Literatura

La poesía de Antonio Acevedo Linares

Jose Ortega Moreno

29/08/2019 - 08:25

 

La poesía de Antonio Acevedo Linares

 

Antonio Acevedo Linares ha querido que diga unas cuantas palabras con motivo del lanzamiento de su obra Los girasoles de Van Gogh, libro que agrupa una serie de poemas escritos en diferentes épocas, a partir de 1980. Cómo negarme a ello, si además de ser Antonio, uno de los escritores que se está abriendo campo en un ambiente, como el nuestro, a veces hostil para las letras.

El título de su libro me recuerda de una manera, por demás nostálgica, la vida de aquel famoso pintor holandés, que, en un día soleado de julio, se disparó en el pecho, ante el asombro de los girasoles y los trigos amarillos de la campiña francesa. La angustia y la desesperación lo acompañaron siempre. Allá en el viejo cementerio de Auvers, reposa ahora, junto a su gran amigo y querido hermano Theo, en medio del silencio de los atardeceres.

De seguro, más allá de la noche, habrá muchos jardines sembrados de girasoles por donde él estará caminando, conmovido por alegría de los colores. Y las semillas de esos girasoles son las que Antonio Acevedo ha traído para hacer que germinen y florezcan en las páginas de su libro. Él mismo lo dice: “El mundo es una aldea donde crecen los girasoles de Van Gogh” y donde un muchacho, tal vez, él mismo, “los mira con ojos degollados “. Y ahí está presente un Rimbaud, aquel joven alucinado que un día escribió que el poeta se hace vidente mediante un largo y razonado desorden de los sentidos. Y ese desorden razonado fue el que lo llevó a vivir una verdadera temporada en el infierno.

En el prólogo de su obra, Antonio nos dice que la vida lo ha llevado a escribir una poesía autobiográfica. Puede que sea cierto de alguna manera. Pero lo que si se nota es que es una poesía de viajes, de viajes a través de los libros. Viajamos por los libros como lo hacemos por las ciudades y los caminos. Hacer poesía narrativa no es nada fácil, porque la anécdota y la acción avasallan las transparencias estéticas. El libro es variado en temas y contenidos, donde existe un predominio del dejo urbano, matizado constantemente por alusiones a artistas y filósofos de nacionalidades y escuelas diferentes. Temáticamente la obra se diversifica pero mantiene una unidad de estilo inconfundible. Y eso es bueno, bueno que los escritores no se contagien, para bien de la poesía y de su obra.

Cómo no recordar a Ernesto Cardenal, aquel hombre que se hizo sacerdote en el seminario de Antioquia y luego viajó a su querida Nicaragua con su maleta llena de poemas, llenando a toda Centroamérica de numerosos seguidores, que se dieron a la tarea de hacer una poesía escueta y en ocasiones burda y descuidada, aspectos que los fueron alejando de la auténtica poesía universal. Tal vez el carácter de sacerdote limitó a Ernesto Cardenal para emitir un manifiesto revolucionario y crear un gran movimiento que, aunque lo hubo, no tuvo las directrices filosóficas ni literarias, a semejanza de los surrealistas franceses, limitándose sólo a ver un ejército de personajes, de escritores que se dedicaron a imitar al maestro.

Ahora, escritores de estos mismos países nos están señalando nuevos rumbos. Pero se están viendo avasallados por el prosaísmo, aspecto que le ha hecho y le sigue haciendo mucho daño a la poesía a nivel internacional. En Antioquia se ha venido desarrollando un estilo de poesía con tendencias muy marcadas, bajo la tutela de Juan Manuel Roca y un algo de Darío Jaramillo Agudelo. Así lo demuestran los textos de los premios de la Universidad de Antioquia en los últimos diez años. Ningún estilo es bueno o es malo, o mejor o peor que otro. Todo depende del ambiente cultural en el cual se desarrolle y de la forma como un escritor lo maneje, haciendo que el poema se convierta en una verdadera obra de arte.

El manejo rítmico que Antonio hace del verso, matizándolo con los pespuntes líricos y la atmósfera filosófica latente en muchos de sus poemas, no recuerda el desarrollo y sobre todo el remate de un silogismo que como un riachuelo corre bajo la sombra de los algarrobos, en estas tierras de coléricas mocedades. “Como quiera que la muerte es un antiguo sofisma” dice Antonio Acevedo, o “sino que son algunos amores, los adioses, el tiempo” o porque en la vida:

los vagabundos duermen
en los muros de la catedral
y los perros de la mendiga
arrastran la ciudad bajo sus despojos.

Nada hay nuevo bajo el sol. Trabajamos con las mismas cosas que nos fueron dadas, porque el fin primordial del artista, no es el de crear algo de la nada, sino el de corregir las cosas que le quedaron mal hechas a Dios. Antonio utiliza un manejo del verso un poco suelto, dejando de lado, casi en su totalidad la puntuación, a veces unas pequeñas comas, en las que la lectura de los versos, el lector puede considerar innecesarias. Veamos cómo se desarrolla su estilo:

Por las ruinas de los estoraques
cabalga viendo la tierra fértil
como las mujeres y respira llovidos
los árboles y los ríos como levanta
topográficamente la cordillera
abriendo caminos como muslos
bordeados de piedras.

