Literatura
Sonidos y silencios

A veces, en la vida sucede lo mismo que en la música, donde lo complicado en ocasiones no es tocar, si no callarse a tiempo. Y es que, al final, la música existe por el silencio. ¿También la vida?
A veces, en la vida y en la música sucede que lo difícil es seguir el ritmo y mantenerlo, aunque haya que permanecer en silencio.
A veces, en la vida hay silencios tan clamorosos que parecieran un redoble de timbales. A veces en la música hay silencios tan agudos que nos erizan la piel al igual que las imágenes de un noticiario.
A veces, en la vida hay silencios tan dulces como la más delicada de las melodías. A veces en la música hay tantas melodías por escuchar como en la vida silencios por desoír.
A veces la vida nos presenta una paleta de colores tan variada y atractiva como la innumerable cantidad de armonías que suenan en la 9ª de Beethoven o de Malher. A veces la vida nos presenta situaciones tan complejas como la más elaborada de las fugas de Bach.
A veces la vida nos acaricia con la misma dulzura y suavidad que un nocturno de Chopin y nos hace sentir tan alegres como un pasaje de Vivaldi. A veces la vida es tan disonante como una obra dodecafónica de Schönberg, una sonata de Pierre Boulé o una ópera de Stockhausen.
A veces, en la vida suena el eco de la más bella melodía y el silencio se transforma en un canto de pájaros interpretado al violoncelo por Pau Casalls[1].
A veces la vida y la música se mezclan creando unos acordes tan llenos de matices que son una invitación a descubrir y recorrer espacios llenos de sonidos… y de silencios...
Antonio Ureña
[1] La canción tradicional catalana “El Cant dels Ocelles” (El Canto de los Pájaros) fue definida por el violoncelista y compositor Pau Casals (Cataluña 1876-Puerto Rico,1973) como la melodía más bella del mundo.






