajo” donde, después de un concierto exquisito de la Orquesta Aragón, el narrador se enfrenta al recuerdo de su ex–pareja Carolina, un fantasma que no le suelta y le impide respirar, y en esa huida azarosa termina en un burdel, encerrado en una habitación diminuta a punto de consumar un amor despertado súbitamente por dos aspirinas azules. Ahí el protagonista descubre que “el amor es una sonrisa en mitad del naufragio”.

El despecho se reafirma con los cuentos “La felicidad tiene piernas de mujer”, “Atraco” y “No partas soñando el regreso”, donde los triángulos se suceden a buen ritmo pero también intervienen de manera circular personajes segundarios que -como almas perdidas- salen de un cuento en el que se les vio de modo fugaz para luego lucirse magistralmente en otro relato construido a su medida (recordándonos los universos de Quentin Tarentino).  

Es el caso de Lorena, una joven que destaca por sus vestidos cortos y que ostenta en la pierna derecha el tatuaje de una pluma y algunas naves. Se le puede ver brevemente en el relato “Los caminos de la eternidad”, donde besa a su pareja “con urgencia, como si le faltara aire”, pero es realmente en el cuento que cierra el libro donde se nota su presencia, encerrándose en un motel con Rommel (el profesor de matemáticas del principio), decidida a terminar una tesis y liberar el amor que siente desde que tiene diecisiete años.

Así son las narraciones de Diego Niño: tramas que enganchan y noquean por sus amores callados, reivindicaciones inesperadas, pasiones frustradas, almas heridas y desilusiones en proceso de fermentación. En esta última categoría (las desilusiones en proceso de fermentación), una mención especial para el cuento “Cuando yo se lo diga póngale la firma”: en el que se narran los últimos días de Juan, un hombre que descubre a su esposa en un video porno y, que ante la peor de las sorpresas, opta por suicidarse. En esos momentos grotescos, en esos capítulos inconfesables de la vida, es cuando brilla la pluma de un Diego Niño irreversiblemente travieso y creativo.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier 

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