Detengámonos a mirar cómo la imaginación prevalece y con mucha creatividad se saca un texto que aparentemente puede considerarse como prosa poética. Este texto es del poeta francés Jacques Prévert y nos indica la manera de hacer el retrato de un pájaro:

Pintar primero una jaula
con la puerta abierta
pintar después
algo gracioso
algo simple
algo hermoso
algo útil
para el pájaro
apoyar después la tela contra un árbol
en un jardín
en un montecillo
o en un bosque
esconderse tras el árbol
sin decir palabra
sin moverse.
A veces el pájaro aparece al instante
pero puede tardar años
antes de decidirse.
No desalentarse
esperar
esperar si es necesario durante años
la prontitud o la demora en la llegada del pájaro
no guarda relación
con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro aparece
si aparece
observar el más profundo silencio
aguardar a que el pájaro entre en la jaula
y una vez haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel
después
borrar de uno en uno todos los barrotes
con cuidado de no rozar siquiera las plumas del pájaro.
Reproducir después el árbol
cuya más bella rama se reservará
para el pájaro
pintar también el verde follaje y la frescura del viento
el polvillo del sol
y el zumbido de los bichos en la hierba en el
calor del verano
y después esperar que el pájaro se decida a cantar.
Si el pájaro no canta
mala señal
señal de que el cuadro es malo
pero si canta es buena señal
señal de que podéis firmar.
Entonces arrancadle suavemente
una pluma al pájaro
y poned vuestro nombre en un ángulo del cuadro.

El poeta japonés Sakutaro Jaguiwara nos entrega este otro texto maravilloso, el pulpo que no murió:

Un pulpo que agonizaba de hambre fue encerrado en un acuario por muchísimo tiempo. Una pálida luz se filtraba a través del vidrio y se difundía tristemente en la arena densa de una roca. Todo el mundo se olvidó de este lóbrego acuario. Era de suponerse que el pulpo debía estar muerto y sólo podía verse el agua podrida iluminada apenas por la luz del crepúsculo. Pero el pulpo no había muerto. Permanecía escondido detrás de la roca. Y cuando despertó de su sueño tuvo que sufrir hambre terrible día tras día en esa prisión solitaria, pues no había carnada alguna ni comida para él. Empezó por comerse entonces sus propios tentáculos. Primero uno, después otro. Cuando ya no tenía tentáculo, empezó a devorar poco a poco sus entrañas, una parte tras otra. En esta forma el pulpo terminó comiéndose todo su cuerpo, su piel, su cerebro, su estómago, absolutamente todo. Una mañana llegó un celador, miró dentro del acuario y sólo vio el agua sombría y las algas ondulantes. El pulpo había virtualmente desaparecido. Pero el pulpo no había muerto .Aún estaba vivo en ese acuario mustio y abandonado. Por espacio de siglos, tal vez eternamente, continuará viviendo allí, una criatura invisible, presa de una horrenda escasez y una gran insatisfacción.

Nótese la imagen creada en el subfondo de las palabras y la aguda denuncia ante la injusticia perpetrada por el hombre. Un destello lírico ilumina en parte la obra de Antonio Acevedo:

Entre un eclipse de sol
y un eclipse de luna
el universo de tu cuerpo
crea el día y la noche.

O como cuando sintetizando hayamos esta idea:

en la floración
la rosa se hace rosa
en la desfloración
la mujer se hace mujer.

La poesía no puede nacer de un simple arrebato por parte de alguien que desea, de la noche a la mañana, convertirse en escritor. La poesía es el resultado no sólo de una actitud, sino también del desarrollo de muchos sueños, de muchas lecturas, de muchas vivencias, de un trabajo continuo y serio a través de los años, de un ejercicio prolongado en el manejo de la palabra. Un buen poeta debe aprender a manejar todos los esquemas para luego crear un estilo propio.

Dalí decía: aprende a pintar como los grandes maestros y después podrás hacer todo lo que quieras. Es importante aprender a establecer linderos entre la poesía y la prosa.Aunque la belleza puede campear en ambas, la poesía desarrolla elementos más sofisticados, donde predomina el ritmo, las pausas, los acentos, las estrofas, elementos que le dan al verso una musicalidad especial que es al fin de cuentas la que le da el tono al poema, y entonces surgen las imágenes, los caballeros, los fantasmas, las doncellas, las rudas batallas, los amores. Y él se transforma:

EL POETA

Con una vieja
camisa leñadora hasta
los puños llegó
con su música de otra parte
traía la noche
los ebrios los ciegos
y los locos
la niebla traía como
una bufanda alrededor del cuello
los trenes pasaban por sus poemas
como una muchacha
que llevaba en su hombro
y traía en el pecho
la rosa como un bello florecimiento
de la lucidez
suicida traía los Cantos
de Maldoror de Lautréamont
bajo el brazo como un alucinógeno
de los revelados
y la poesía le salía bajo
las solapas de la chaqueta
como una mariposa.

