Literatura

La pluma de Gabito: sesenta meses de inmortalidad

Eddie José Dániels García

17/04/2019 - 06:55

 

La pluma de Gabito: sesenta meses de inmortalidad
García Márquez y algunas de sus obras más reconocidas

Cinco años han transcurrido desde que Gabito cerró sus ojos y puso punto final a su extraordinaria novela de ochenta y siete años de edad, la cual había comenzado a escribir el domingo 6 de marzo de 1927 en la polvorienta y calurosa población de Aracataca, un antiquísimo municipio del departamento del Magdalena.  

El día de su viaje hacia el Parnaso de la eternidad, el 17 de abril de 2014, en ciudad de México donde estaba residenciado desde hacía muchos años, llevaba varios meses de estar luchando con la sigilosa enfermedad que venía torturándolo en los últimos tiempos y que él había logrado capotear gracias a su reciedumbre caribeña, a su talante mamagallista y a la solemnidad de su insuperable talento literario. En esa populosa metrópolis azteca marcó punto y aparte para iniciar un nuevo capítulo en la vida celestial donde perviven los grandes maestros de la Literatura Universal.

El universo, visiblemente compungido, sintió en carne propia la infausta partida del genio colombiano, que, durante varias décadas, removió los cimientos de la creatividad literaria para nutrir millares de páginas que fueron y siguen siendo el sustento de millones de lectores en el mundo entero. Porque, todos los amantes de la literatura sabemos que la prolijidad intelectual de Gabito, al lado de su copiosidad vivencial y de su magistral capacidad narradora, fueron las columnas que sirvieron de sostén al universo macondiano y a la pureza del realismo mágico, que permanecen inalterables en cada uno de los episodios descritos en sus inmortales creaciones. Me sobra decir que, para los gabitófilos, el maestro cataqueño no ha muerto, sigue tan vivo como en sus mejores años, dialogando con su gente y “haciendo caminos sobre la mar”, como anotará alguna vez don Antonio Machado.

Y a propósito de su muerte, desde que las letras universales se vistieron de luto con su desaparición, he manifestado que Colombia y todos los países hispanoamericanos deben celebrar el día del idioma, el 17 de abril. No porque está fecha sea más trascendental que el 23 del mismo mes, cuando conmemoramos un aniversario más del fallecimiento de Cervantes, sino porque nuestro país está obligado a rendirle tributo a su memoria, a enaltecer su tradición caribeña y a destacar su fabuloso legado literario, que actualmente tiene vigencia en numerosos países e idiomas extranjeros. Y algo que nos sorprende constantemente es la profusa bibliografía post mortem que se ha venido publicando desde el 2014, cuyo objetivo apunta a descubrir y revelar cada vez más, características, facetas, anécdotas, ingenios y curiosidades del artista colombiano.

En efecto, la primera percepción sobre la grandeza literaria de Gabito la tuve en la ciudad de Tunja cuando ingresé a los célebres claustros de la UPTC a comienzo de los años setenta. Allá, sobreprotegido por el frío de esa vetusta población, me dediqué a LEER, y lo escribo con mayúsculas sostenidas, las fascinantes páginas de su “novela mayor”, que apenas tenía cinco años de estar en el mercado y ya había revolucionado gran parte del mundo literario. Con mucha precaución me fui adueñando de la magia narradora, que lentamente se va profundizando hasta llegar al clímax de la creación literaria. Es un relato cautivante, sobre todo, por la fotografía espacial y la pintura topográfica que embellecen el discurso narrativo. Y recuerdo que lo más inquietante en mi lectura fue el desarrollo onomatológico empleado en la argumentación para organizar la trama de los personajes.

La familia Buendía-Iguarán, donde transitan varios José Arcadios y Aurelianos, se adueña inocentemente de la sensibilidad de los lectores, que la gran mayoría de éstos termina, muchas veces, asimilando algunos aspectos característicos que los diferencia y marca la nota llamativa de la argumentación. Por este motivo, la lectura de la “novela mayor” de Gabito, exige un tratamiento profesional que vaya definiendo paso a paso, palabra por palabra, todas las ramificaciones que se entrecruzan en el laberinto narrativo y que sumergen al lector en la selva enmarañada del entorno macondiano.  En esta obra, nunca podríamos realizar, desde ningún punto de vista, una lectura óptica, cuya única misión es pasar la vista por las páginas y que faculte a los lectores para expresar que leyeron la “novela mayor” de García Márquez, como suelen manifestarlo muchísimas personas.

Y esta acuciosa metodología de lectura es la misma que debemos aplicar, por supuesto, en todas las obras mayores y menores de nuestro recordado escritor. Inclusive, utilizarla en “Vivir para contarla”, las memorias de Gabito, publicadas en el 2002, y que, según el concepto de varios escritores, “esta narración no son memorias sino una novela autobiográfica”. Y rematan afirmando: maneja personajes, tiene acción, entrecruza episodios, tal como lo exige el arte de novelar. Y, sin duda alguna, así es. Por esta razón, cada vez que releo “Vivir para contarla”, me llevo la impresión de estar leyendo la obra que marca la arista cimera de la creación garciamarquiana. Una narrativa que fortalece mi admiración y recrea mis diálogos personales con el escritor y, desde luego, me anima a sostener que, desde su partida eterna en el 2014, Gabito ha transitado por sesenta meses de inmortalidad.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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