Literatura

Contar la Violencia después de contar los muertos

Johari Gautier Carmona

05/12/2017 - 06:55

 

Contar la Violencia después de contar los muertos

Conversatorio sobre Literatura y violencia con los escritores Mary Daza, Ledys Jiménez, Paul Brito y Javier Naranjo / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

Hablar de violencia en Colombia es como hablar del tiempo. Es algo que está ahí, con el que hay que convivir, y cada uno lo hace a su manera -muchas veces padeciéndolo o resignándose-. Muchos se han acostumbrado a ella y la tratan como si fuera una tormenta ante la cual sólo hay que cerrar la puerta o la ventana.

Hablar de violencia es también hablar de un gran monstruo. Ese monstruo que aturde, te persigue, y te devora por dentro, que te impide dormir porque es el fruto de la injusticia que acaba con todo, con la inocencia, con la primera sonrisa de una mañana, con tu hermano o vecino. Ésa es la paradoja de la violencia en Colombia.

Y en ese orden de ideas, hablar de violencia y literatura es conciliar la vida misma con un estilo de vida. El compromiso y los fantasmas de cada escritor son los que imponen la cotidianidad, el tono, el enfoque, el tiempo, y la forma con la que los personajes (o ciudadanos de una historia) se enfrentan a sus miedos.

En el auditorio de la Biblioteca departamental Rafael Carrillo, el ambiente es de solemnidad. El Primer Encuentro de Escritores del Cesar, impulsado desde la Biblioteca Departamental Rafael Carrillo y la Gobernación (en el marco de los 50 años del departamento), ofrece un espacio para esa palabra que quedó relegada durante mucho tiempo en esferas lejanas, lugares en la penumbra o esquinas sin barrer. Ante un público de firmes lectores, los ponentes revelan lo que es para ellos escribir en tiempos de paz o postconflicto, y demuestran de inmediato que la escritura también implica desprenderse de las lecturas rápidas y las ideas preconcebidas.

“Me han llamado muchas veces aquí la escritora de la violencia”, manifiesta Mary Daza Orozco antes de recordar esos innumerables cadáveres que bajaban por los ríos en los peores tiempos del conflicto. Ella, una de las escritoras más reconocidas del departamento del Cesar, defiende el deber del escritor de denunciar la violencia, reivindica el papel histórico que tuvieron las mujeres en ese aspecto, y expone la angustia solitaria que representa vivir en medio del horror: “Se gana uno muchas amenazas, tuve que esconderme después de escribir Los muertos no se escriben así”.

De arriba abajo/ izquierda derecha: Mary Daza, Paul Brito, Ledys Jiménez y Javier Naranjo / Foto: PanoramaCultural.com.co A su lado, la poeta Ledys Jiménez ve en la literatura un espejo de la realidad donde no caben las medias verdades. Escribir es ser testigo de la vida, y, por eso, la violencia de las últimas décadas no puede estar ausente en la obra de quienes aspiran a narrar con profundidad. “Mi obra no es más que una verdad”, explica Ledys, y enseguida añade: “Es una promesa de que creo en la humanidad, de que creo en la inocencia del ser humano. La Humanidad es inocente de lo que le pasa, y lo único que la puede salvar es la literatura”. Su obra “El prontuario de los oscuros” es la viva ilustración de este compromiso. 

Para el cronista Paul Brito, la escritura es un acto de esperanza. El simple hecho que el escritor esté vivo y organice los elementos en su obra para crear una memoria del conflicto es la muestra de que aspira a mejorar el mundo, o que -por lo menos- no se repita el horror. El escritor se refirió también a la Violencia como un monstruo mucho más extenso que el campo de batalla en el que se enfrentan hombres armados. La Violencia está en la ausencia de diálogo, en el silencio total, en las relaciones vecinales o de jerarquía. “Cuando hablas de las condiciones laborales de un país como Colombia, estás hablando también de la guerra”.

Ante estas reflexiones, los términos de “Guerra” y “Paz” se vuelven cada vez más opacos e insondables. ¿Qué es la guerra y cuándo termina? ¿Cómo debería ser la paz y en qué momento preciso comienza? ¿Qué elementos permiten pasar de repente de un estado al otro? La inmensidad de ambas nociones, sus lazos y los intereses que las carcomen nos desorientan a menudo. Por eso el poeta Javier Naranjo, autor de la obra “Los niños piensan la paz”, nos invita a buscar las respuestas en la niñez, es decir mirar hacia esos seres que piensan en grande, los que viven y sueñan de día, los que dicen las verdades en alto, los que creen en un futuro mejor.

“Los niños nos están pidiendo que los escuchemos –explica Javier–. Hay un enorme poder en sus expresiones”. En el libro que editó y publicó con el apoyo del Banco de la República, los niños responden a preguntas sencillas -aquellas a las que muchas veces los mayores no encuentran respuestas-, y regalan mensajes claros a quienes piensan desde su comodidad: “Paz es el fruto de la tierra que todavía sobrevive”, “Paz es cuando uno se perdona”, “Guerra es gente que se pelea por un pedazo de tierra o de paz”.    

Muchas conclusiones podrán sacarse de todo esto, pero una se impone a todas: “Quien conserva su cabeza de niño, conserva su cabeza”.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier 

Sobre el autor

Johari Gautier Carmona

Johari Gautier Carmona

Textos caribeños

Periodista y narrador franco-español. De herencia antillana. Dirige PanoramaCultural.com.co desde su fundación en 2012.

Escribe sobre culturas, África, viajes, medio ambiente y literatura. Todo lo que, de alguna forma, está ahí y no se deja ver… Autor de "El hechizo del tren" (Ediciones Universidad Autònoma de Barcelona, 2023), "África: cambio climático y resiliencia" (Ediciones Universidad Autónoma de Barcelona, 2022), "Cuentos históricos del pueblo africano" (Ed. Almuzara, 2010), Del sueño y sus pesadillas (Atmósfera Literaria, 2015) y "El Rey del mambo" (Ed. Irreverentes, 2009). 

@JohariGautier

1 Comentarios


Berta Lucía Estrada 05-12-2017 02:35 PM

Muy buen artículo, me gustó mucho. Hablar de la violencia en un papis como Colombia es necesario, invisivilizarla es abonar el terreno para que se siga reproduciendo como maleza que cubre las ruinas de una sociedad que se niega a verse en el espejo.

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