Literatura

El escritor testigo y el rescate de la memoria en Colombia

Alberto Antonio Verón y William Marín

24/05/2021 - 04:45

 

El escritor testigo y el rescate de la memoria en Colombia
García Márquez firmando autógrafos / Foto: Centro Gabo

 

Varios escritores son los que en nuestro país se han interesado por escuchar la voz de las víctimas, entre ellos podemos nombrar a Arturo Alape, Germán Castro Caicedo, Alfredo Molano, Gabriel García Márquez y muchos otros que, a través del ejercicio periodístico y literario, recurren a la crónica, el relato, la entrevista, el reportaje o sencillamente a la historia de vida, es decir, formas que de una u otra manera tienen que ver con un género escurridizo y difuso llamado testimonio.

En los textos de estos escritores profesionales, se narran acontecimientos de la historia nacional que con el tiempo han ido adquiriendo nombre propio: el Holocausto del Palacio de Justicia, el genocidio contra los miembros de la Unión Patriótica, las acciones del cartel dirigido por Pablo Escobar. Pero otros acontecimientos, más anónimos y también de importancia significativa han cobrado autoridad: el drama cotidiano de los campesinos que, para salvar sus vidas, emprenden la huida, dejando un patrimonio que les dota no sólo del sustento diario sino que define en gran medida su identidad: la tierra. A las ciudades llegan familias y pueblos enteros en condiciones que no conocemos a profundidad. La naturaleza profunda de la injusticia cometida con ellos es reflejada en sus rostros. Se trata de una situación que no ha podido ser develada. Su existencia, solo toma cuerpo en las estadísticas discutibles del Estado y las organizaciones no gubernamentales. Estadísticas referidas a comunidades, a hombres y mujeres reducidos a la denominación genérica de desplazados.

Ante todos estos acontecimientos de violencia generadora de víctimas, estos escritores han cumplido un papel, que se podría denominar por el momento, de testigos. Ya sea por el ejercicio de la profesión, por circunstancias que rodean las experiencias personales y familiares frente a la violencia, o por el compromiso ético de contar las injusticias que se han cometido y se siguen cometiendo en Colombia, el escritor-testigo es quien ha instalado su mirada en el otro que padece la violencia, inerme ante el agresor e inerme ante la justicia que no castiga a los responsables y no repara los daños que estos ocasionaron sobre las víctimas. Le quedará entonces un recurso: la escritura.

Desde esta plataforma, el escritor-testigo, habrá de salvar para la memoria estos recuerdos, contándolos en libros, diarios y revistas.

Desde la dimensión literaria del testimonio, se considera que el rol asumido por ciertos escritores a través de la recolección de narraciones biográficas y testimoniales, está relacionado con el uso discursivo e ideológico inherente a este tipo particular de escritura.

Según afirma Ochando, C. (1998): “Los textos testimoniales pretenden denunciar y manifestar los aspectos injustos de la realidad social en la que se inscriben; intentan una interpretación literaria de los marginados, cediendo la palabra a aquellos protagonistas actores y testigos reales de la historia silenciados por la ideología dominante. La metáfora del ‘yo’, característica de la autobiografía, se transforma en la metáfora de un ‘nosotros’ colectivo, que se quiere representante de clase, raza o grupo marginados, y que orienta una visión en ‘blanco y negro’, de ‘buenos’ y ‘malos’ de la experiencia y de la historia”. (pp. 183)

Quien toma la decisión de escribir un testimonio se está asumiendo como un tribuno de los vencidos, toma partido por ellos y lucha por lograr un reconocimiento público de su dolor, cosa que en manos de los historiadores no sería posible. Esta es la sospecha del escritor testimonial, que sirve de justificación moral a su labor y para lo cual está dispuesto a sacrificar en alguna medida la utilización de recursos estilísticos y decorativos a los que un novelista, por ejemplo, no renunciaría fácilmente. No le interesa la ficción, sino el hecho real, que hace del texto testimonial descendiente directo de la verdad de lo dicho sobre un acontecimiento.

Para esta autora, el testimonio es un género referencial por excelencia, que depende de la inmediatez de los acontecimientos narrados: La inmediatez sirve a la demostración de veracidad y referencialidad de unos argumentos que se abastecen de unos soportes textuales subdivididos en dos variantes: externos (crónicas históricas, datos científicos, introducciones metodológicas, notas a pie de página, etc.,) e internos, textualizados en el relato propiamente dicho (‘¿me comprendes?, ¿no crees?, ¿verdad?’). Ambos sirven al interés de proporcionar objetividad al texto y conseguir una equivalencia receptiva entre verosimilitud (presente en cualquier literatura, incluida la documental) y verdad (propia del código receptivo testimonial). (pp. 146)

 

Alberto Antonio Verón

William Marín Raúl Gutiérrez

Acerca de esta publicación: El artículo publicado bajo el título “ El escritor-testigo y el rescate de la memoria ”, de Alberto Antonio Verón y William Marín Raúl Gutiérrez, corresponde a un extracto del ensayo académico “ La víctima: vestigios en Macondo ” de los autores mencionado.

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