Literatura

Duelo

Diego Niño

19/09/2019 - 05:20

 

Duelo

 

La noche cae suave, sin aspavientos. "No imagina el problema para conseguir las inyecciones de mi papá", le dice una mujer al conductor del bus intermunicipal, quien la mira de reojo. Está sentada en la silla del copiloto, la cartera sobre las piernas. Tiene una chaqueta negra y una cola de caballo que permite ver un cuello largo y delgado. El colectivo está lleno. Los vidrios empañados. Las montañas se diluyen en la penumbra de las seis de la tarde. Recuerdo la noche anterior: el golpe de dados contra el vidrio y tus dedos moviendo las fichas azules que perseguían a mis fichas rojas. “Te voy a comer”, dijiste. Me miraste a los ojos. La luz de la vela se reflejó en tus anteojos. Sonreíste. Lancé los dados. El golpe contra el tablero. Los dados dando vueltas. El par de cincos que apagaron tu sonrisa. "Ese cáncer no lo cura toda la plata del mundo", continúa la mujer. Parece que corre arena por su garganta. Un señor abre un paquete de papas. El olor de frituras se mezcla con el tufo de humanidad encerrada. Las vacas se presienten en las sombras. Cae una llovizna delgada y horizontal como la llovizna que caía cuando salimos del bar. Caminamos en silencio por una Tunja húmeda y fría. Atrás quedaban el tablero de parqués y las copas de vino. La neblina se apretaba contra las farolas y el pavimento brillaba como si lo hubieran lustrado. Tengo antojo de besarte, dije. Te pusiste roja hasta la raíz del cabello, pero no respondiste ni cambiaste de expresión. Ni siquiera me miraste a los ojos. Todos los días pienso en ti, en tu silencio, continué. La llovizna se transformó en una lluvia irrevocable. Aceleraste el paso como si presintieras el peligro emboscado detrás de los árboles del Parque Pinzón. Me detuve. Paraste cuando te diste cuenta que no estaba a tu lado. "Mi papá fue un profesor exigente, cuchilla", afirma la mujer sin importarle que el conductor observa la carretera con la cabeza hundida entre los hombros, la espalda arqueada y las manos aferradas al timón. Parece que hiciera la ruta a pie, con nosotros sobre su espalda. Regresaste cuando entendiste que yo no caminaría más. "Sabes que no se repetirá", dijiste como si te pesara cada palabra. ¿Por qué no? Mi voz se adelgazó hasta ser una hebra que se llevó el viento. Levantaste la mano izquierda. La luz de las farolas se reflejó en tu anillo. “Sólo fuiste mi despedida de soltera”. Cada palabra fue una puñalada. El aguacero arremetió con rabia. Intenté replicar pero no esperaste mi respuesta: diste media vuelta y te fuiste. Tus pasos sobre el pasto mojado y las manos en los bolsillos de la chaqueta. "Este dolor no se lo deseo a nadie", dice la mujer. Calla. Un carro nos adelanta. El señor del paquete de papas duerme con la boca abierta. La mujer intenta hablar, pero le sale un quejido. Carraspea. Abre la boca pero emite un sollozo que termina en un lamento intenso y doloroso. Contrae los labios. Se tapa la boca con la mano derecha. Se aprieta la nariz con el índice y el pulgar. Ninguna estrategia ahoga sus lamentos. Al contrario; los aviva. El conductor contempla a la mujer sin saber qué hacer ni qué decir. Los pasajeros la escuchamos en silencio. Una lágrima baja por la mejilla de mi vecina de asiento. La limpia con el dorso de la mano. El conductor acelera. Sobrepasa un camión. La mujer llora mientras avanzamos por una carretera que refleja las luces de los carros que se alejan.

 

Diego Niño 

@diego_ninho 

Sobre el autor

Diego Niño

Diego Niño

Palabras que piden orillas

Bogotá, 1979. Lector entusiasta y autor del blog Tejiendo Naufragios de El Espectador.

@diego_ninho

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Harold Alvarado Tenorio: una semblanza del poeta y crítico

Harold Alvarado Tenorio: una semblanza del poeta y crítico

Conocí Harold Alvarado Tenorio a mediados de los años setentas y fundé con él desde entonces una relación entrañable. Éramos un...

Ciberliteratura, la nueva literatura digital

Ciberliteratura, la nueva literatura digital

La era de la digitalización es un hecho. Con la abundancia de videos por Youtube, la tendencia a descargar películas online antes d...

Lo que no tiene nombre

Lo que no tiene nombre

Como ignorante errante por el mundo, de Piedad Bonnett había escuchado solo el nombre, una que otra referencia de “buena escritora...

Cuatro poemas para recordar a Eduardo López Jaramillo

Cuatro poemas para recordar a Eduardo López Jaramillo

  Eduardo López Jaramillo nació en Pereira el 10 de Agosto de 1947. Realizó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de...

La novela histórica: historia de una historia novelada

La novela histórica: historia de una historia novelada

  Se entiende por novela histórica aquella que, siendo una obra de ficción, recrea un periodo histórico preferentemente lejano y e...

Lo más leído

El tamal, un plato típico del Tolima

Alba Llorente Majana | Gastronomía

Los grandes triunfos de Freddy Molina

Eddie José Dániels García | Música y folclor

El Vallenato como género literario

Luis Carlos Ramirez Lascarro | Música y folclor

El reconocimiento de la diferencia

Antonio Acevedo Linares | Pensamiento

Cucambas, diablos y negros danzan en Atánquez

María Ruth Mosquera | Turismo

Ya ni se versea, pollo ronco…

Fabio Fernando Meza | Música y folclor

Vallenato: un lenguaje musical en constante evolución

Héctor Manuel González Cabrera | Música y folclor

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados