Literatura

Garrido, el verdadero apellido de García Márquez

Eddie José Dániels García

24/02/2020 - 02:50

 

Garrido, el verdadero apellido de García Márquez
El escritor Gabriel García Márquez

García Márquez –nuestro insigne Premio Nobel-, fallecido el 17 de abril de 2014  en Ciudad de México, no era García, tampoco era Martínez, como suele afirmar muchísima gente en los alrededores de Sincé y también en la región de la Mojana. Si revisamos sus ancestros, su legítimo y verdadero apellido era Garrido. Esto me lo comentó hace algunos días el distinguido abogado sinceano Carlos Santiz Castilla, y más tarde lo pude comprobar revisando el árbol genealógico del celebérrimo escritor que aparece en el libro  “García Márquez: el viaje a la semilla”, publicado hace muchos años por el periodista antioqueño Dasso Saldívar, y que consiste en un voluminoso y profundo compendio biográfico, que relata los mínimos detalles que rodearon la parábola vital del portentoso escritor caribeño, desde sus ancestros hasta los gloriosos triunfos que logró coronar en su larga trayectoria literaria. Este detalle, también lo corroboré en el libro “Gabriel García Márquez, una vida”, publicado por el biógrafo británico Gerald Martín en el 2008.

Gabriel Eligio García Martínez, el progenitor de Gabo, por ser hijo natural o bastardo, como se decía en el siglo pasado, de Argemira García Paternina, natural de Caimito, y Gabriel Martínez Garrido, oriundo de Sincé, ambos municipios de Sucre, tomó el apellido maternal en primera línea, y el paternal, en segunda.  Pero, el caso llamativo es que, a la vez, el abuelo también había sido hijo bastardo. Sus padres fueron: Sotera Martínez, sinceana, y Leandro Garrido Piñeres –conocido como papá Leandro-, un momposino que había recalado en Sincé sobre la segunda mitad del siglo XIX.  Como vemos, el apellido de papá Leandro –que viene a ser el bisabuelo- le correspondía a García Márquez por línea directa. Entonces, a causa de las costumbres imperantes en el siglo pasado, y que opacaban a los hijos extramatrimoniales, el Garrido fue sustituido, primero, por Martínez, y, posteriormente, por García. Esto significa que los verdaderos ancestros del genio de las letras colombianas radican en la Villa de Santa Cruz de Mompós.

Esta situación que vivió Gabriel Eligio, de tener los apellidos invertidos por ser hijo natural, se vivía en todos los pueblos de Colombia, puesto que era, prácticamente, una ley establecida por la Iglesia Católica, más no por el Gobierno. Personalmente, conozco varios casos similares en Talaigua, mi pueblo natal, y en Sincelejo, mi lugar de residencia. Ahora, si nos trasladáramos a la primera mitad del siglo pasado, sería infinito el número de personas existentes en Colombia que tienen los apellidos invertidos. En el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, 1966-1970, se promulgó la Ley Cecilia, impulsada por doña Cecilia de la Fuente de Lleras, esposa del Presidente, la cual establecía que los hijos naturales o bastardos o extramatrimoniales, como se denominaban en ese entonces, tenían los mismos derechos que los hijos legítimos o matrimoniales, y, por consiguiente, debían llevar en primera línea el apellido del padre y gozarían de los mismos derechos herenciales. Desde entonces se normalizaron las relaciones, muchas veces distantes y conflictivas entre los hijos legítimos y los hijos naturales.      

Por otra parte, analizando detenidamente los esquemas ancestrales de Gabito, hay algunos apuntes curiosos que me asaltan la atención: sus dos apellidos normales: García y Márquez, son originarios de la Península Ibérica y ambos le vienen por la línea materna. Y creo que, tal vez, sea ésta la razón de la notoria influencia que tendrían las mujeres en su vida de escritor, la cual se capta ampliamente en el argumento de todos sus cuentos y novelas.  En primer lugar, tenemos a Argemira García Paternina –la abuela paterna- que era hija de Aminadab García, natural de Caimito, nacido en 1834, y Lozana Paternina Bustamante, oriunda de Sincelejo, nacida en 1855. Aminadab, el bisabuelo paterno del escritor, y también abuelo del doctor Aquiles Colón García, quien fue notario en Sincelejo durante media vida, era hijo del español Pedro García Gordón, quien nació en Madrid y llegó a Colombia en las primeras décadas del siglo XIX y después de vivir en el Carmen de Bolívar, se radicó Caimito, en ese entonces departamento de Bolívar.  