El maestro Jorge Luis Borges, en el prólogo de su libro La Cifra, dice lo siguiente:

“El ejercicio de la literatura puede enseñarnos a eludir equivocaciones, a no merecer hallazgos. Al cabo de los años, he comprendido que me está vedado ensayar la cadencia mágica, la curiosa metáfora, la interjección, la obra sabiamente gobernada o de largo aliento. Mi suerte es lo que suele denominarse poesía intelectual”.

En Antonio Acevedo existe una tendencia hacia la ensoñación interna, entendida esta como un deseo de caminar sobre las calles y sitios amorosamente consentidos, como un desplazamiento por el tiempo, para rescatar para nuestro corazón aquellos momentos inolvidables que nos hacen sentir de nuevo, el golpe de las gotas de lluvia sobre el rostro, el olor de la hierba, los pájaros, el viento, o como un navegar con la brisa, al mirar los ojos azules de una mujer hermosa. Un algo de nostalgia deambula por sus versos. Bocagrande, los puentes de la ciudad, las páginas de un libro. Sus pies están más pegados a las calles de su tierra natal que su espíritu al aire que ronda por las naves de los templos, de los templos atiborrados de cirios y de dioses. Antiguamente nos hicieron creer que hacer poesía era lo mismo que hacer versos rimados y medidos. La métrica y la rima no son poesía, son medios para llegar a ella. Pero estos dos aspectos entraban la idea. Por atender a una rima sonora, se pierde la significación del verso. Sabemos que hay pájaros que cantan bellamente dentro de las jaulas, pero el poeta canta mejor al aire libre, a la orilla de un río, o entre los árboles de un bosque. Existe una corriente llevadora de palabras que va creando ante ciertas situaciones, algunas imágenes que aunque no visibles en el de texto, si van apareciendo en la mente del lector.

De un lugar indefinido y que persiste a la luz de nuestros sueños, nace una corriente en nuestra sangre, una fuerza que camina y transforma las ideas en palabras. El poeta utiliza aquellas sensaciones surgidas de su interrelación con la naturaleza, los animales y las cosas, como también con la de sus semejantes, y las revierte en símbolos que surgen sobre la superficie de los versos. El poeta debe crear un verso que traspase las fronteras de lo vulgar y de lo común y corriente. Debe evitar el aplauso fácil. Debe aprender a mirar hacia dentro. En la sana autocrítica está el camino abierto para un buen escritor. Louis Aragón decía: ” Si escribís, siguiendo el método surrealista, tristes pendejadas, esas serán sin atenuantes y para siempre, tristes pendejadas”.

El sueño es el elemento más importante en la vida del hombre. Porque el hombre al fin y al cabo está hecho de sueños. El sueño es el camino más fácil para hacer conexión con ese mundo espiritual que reside más allá de nosotros, y que inconscientemente visitamos sin recordar después sus calles ni sus gentes. Pero lo que es importante en el artista, es la renovación de esa energía creadora, manifiesta en toda su obra. Soñamos para renovarnos, no para huir de la realidad, que en ocasiones se convierte en el fantasma de nuestros mismos sueños. El camino es largo y es conveniente aclarar el horizonte. Para saber lo que tenemos, es necesario leer a nuestros escritores. Leyendo a sus poetas se puede conocer el alma de un pueblo.

La poesía es como el buen vino. Debe saborearse lentamente. Un buen lector de poesía debe leer los versos varias veces para descubrir los ríos que navegan en los sueños. La poesía es el camino que tenemos los seres para asistir al descubrimiento espiritual del hombre. Cuando todos los hombres descubran la poesía, el mundo se llenará de paz. La ruina del hombre actual es su falta de sensibilidad. La ausencia de sentimientos. Notarán porqué en reiteradas ocasiones me he acercado a la palabra “surrealismo”. Antonio Acevedo define la poesía de una manera muy particular. Veamos:

POESÍA

Consérvese en
un lugar fresco, seco
o lluvioso
y al abrigo de la luz.
Agítese bien antes
de usarse en la palabra
o en la sonrisa.
Antiséptico y desinfectante bajo
fórmula poética con licencia
de distribución por los poetas.
Aplicar una vez al día
sobre la zona afectada
luego de una rigurosa higiene.
Úsese por prescripción
propia dosis que debe aumentarse
o disminuirse de acuerdo con los síntomas.
Antiséptico de uso tópico
para lavado de heridas
o infecciones menores de la piel.
Evítese contacto directo
con la luna o las flores.
Usar dos cucharitas en medio
vaso de agua o tomar pura.
Se recomienda tomarla en la noche
antes de acostarse
o en la mañana después
del desayuno
manténgase cerca del alcance
de los niños.

De seguro ustedes sabrán hallar muchas cosas importantes en Los girasoles de Van Gogh. No quiero arruinar sus expectativas. Los invito a leer la obra de Antonio Acevedo Linares.

 

Jose Ortega Moreno

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