Literatura

Ser poeta en un pueblo pequeño

Diógenes Armando Pino Ávila

11/10/2019 - 05:10

 

Ser poeta en un pueblo pequeño

 

El poeta es un ser especial que está obligado a aparentar normalidad para no desentonar en un contexto lleno de etiquetas y prejuicios. El poeta es como el gato, lleno de una rebeldía que emana de su alma y fluye en forma natural de su propio ser. Es el individuo que siente el impulso de romper las etiquetas y desea vivir sin normas que le constriñan su ser y su pensar.

El poeta es de respuesta rápida, a veces con una mordacidad cáustica que quema e inflama, que causa urticarias al que osa enfrentarse y trata de ofender al bardo. El poeta utiliza el sarcasmo y la frase fina para responder ofensas, otras veces se muestra indiferente ante los ataques, pero es consciente de que su silencio es mucho más ofensivo que cualquier insulto. El poeta raras veces utiliza su arte para responder ataques, sabe que sería una herejía contra los dioses de la poesía utilizarla para propósito innobles. Sabe que sus versos deben estar por encima de las banalidades de la cotidianidad.

Ser poeta en un pueblo debería ser lo mismo que serlo en una gran ciudad, pero no, ser poeta en un pueblo tiene sus dificultades, porque el poeta en su condición de ser especial tiene un estilo de vida que le hace diferente al común de sus vecinos, por ello debe aprender a camuflarse con apariencia normal para no desentonar con el entorno. El vate debe aprender a ser persona común y dominar esa pulsión natural que le hace diferente, eso no es fácil, pues por muy cuidadoso que sea siempre sale a flote algún rasgo que denota la distinción.

El poeta es un ser que siempre está rodeado de libros, y en un pueblo donde el hábito lector no es la fortaleza del común, se nota a leguas lo suyo y los vecinos amigos y conocidos comienzan a ver que ahí, en ese ser, hay algo especial que le hace diferente. El poeta tiene gustos musicales que para el común son extraños, se deleita escuchando Latin jazz o una sinfonía de Beethoven, Mozart u otro iluminado de la música clásica. Escucha vallenatos clásicos, baladas de los años 60 y 70, pero también puede escuchar rock de los Beatles o sorprender escuchando a Calle 13, cuando no la música ancestral de su tierra.

El poeta mira la cotidianidad con un lente y desde un ángulo no común y, encuentra valor especial en las cosas elementales y cotidianas que se le escapan al hombre normal. Por ejemplo, ver al lustrabotas con una colilla de apuestas en la mano, mirando la tablilla donde anuncian los premios de la lotería, eso no le llama la atención a nadie, pero el poeta ve la metáfora de la esperanza en los ojos del lustrabotas. Mirar el escote de una joven y no ver sus senos con la procacidad y la lascivia del común y pensar en silencio que vio asomadas en la cornisa del pronunciado escote dos tiernas palomas de picos sonrosados que se agitan y preparan para levantar el vuelo hacia una incierta libertad deseada, es un caso de alguien especial.

Cómo esconder el búho que lleva por dentro si los vecinos que pasan frente a su casa observan encendida la luz de su estudio hasta muy tarde en la noche. Cómo ocultar su trato amable y caballeroso ante las damas, como ocultar su requiebro delicado y la exaltación de lo bello que sin querer siempre realiza. No puede ocultar el culto a la belleza y su mirada de niño deslumbrado ante un río que corre a sus pies o un atardecer agónico que muere detrás de una montaña, o un amanecer de luz que nace detrás de un cerro.

No puede esconder el deleite de escuchar el trinar de un pájaro en la libertad de un árbol o entristecerse por el trino que de un ave cautivo en una jaula. El poeta es una especie de humano totalmente raro y por más que trate de camuflarse normal, el vecindario nota la diferencia, tal vez no sabrán que es un poeta, pero sí tendrán la seguridad que es un ser diferente.

En la ciudad el poeta tiene mil factores que le ayudan a camuflarse, pero en un pueblo pequeño, definitivamente ser poeta es una condición inocultable que se puede sufrir y gozar de acuerdo al ego del bardo.

 

Diógenes Armando Pino Ávila  

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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