En el otro extremo se encuentra Luisa Santiaga Márquez Iguarán –la mamá-, nacida en Barrancas, Guajira, hija legítima del coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, vecino de Riohacha e hijo de padre español, y Tranquilina Iguarán Cotes, también de Riohacha, y prima hermana de Rosario Pumarejo Cotes, de Valledupar, la mamá de Alfonso López Pumarejo y, desde luego, abuela de Alfonso López Michelsen. Rosario, desde muy joven se fue a vivir a Honda, Tolima, en casa de una tía, doña Josefina Pumarejo de Mier, casada con don Joaquín de Mier, samario e hijo del propietario de la Floresta de San Pedro Alejandrino, donde falleció el Libertador en diciembre de 1830, quienes estaban residenciados en esta ciudad, situada a orillas del Río Magdalena.  Allí, Rosario, quien frisaba 18 años, conoce a Pedro Aquilino López, bogotano, inician un noviazgo y contraen matrimonio en 1885. Esto nos da luces para conocer el lejano parentesco de López Michelsen con Gabito, lo que dio origen a la gran amistad que los unió toda la vida.   

El coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía y Tranquilina Iguarán Cotes eran primos hermanos, pues los dos fueron nietos de Juanita Hernández, natural de Castilla, España, quien casó, inicialmente, con Nicolás del Carmen Márquez, nacido también en Castilla. Después de haber tenido un solo hijo, Nicolás del Carmen Márquez Hernández, abandonaron a España, viajaron a Colombia y se radicaron en Riohacha. En esta ciudad, el unigénito se desposó con Luisa Josefa Mejía Vidal, y son los padres del coronel Márquez Mejía, abuelo de Gabito, nacido en Riohacha en 1864. Años más tarde murió el esposo, y Juanita Hernández viuda de Márquez tiene una relación con Blas Iguarán, natural de Riohacha, y de esta unión nace Rosa Antonia Iguarán Hernandez, quien organiza una relación extramarital con Agustín Cotes, nacido en Fonseca, y dan origen Tranquilina Iguarán Cotes, la abuela de Gabito, nacida en Riohacha en 1863, un año antes que el coronel Márquez. Como vemos, la abuela, por ser bastarda, tiene los apellidos invertidos.

Esta relación incestuosa, vivida por los primos, Nicolás Márquez Mejía y Tranquilina Iguarán Cotes, es protagonizada por José Arcadio Buendía y su prima Úrsula Iguarán, y narrada con maestría por García Márquez en las célebres páginas de Cien años de soledad. Según la versión del mismo Gabito, repetida mil veces en sus entrevistas, “la relación familiar de los abuelos lo hizo pensar durante más de veinte años el desarrollo del tema que narraría en su extraordinaria novela”. Y, en este sentido, me es oportuno afirmar que Gabito siempre vio con buenos ojos el enlace conyugal de los abuelos, no obstante, el primazgo que los ataba, y el cual atribuía a las costumbres guajiras, donde son comunes los matrimonios entre familiares para mantener la estructura tribal, y se considera que todo novio diferente es un intruso. Por esta razón, en alguna de sus líneas escribió: “Este prejuicio atávico, cuyos rescoldos perduran, ha hecho de nosotros una vasta hermandad de mujeres solteras y hombres desbraguetados con numerosos hijos callejeros”.

La historia de “Cien años de soledad” para recuerdo de los lectores Gabitófilos, comienza en el capítulo segundo: “Cuando el pirata Francis Drake asaltó a Riohacha, en el siglo XVI, la bisabuela de Úrsula Iguarán se asustó tanto con el toque de rebato y el estampido de los cañones, que perdió el control de los nervios y se sentó en un fogón encendido. Las quemaduras la dejaron convertida en una esposa inútil para toda la vida.”  Más adelante narra: “En la escondida ranchería vivía de mucho tiempo atrás un criollo cultivador de tabaco, don José Arcadio Buendía, con quien el bisabuelo de Úrsula estableció una sociedad tan productiva que en pocos años hicieron una fortuna. Varios siglos más tarde, el tataranieto del criollo se casó con la tataranieta del aragonés. Por eso, cada vez que Úrsula se salía de casillas con las locuras de su marido, saltaba por encima de trescientos años de casualidades, y maldecía la hora en que Francis Drake asaltó a Riohacha”.

De todo este engranaje, podemos apreciar que los apellidos Garrido y Martínez, que aún perviven en Sincé, a raíz de los matrimonios oficiales que organizaron todos los descendientes legítimos, son poco lo que aportó a la vena artística e intelectual de García Márquez. Hoy se estima que, entre los dos apellidos, suman más de trescientas personas que vienen a ser familia directa, en diferentes grados, del escritor cataqueño. Inclusive, también son familiares todos los Garridos que viven actualmente en la “Ciudad Valerosa” porque descienden del mismo tronco. En Sincé, por ejemplo, papá Leandro, el bisabuelo momposino, tuvo varios hijos legítimos, y Gabriel Martínez Garrido, el abuelo paterno, se casó con Rosa Meza, y engendraron seis hijos, entre ellos a Hermógenes Martínez Meza, tío de Gabito y papá de Carlos Martínez Simahan, quien fue senador de la República y ocupó varios cargos nacionales a nombre del partido Conservador.    

Sin embargo, considero, que fue un hecho providencial de que Gabriel Eligio hubiese llevado el apellido de la madre. Quizá sea éste el motivo que originó el visible desafecto que manifestó el genial literato por el pueblo de su padre, el cual nunca más volvió a pisar desde 1937, cuando tenía diez años y vivió algunos meses en casa de su abuela Argemira.  Y reafirmo mis apreciaciones citando algunos fragmentos de  “Vivir para contarla”, donde se percibe notoriamente el veneno de García Márquez cada vez que se refiere al origen de su progenitor:  “Era hijo natural de una soltera que lo había tenido a la módica edad de catorce años por un tropiezo casual con un maestro de escuela”,  “Se llamaba Argemira García Paternina, una blanca esbelta, de genio alegre y espíritu libre, que tenía otros seis hijos de tres padres distintos”,  “El párroco de Sincé pasó por alto las liberalidades de Argemira García, y respondió con una fórmula benévola: se trata de una familia respetable, aunque poco devota”.

Cuando Gabito publicó “Vivir para contarla”, en el 2002, estas expresiones relacionadas con la abuela Argemira, fueron descalificadas en Sincé y mucha gente reaccionó a favor de la “Niña Gime”, como, cariñosamente, le decían en esa población. Defendieron su honorabilidad, su fuerza laboriosa y la gran estimación que le prodigaban todas sus amistades. Sin embargo, Gabito, enterado de las habladurías sinceanas, no le prestó atención a los comentarios, y en una pregunta casual, relacionada con el tema, se ratificó en sus apreciaciones. Uno de los ofendidos fue su primo, Carlos Martínez Simahan, quien objetó las afirmaciones e hizo una defensa apasionada de su abuela Argemira. El escritor, como era su costumbre, se mostró indiferente y el episodio no tuvo ninguna trascendencia. Gabito siguió en Ciudad de México, “pensando con la pluma” y guardando en el fondo de su corazón el desafecto que sentía por Sincé, y también por Sucre, el antiguo municipio bolivarense, donde alcanzó a vivir 10 años, y tampoco, nunca más, volvió a visitar en todo el trayecto de su fecunda vida literaria.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

9 Comentarios


Oscar Suarez 24-02-2020 05:37 PM

Que interesante nota. GRACIAS

Sara María Vélez Verbel. 01-03-2020 02:24 PM

Excelente escrito maestro Eddie José Daniels. Agrada leer . Gracias.

JAIME GARRIDO RHENALS 03-03-2020 04:00 PM

Excelente... Trabajo periodístico.

Karen 06-03-2020 09:28 PM

Muy Interesante. Gracias @karengcontemporaryartist

Isabel Garrido Rangel. 07-03-2020 10:46 AM

Excelente.. Muchísimas Gracias, mi nombre es Isabel Garrido Rangel, el Papá de Gabito, me contó lo que Usted con lujo de detalles narra, eso fue hace muchos años y yo siempre decía que era prima del Nobel, Dios lo bendiga.

Marco Cadrazco Parra 07-03-2020 03:32 PM

Excelente texto, bastante descriptivo del origen de los familiares del nobel de literatura colombiano 1982.

Marian Diazgranados Garrudo 07-03-2020 09:45 PM

Mi mamá: de apellido Garrido, siempre me contaba que siendo joven conoció a Don Eligio, cuando ella se presentó él le dijo que entonces eran familia porque su papá sería apellido Garrido y le contó eso de los hijos naturales. Siempre repetía a mis amigas la historia cuando era niña, pero nunca fue tomada en serio. Hoy mi mamá me envió el link de esta nota, supongo para que corrobore que tenía razón en lo que me contaba

Herberto Felizzols 25-05-2020 02:56 PM

Eddie analizando bien el escrito sobre los verdaderos apellidos de Gabo, yo recuerdo por la decacda del 60 que a los hijos fuera del matrimonio, ademas de hijos naturales y bastardos tambien les decian adulteros. Por tal razon considero que la narracion que hicistes es una excelente descripcion.. Felicitaciones

Frank Acuña Castellar 02-06-2020 05:03 PM

Desafecto por Sincé? Desafecto por Sucre Sucre... Nada mas distante y distinto de la realidad... Si leyeran con detenimiento las alusiones que hace GGM en sus libro de memorias "Vivir para contarla", acerca de estas dos poblaciones, notarán que es todo lo contrario. Hay un profundo sentimiento de afecto y gratitud por lo que implicaron estas poblaciones como territorio y lugar de amistades y cercanías familiares... El hecho que no haya regresado no implica desafecto...

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