Literatura

El poeta Candelario Obeso y su visión de la nación colombiana del siglo XIX

Carolina Cáceres Delgadillo

03/07/2019 - 06:25

 

El poeta Candelario Obeso y su visión de la nación colombiana del siglo XIX
Estampilla en honor al poeta Candelario Obeso

Candelario Obeso es el primer poeta afrocolombiano al que se le publica su obra. Nacido en Mompox (1849-1884), de su vida se conoce que fue hijo natural de un abogado y una lavandera, que sufrió mucho por el amor no correspondido, la discriminación racial y sus condiciones económicas; tras varios intentos de suicidio logra su cometido una noche de 1884.

En su libro Cantos populares de mi tierra, Obeso inaugura una forma de expresar el mundo a partir de su vivencia de la cultura negra formada en el brazo más importante del Magdalena durante el siglo xix y parte del xx: Santa Cruz de Mompox. Se afirma que este poemario fue el antecedente más importante de la poesía negrista en la América hispana, que se manifiesta apenas en la segunda década del siglo xx, cuarenta años después de la primera publicación de Cantos Populares.

Candelario Obeso presenta, por primera vez, la espontaneidad del habla y el dinamismo de la vida corriente en la costa atlántica colombiana a través de la escritura en castellano. De este logro es consciente el mismo Venancio Manrique, prologuista del poemario, quien, además, explica a la sociedad de la época un libro que podría parecer más que una exageración de la forma, una “anomalía” en la gramática del idioma:

Hé aquí un jénero de poesía enteramente nuevo en el país, i acaso en la lengua castellana, con perdón de Rodríguez Rubi, como que aparte la fiel pintura de las costumbres materia de ella, bajo el disfraz i las figuras del lenguaje vulgar corren ocultas las maneras de decir más puras del idioma, i campean los pensamientos más delicadamente poéticos, expresados con donosura i gracia admirables […]; pero en realidad de verdad para llamar la atención del mundo literato sobre el mérito completo de ellos; i digo que completo, porque no me parece fundado el concepto de lo que tachan de exajerada la forma de su expresión, una vez que así se le hable de la jente no instruida del Estado de Bolívar, tal debe ser sin duda i mui racionalmente el lenguaje que la representa” (Obeso, 2009, p. 55).

Ana María Ochoa, en su artículo “El mundo sonoro de los bogas del Magdalena” (2009), relaciona a Obeso con la imagen de un poeta atrapado de forma trágica en dos mundos, el de la cultura negra y la escritura blanca. Pero no se trata de que Obeso se debata entre dos escrituras; en este caso no hay una oposición entre la oralidad y escritura. Obeso no discute con la normatividad del idioma (no olvidemos sus trabajos de traducción y su amplio conocimiento del español), sino que representa el sociolecto de su pueblo por medio de las formas convencionales del idioma, uno de sus mayores aportes a las letras colombianas. La fórmula empleada por Obeso para permitir la incursión de las voces de los bogas es la grafía de las variaciones fonéticas, como la elisión, la metátesis, la aspiración. De ello hace referencia el mismo Obeso en la advertencia que hace al lector en su primer poemario: “Er (se pronuncia eér) es equivalencia de der (del), i se aleja de er (el) tanto cuanto entre si se alejan cantidades opuestas. Para establecer esta diferencia en lo escrito, marco este signo sobre aquella voz así: ér” (Obeso, 2003, p. 13). Lejos de oponerse a la norma y la corrección en el uso del idioma, Obeso explica las variaciones dialectales que emplea; asimismo, justifica la inserción de los temas populares en la poesía al considerarlo el mejor camino para alcanzar una literatura propiamente nacional:

en la poesía popular hai i hubo siempre, sin las ventajas filolójicas, una sobra copiosa de delicado sentimiento i mucha inapreciable joya de imágenes bellísimas. Así, tengo para mí, que es sólo cultivándola con el esmero requerido como alcanzan las Naciones a fundar su verdadera positiva literatura. Tal como lo comprueba el conocimiento de la Historia” (Obeso, 2003, p. 14).

Candelario Obeso es el poeta del pueblo negro, con su poesía logra dotar a los suyos de una naturaleza melancólica, amplitud metafísica, connatural ternura y emotividad expansiva, temas recurrentes en Cantos populares de mi tierra:

Ahí viene la luna, ahí viene/ Con su lumbre i clarirá/ Ella viene i yo me voi/ A pejcá… Trite vira e la der pobre/ Cuando er rico goza en pá,/ Er pobe en er monte sura/ O en la má.(…)/ El pobre no ejcanza nunca/ Pa porecse alimentá;/ Hoy carace re pejcao/ Luego é sá./ No sé yo la causa re eto,/ Yo no sé sino aguantá,/ Eta canricion tan dura/ Y ejgraciá!(...)// Ahí viene la luna, ahí viene/A rácme su clarirá…/ Su lú consuele la penas/ Re ni amá!/ (Obeso, “Canción del pejcaró”, 2003, p. 46).

En su poemario, Obeso hace un homenaje al Magdalena, insignia nacional de unidad y desarrollo desde la conquista española hasta mediados del siglo xx. Por este río transitó y se construyó la historia no solo del universo costeño, sino la de todo el país. Es esta misma historia la que lleva a cuestas el boga del Magdalena, al que Obeso por primera vez le confiere presencia y voz en su poesía, delegando en él el difícil trabajo de cargar a cuestas a una nueva nación:

La jembras son como é toro/ La réta tierra ejgraciá;/ Con ácte se saca er peje/ Der má, der má!.../ Con ácte se abranda el jierro,/ Se roma la mapaná;…/ Cotante i ficme la penas;/ No hai má, no hai má!...// Qué ejcura que etá la noche;/La noche qué ejcura etá;/ Asina ejcura é la ausencia/ Bogá, bogá!” (Obeso, “Canción der boga ausente”, 2003, p. 22).

En un mundo en el que no hace falta nada, en el que hay amor y completud espiritual, la cosmovisión de estos pescadores se desarrolla en oposición a la de los hombres de leyes y de letras, precisamente, porque no hay contra para conjurar los males que producen. El boga opta por apartase de los pueblos “civilizados”, de las tropas, de los gobiernos:

Aquí nairen me aturrúga;/ Er prefeto/ I la tropa comisaria/ Viven léjo;/ Re moquitos i culebras/ Nara temo;/ Pa lo trigues tá mi troja/ Cuando ruécmo…/ Lo animales tienen toros/Su remerio; Si no hai contra conocía/ Pa er Gobiécno;/ Con que asina yo no cambio/ Lo que tengo/Poc las cosas que otros tienen/ En los pueblos (“Canto der montará”, 2003, p. 25).

No ocurría lo mismo en su vida personal; Obeso tuvo una actividad pública importante, entre la que se destacan distintos encuentros con figuras nacionales en los ámbitos literario y político, como es el caso del acto conmemorativo de la Batalla de Boyacá en julio de 1873, en el que Obeso declamó algunas de sus poesías y al que asistieron también José María Samper y Manuel María Madiedo (Cassiani, 2009, p. 15), y si bien no hay una militancia política explícita en su obra, su poesía está cargada de un profundo conocimiento del devenir político y social de su época, al que responde desde una estética romántica.

Ante los problemas de su época, caracterizada por el estado de conflicto permanente del país, las constantes escisiones nacionales y el caos gubernamental, Obeso propone regresar a la tierra, a la normatividad de los abuelos regida por la naturaleza, a un orden primigenio y sabio, a lo frugal. Sin embargo, Obeso no se queda en el idilio del regreso a las raíces, a las tradiciones vernáculas, su respuesta romántica no es evasiva, sino especialmente crítica y contestataria. A lo largo de Cantos populares hay alusiones a las guerras partidistas, a la injusticia social, a la fragmentación nacional. Desde lo local el poeta describe lúcidamente a la nación. Su visión era ambiciosa y así lo explicitó en el prólogo, donde manifestó que a través de la poesía deseaba captar el espíritu no de una comunidad particular, sino de un país, ampliando el género con “‘variantes notables en la forma y en la idea’ y no limitándose en lo general al modo de expresión vulgar y las costumbres del pueblo de Bolívar, su meta era, avanzando hacia el Magdalena y Panamá convertirse en intérprete del espíritu del pueblo” (Lagos, 1999, p. 185).

La visión de nación de Obeso es optimista, quizás porque no alcanza a desplomarse con el desencanto moderno que sobrevendrá en poetas y escritores posteriores; en ella y pese a su melancolía, sobreviven los atributos del mundo mulato del Magdalena apenas tocado por los movimientos emancipatorios; en sus versos pervive un solar interior, como lo denomina Ramiro Lagos, del que brotan expresiones de desengaños, celos, tristezas, pero también de libertad, humor, añoranzas, picardía, sensualidad y de crítica social (Lagos, 1999, p. 186), lo que convierte la poesía de Obeso, en contraposición a su vida misma, en un canto de esperanza frente al desalentador panorama nacional. No ocurrió lo mismo con su amigo el también poeta Julio Flórez o con el cosmopolita José Asunción Silva, quienes, pese a ser hijos de una misma generación, alcanzaron a presenciar tres guerras civiles más, antes de despuntar el siglo xx.

 

Carolina Cáceres Delgadillo 
Universidad Santo Tomás, Colombia

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ El poeta Candelario Obeso y su visión de la nación colombiana del siglo xix ”, de Carolina Cáceres Delgadillo, corresponde a un extracto del ensayo académico “ Visiones de nación en la literatura colombiana del siglo xix: tres propuestas estéticas ” de la misma autora.

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